Un parlamento al Parlamento

Autor:

José Alejandro Rodríguez

Hoy lanzo mis parlamentos al Parlamento que debemos elegir. Y lo hago entre esperanzas e incertidumbres, entre el compromiso ciudadano y la inquietud como elector de mi pequeña porción de Asamblea Nacional. Con el derecho constitucional que me asiste.

Para situar las cartas sobre la mesa, o más bien sobre los escaños que deben representarme por el municipio 10 de Octubre, donde resido, reconozco que el sistema electoral cubano no está cimentado en el poder del dinero y los financiamientos comprometedores; ni promueve la ambición política y el tráfico de influencias. Y los diputados que se eligen, al igual que los delegados municipales y provinciales, son representativos de diversos sectores de la sociedad, con elevadas virtudes públicas y personales.

Pero lo iluso sería pensar que el acto de votar por personas meritorias de diversos estamentos garantiza por sí solo la democracia que debemos construir y fortalecer como nunca antes. Lo ingenuo sería aceptar que la representatividad popular del Parlamento se logra mecánicamente, solo con que cubanos valiosos de diversos sectores sociales sean nominados y elegidos. No solo se necesita ser bueno, sino también luchar por el bien a brazo partido, con la responsabilidad pública, la constancia y el coraje que ello entraña. No es solo defender el carácter democrático del socialismo —tan atacado hoy en este mundo falaz—, sino demostrarlo todos los días.

Voy a votar por los candidatos que deberán representarme en la Asamblea Nacional. Y espero que la mayoría de los cubanos lo hagan así, por lo que ello entraña para la continuidad de la Revolución, en un mundo donde cámaras y congresos son cruentos escenarios de las más inimaginables emboscadas. Pero también por esa misma continuidad de nuestro socialismo —que solo se logrará con dialécticos y enriquecedores cambios—, vislumbro que el Parlamento resultante de esta votación tendrá que asumir complejos desafíos y sutilezas de una Cuba plena de diversidades y contradicciones, no vista antes.

Quienes, una vez más, damos el voto a nuestros candidatos, ansiamos siempre, y hoy con más razón, un Parlamento que se parezca cada vez más a la vida, como también las asambleas provinciales, y las municipales ya elegidas. Con el olfato, la vista y los oídos bien pegados a la realidad. Sin comodidades, silencios ni conformismos. Un Parlamento que sea portador de inquietudes y criterios del pueblo. Un contrapeso responsable de la administración pública y los poderes ejecutivos, que pida cuentas sin más compromiso que con la Revolución, la justicia y la verdad.

Para el futuro, habrá que profundizar y perfeccionar aún más el trabajo de las comisiones de candidatura desde el sentir de las bases de la sociedad, de manera que, junto a la hoja de servicios y las virtudes, se sopesen con más énfasis en las nominaciones valores como el liderazgo de opinión, criterio propio, la capacidad de debatir, la locuacidad y el carisma, entre otras características.  

Sí, porque necesitamos diputados que amplifiquen  y hablen por muchos, y sientan siempre el peso y el compromiso de sus electores, en función de un país mejor. Diputados con suficiente liderazgo y autoridad, sin temor a ejercer el criterio, a alertar, debatir y polemizar, pues de esa dialéctica sale ganando la sociedad y pueden lograrse consensos inteligentes.

Hoy depositaré mi voto por un Parlamento y un sistema de Gobierno que contribuyan a extirpar los vestigios de verticalismo, y potencien la participación popular sin formalidades, de abajo hacia arriba, para democratizar aún más el socialismo. Un Parlamento y un sistema de Gobierno que cimenten la necesaria unidad desde lo diverso y contradictorio, y no en la falsa unanimidad. Votar por Cuba es algo muy serio, y no una mera consigna.

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