Tutankamón, la tumba dentro de la tumba

Mediante el uso de radares, los científicos estudian dos habitaciones ocultas hasta ahora en la cámara funeraria del faraón adolescente

Autor:

Patricia Cáceres

A casi cien años de su descubrimiento, la tumba de Tutankamón recupera el protagonismo mediático. Todo gracias a una teoría del egiptólogo británico Nicholas Reeves, quien asegura que tras las paredes norte y oeste de la cámara funeraria se esconden dos habitaciones desconocidas hasta entonces.

La polémica teoría fue formulada después de haber observado unas pequeñas hendiduras en los muros de la tumba, que corresponderían a una puerta sellada que lleva a las cámaras ocultas.

A partir de estas pistas, y tras analizar las pinturas del sepulcro, situado en el Valle de los Reyes, en la ciudad monumental de Luxor, el especialista ha sugerido que las enigmáticas habitaciones coinciden con las características de una tumba real de finales de la XVIII dinastía.

Las posibilidades apuntan a que puede ser la tumba de Nefertiti, la madrastra de Tutankamón.

«Mi hipótesis es que nos encontramos ante una tumba dentro de una tumba. El enterramiento de Tutankamón se habría realizado en la parte exterior de una sepultura que ya existía y que se habría adaptado para tal fin. De ser así, habría un segundo enterramiento en los lugares más recónditos de la tumba», apuntó Reeves en una entrevista exclusiva a El Mundo.

El propio ministro de Cultura egipcio Mamdouh El Damaty, ha anunciado que en esas paredes hay presentes rayaduras y señales iguales a las encontradas en la tapiada entrada de la tumba de Tutankamón cuando fue descubierta, en 1922.

«Esto indica que en los muros oriental y septentrional pueden estar ocultas dos cámaras funerarias», afirmó en declaraciones a la prensa.

Escaneando el sepulcro

Tras el anuncio de la teoría, las autoridades egipcias aprobaron el uso de un radar, procedente de Japón, para estudiar las otras dos cámaras funerarias.

El Ministerio egipcio de Antigüedades dio el visto bueno a la Facultad de Ingeniería de la Universidad de El Cairo y a la Institución de Preservación e Innovación del Patrimonio francés para que lleven a cabo este análisis.

«Puede ser que haya algo más en la tumba de Tutankamón, pero no podemos saber qué es, tenemos que esperar para anunciarlo», dijo con cautela el jefe del Departamento de Antigüedades de Luxor, Mustafa Waziri, quien advirtió que hay que proceder paso a paso.

«Primero hemos llevado a cabo un estudio visual, ahora haremos el escaneado y, dependiendo de lo que encontremos, se determinará el tercer paso», subrayó.

En un comunicado, el responsable gubernamental señaló que se dio permiso para el uso de este tipo de tecnología, después de confirmar que no afectará el estado de los muros interiores de la tumba.

Dos expertos trabajarán en este delicado y polémico proceso, un egipcio y un japonés, y los dos harán sus estudios y conclusiones separadamente, y al final se cotejarán los resultados de ambos, detalló el egiptólogo.

Waziri precisó a EFE que el escaneado del sepulcro debería durar pocos días, dependiendo de cómo vaya el proceso y de las dificultades que puedan encontrar los expertos en la tumba.

El misterio tras el muro

Hasta ahora las autoridades locales habían apostado por la posibilidad de que la reina, cuyo busto fijó el canon de la belleza faraónica, se hallara enterrada en Tell el Amarna, la ciudad fundada por Ajenatón a mitad de camino entre Tebas y Menfis, y dedicada al culto a Atón.

«Estoy muy entusiasmado con este trabajo y estoy seguro de que algo se va a hallar detrás de esos dos controvertidos muros», ha confirmado el ministro de Antigüedades egipcio Mamduh el Damati, que mantiene intactas sus dudas sobre la identidad del inquilino de las estancias ocultas.

De hecho, el funcionario se decanta por otra teoría: las cámaras albergarían el descanso eterno de la reina Kiya, la segunda esposa de Ajenatón y madre de Tutankamón.

A su juicio, su hijo llegó al trono cuando su madrastra Nefertiti ya había fallecido y sería su progenitora la que le acompañaría en su regreso al politeísmo. Tras la repentina muerte del faraón, los sacerdotes optarían por enterrarlo en la tumba preparada para Kiya.

No obstante, Nicholas Reeves prefiere aferrarse a su conjetura. «Ciertos rasgos estilísticos en la decoración de la pared norte, que dataría del enterramiento original y sería anterior a las pinturas del resto de los muros, son una reminiscencia de Nefertiti», señaló.

Al especular sobre el posible hallazgo el experto ha referido que, en el peor de los casos, tras los muros se encontrarían dos habitaciones condenadas porque el techo demostró ser no lo bastante fuerte y en él aparecieron grietas.

Si la suerte está de su lado —dijo— se trataría del comienzo de una larga tumba real intacta.

Ello significaría montones de metros cuadrados de paredes decoradas, textos funerarios y objetos que aparecerán colocados tal cual lo fueron hace miles de años, lo que nos enseñaría sobre el ritual funerario real, aseveró el especialista.

Los utensilios, además, estarían inscritos, con el nombre de la reina, de sus familiares y de importantes funcionarios, con lo que eso nos enseñaría sobre la genealogía real y la administración del reino, comentó.

Reeves añade que quizá podría aparecer también un arcón con la biblioteca particular del dueño de la tumba, lo cual proporcionaría copias en buen estado de textos literarios, algunos quizá desconocidos, con lo que eso supondría para la historia de la literatura.

Y, por último, allí reposaría la momia del personaje para el que se excavó el hipogeo, cuyo ADN nos indicaría su relación con Tutankamón y otros reyes del período. Esto podría ayudar a aclarar el confuso árbol genealógico de la dinastía, concluyó.

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