Morir a solas, ¿un arte?

Ernesto Pérez Chang obtiene el anhelado Premio de Cuento Alejo Carpentier correspondiente al año 2011

Autor:

Georgina Pérez Palmés

Ernesto Pérez Chang vuelve a ser noticia. Multipremiado narrador, ha sido distinguido, entre otros, con el Premio David 1999, el Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar 2002, el Nacional de la Crítica 2007 y el de La Gaceta de Cuba 1998 y 2008, este último por su narración Escaleras de servicio, la cual inicia El arte de morir a solas, texto con el que obtiene ahora el anhelado Premio de Cuento Alejo Carpentier, correspondiente al año 2011.

Sus relatos se han traducido al inglés, portugués, francés, alemán, chino y ruso. Ha publicado los libros de cuentos: Últimas fotos de mamá desnuda (2000), Los fantasmas de Sade (2003), Historias de Seda (2003) y Variaciones para ágrafos (2007).

A pesar de tan brillante trayectoria, Ernesto sigue siendo el mismo joven sencillo, agradable, sumamente educado, dueño de un fino humor y siempre sonriente, al que, para nada, se le han subido los premios a la cabeza, propensión harto recurrente en este ámbito; es el autor receptivo, atento y presto a atender cualquiera de esos cambios —a veces sugerencias— que proponemos los editores y podría afirmarse que en su obra resultan ilusorios, apenas perceptibles, puesto que hablamos de un escritor de los buenos, el cual, además, conoce y ejerce el oficio de editor.

El jurado del certamen, que otorgó el premio por unanimidad, estuvo integrado, en esta ocasión, por Rogelio Riverón, Jorge Ángel Pérez y Rafael de Águila, y advirtió en El arte de morir a solas «la coincidencia entre el absurdo y una irónica inclinación a la filosofía». La bella cubierta que exhibe el volumen, y la que consideramos muy a tono con la propuesta, está basada en la obra La rebelión de los pequeños, del artista de la plástica Nelson Domínguez.

Aquí se retoman asuntos que, de algún modo, han perseguido al prosista desde sus inicios, como son la locura, la tristeza, el miedo como padecimiento crónico, el silencio, el ostracismo y, en especial, la soledad, por lo que es factible considerar una recurrencia en cuanto a temas y caracterización de personajes en su literatura.

Ya desde obras anteriores, recuerdo la titulada Tus ojos frente a la nada están, también publicada por Letras Cubanas, en 2006, dentro de su colección La Novela, y cuya edición asumí, había dejado muy clara la suerte de máxima spinociana que acompaña, como leitmotiv, las acciones de sus sujetos literarios: «el ser se es y no puede ser declinado». Ni aquellos ni estos que cohabitan en los 14 cuentos de El arte de morir a solas pueden evadir esa soledad predestinada, ni transformar el destino; están condenados y así será, así tendrán que seguir, sin escapatoria posible: solitarios e incomprendidos, en situaciones límite, conmovedoras y enmarcadas en contextos misteriosos, enigmáticos, caóticos, grotescos, surrealistas, atemporales; sometidos al absurdo cotidiano, la deshumanización del individuo y teniendo que aceptar el aislamiento como condición irrevocable.

Los cuentos de Pérez Chang, algunos de ellos verdaderas piezas magistrales del género, presentan tópicos tan desconcertantes como ambiguos y se desarrollan en espacios no definidos, en los que sus protagonistas, no obstante el karma, intentan sobrevivir y protegerse, como si fuese posible. Muchos de ellos ni siquiera se dan cuenta de la tremenda soledad que los rodea, del destino incierto del que son víctimas. En fin de cuentas, ¿no es, en verdad, la existencia en sí misma absurda, a veces; irónica, otras; filosófica, si nos proponemos o tratamos de entenderla desde la autorreflexión, como es el caso de algunos de los entes aquí reunidos?

Es la manera en que el autor concibe, define y asume al hombre en su literatura. La forma en que lo piensa y lo lanza a su muy especial  naturaleza.

Estamos ante todo un universo inconexo, caótico, pero abordado a partir de ese lenguaje certero, culto, rico en matices, con buen dominio de las técnicas de la narración, tan característico de Ernesto, y que nos obsequia finales logrados, aunque insospechados, en los que podrá hallarse la relación entre arte, muerte y soledad, trilogía que valida el título del volumen, el cual, definitivamente, logrará interesar, inquietar y atrapar al lector desde las primeras páginas e integrarlo a este mundo en el que se logra apenas subsistir al límite de lo humano.

Los invitamos a que lean y que lo disfruten.

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