Poesía de... Soleida Ríos

Soleida Ríos (Santiago de Cuba, 1950) ha publicado, entre otros, los libros De la Sierra, De pronto abril, Entre mundo y juguete, El libro roto, El texto sucio, El libro de los sueños y Antes del mediodía. Memoria del sueño. Sus textos aparecen en numerosas antologías de la poesía cubana y en revistas, editadas en Cuba y otros países. El poema que presentamos pertenece al libro Estrías, ganador del Premio Nicolás Guillén de poesía 2012

Autor:

Juventud Rebelde

BANCO ROSA  (Boceto)

a mi amigo Arrufat en sus 75 años

 

…Ahora

no solo alas

sino todo un ropaje singular

y maquillaje digno de Salón.

Es domingo. Las que obran

son prestas manos de mujer.

Hay su consentimiento. Incluso

su disposición:

¿Sir Anton?

¿Lord Anton?

¿Monsieur Anton?

¡Flash!!       ¡Flash!       ¡Flash!

La duración de la imagen, su proyección, breve y accidentada.

Se acompaña con flash cada nombramiento. En ausencia de uno de los nombramientos se deja de disparar un flash.

El punto de origen de cada flash, en las cuatro direcciones. De manera que el torso iluminado fuera también así crucificado por la luz y, por consiguiente, virtualmente borrado. Pero solo un instante.

Discreta (connotada) mansión en el Bulevar del Trocadero.

El familiar: un armadillo. Muerto ya su oído, muerta su visión.

Pero también la esposa desde, diría él, hace tanto tanto tiempo… como el armadillo.

Arbolado el bulevar del Trocadero. Olorosísimas magnolias, grandísimas acacias cuyo llanto perenne es oportunamente aprovechado por aquellos que ya no tienen lágrimas.

Cortesía de sir Anton con esa vecindad que tanto lo ha sabido aplaudir.

Terrenos aledaños al bulevar son siembra fértil de magníficos y variados frutales, bosque del que se sirve día a día su distinguida mesa,  mejor entre mejores: guanábana, anón de ojo, anones de manteca, muy dulces marañones y bizcochuelos y, no habrían de faltar higueras y datileras, dotadas de cuidados especiales por jóvenes mentores venidos del lejano Marruecos.

Un ARTEFACTO de lujo instalado sobre sillón moaré, cuya   atención y cuidados especiales, tarea de la esposa, vigilará Sir Anton una vez por semana, siempre en domingo.

El sillón al centro de la Sala Mayor. Y en esta sala cortinajes rosa cubriendo las ventanas, espejos (marco rosa) situados de tal forma que reproduzcan el tesoro ene veces.

Nombre del artefacto: Banco Rosa (a todas luces una condescendencia con la vulgaridad que el tiempo impone). Ni nombre-signo ni bella forma ni detalles especiales.

Un punto circular le servirá de alarma.

Su valor, del todo inconmensurable, pero se torna Ley el desconocimiento absoluto de uso o destinación.

¡Ah! Sir Anton, de perfil, irradiaba…

Cobraba una belleza única, sensacional. Irradiar… no es manera trivial de describirlo, no es un lugar común.

Visto así, quizás en un balcón, su perfil despedía o atraía hacia sí luces, destellos, caprichosas y bellas figuras luminosas. Y donde verdaderamente más luz tenía era en nuestra mirada entusiasta, llena de serena y suave admiración.

Es domingo. Manos

afanosas, de mujer

consiguen la perfección de un ala

y su doble. Consiguen

por igual

que aquel rostro deslumbre.

El bulevar del Trocadero, engalanado. Grandes hojas de palma acarreadas por esos listos (púberes) marroquíes. Despiden las magnolias su olor, las acacias su llanto. Sir Anton extenderá la diestra, indicará el instante…

Esta vez añade él el ENTUSIASMO.

Ríe. Una cascada

de luz

(lo nunca

acontecido)

brota.

Clama la multitud.

El añorado día extiende ya

su paso. El secreto

del Banco Rosa ha de ser develado.

Pesa la expectación más que la regia túnica, más

que la lluvia que el cielo anuncia

y

ya

empieza

a

desplomar…

Sir Anton

¡flash!

Lord Anton

¡Flash!

Monsieur Anton

¡Flash!

Vuelve a la ausencia un franco TIRADOR.

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