Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

La suerte del vecino

Como lo prometido es deuda, aquí les mostramos uno de los cuentos del libro Los gatos negros no toman café, con textos de JAPE y caricaturas de Osval, que recién editara el proyecto Quisicuaba. dedeté sigue abogando por la lectura, el buen humor y el pensamiento

Autor:

Jorge Alberto Piñero (JAPE)

 

María Elena se asomó por la ventana para ver cómo había amanecido el día, pues en el noticiero anunciaron la entrada de un frente frío. Sin proponérselo, su atención se desvió hacia la ventanita del edificio contiguo. Hacía más de diez años vivía en su apartamento, pero pocas veces había dirigido la mirada a ese sitio. En honor a la verdad, las tareas de la casa y el poco tiempo que pernoctaba en ella apenas le dejaban un minuto para admirar el paisaje que la circundaba. Mucho menos para fijarse en el interior de una habitación colindante.

Con rapidez esquivó la mirada, pero tuvo que regresar la vista hacia algo que la dejó atónita. Restregó sus ojos y volvió a mirar con mayor asombro. En el baño, su vecino movía algo entre las manos, con descuidada satisfacción.

María Elena tardó varios segundos en darse cuenta de que estaba cometiendo un acto de abierto voyerismo; sin embargo, como el susodicho no se daba por enterado y seguía en su labor premeditada, ella no tomó precauciones y siguió observando mientras comentaba para sí misma.

«Eso no puede ser lo que yo me imagino. No con ese tamaño y consistencia. ¡Apenas lo puede apretar con las dos manos! Quizá sea… No, no, es eso mismo. ¿Qué otra cosa podría ser? Es verdad que hace algún tiempo que no veo uno así… pero no tanto como para no recordarlo sea del tamaño y del color que sea».

Pensó en tirarle una foto, o grabar un video, pero tendría que ir hasta el cuarto a buscar el teléfono. Perdería tiempo y dejaría de ver eso que no todos los días se puede ver. Además, sería penoso que el vecino la sorprendiera. Aunque, a decir verdad, a él no parecía importarle que lo vieran, más bien lucía despreocupado o demasiado concentrado. «No es para menos: ¡qué satisfacción poder tener algo así entre las manos! Ay, no es para tanto», pensó, inmediatamente se retractó y llamó a su mamá:

—¡Mima, mima, ven un momento a la cocina para que veas una cosa!

Una señora entrada en años, con el pelo canoso, pero con mucha vitalidad, se acercó a la vigía:

—Mira pa’ la ventanita del frente y dime qué piensas de lo que ves. ¿Qué crees de lo que ese hombre tiene en las manos?

La señora enfocó bien su añeja mirada, con la ayuda de unos gruesos espejuelos y comentó:

—Mija, ese hombre se está… ¡No puede ser! ¿Eso es…?

—Sí Mima —interrumpió la hija—, ¿tú habías visto algo así?

—¡Jamás! —respondió casi sin habla. ¡Ni cuando yo era joven! Con ese tamaño y con tanta espuma, ni Rina, ni Palmolive, ni Nácar, ni Batey…

—¿Dónde el vecino habrá conseguido ese jabón? Cuando yo lo digo: ¡qué suerte tiene alguna gente!                

 (JAPE, 2022)

 

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.