Ozono:entre el bueno y el malo - En Red

Ozono:entre el bueno y el malo

Los habitantes del planeta se alarman o entusiasman si se anuncia el crecimiento, la disminución o la estabilidad en el peligroso agujero de la vital capa atmosférica. Sin embargo, pocos conocen otros peligrosos efectos asociados a este gas cuya repercusión es preocupante para la agricultura cubana

Autor:

Luis Hernández Serrano

Estamos habituados a oír hablar de un gas denominado ozono, cuya molécula de tres átomos de oxígeno la conocen hasta los muchachos de la escuela. Lo que no se sabe es que existen en la naturaleza, según su altura, dos tipos de ozono.

Así comienza un diálogo escrutador sobre uno de los gases que garantizan la vida humana, y cuya existencia como capa protectora de esta desata tantas preocupaciones, ante la existencia de un agujero que, de crecer ante la inconsciencia de los habitantes del planeta, podría barrernos como especie.

La amenaza está bien extendida, aunque pocos estén al tanto de los secretos de este milagroso protector terrestre, apuntan los especialistas del Instituto de Meteorología Juan Carlos Peláez y Jesús Ramírez Almoguea, quienes dialogan con nuestro diario incentivados por el director de esa institución, Tomás Gutiérrez, doctor en Ciencias Físico-Matemáticas.

«En cierto sentido existen dos ozonos y, en efecto, es algo que debe ser conocido por nuestro pueblo y especialmente por los jóvenes. Uno es el estratosférico, es decir, de la estratósfera, y el otro el troposférico, de la tropósfera. Yo les hablaré del primero», explica Juan Carlos.

«El de la estratósfera es el que se menciona tanto a partir del famoso agujero de la capa de ozono y de los problemas de los peligrosos cambios climáticos».

Juan Carlos, en el Instituto de Meteorología, es el investigador responsable de la vigilancia de la capa de ozono y de la radiación solar, pero en el ámbito nacional, en lo que labora hace 25 años. Fue durante ocho años miembro de la Comisión Internacional del Ozono Atmosférico.

Radica en el edificio primero del Instituto, donde está la Estación Meteorológica. Se especializa en ese monitoreo y pertenece al Centro de Física de la Atmósfera que dirige el doctor Daniel Martínez, ubicado también dentro del propio Instituto.

Su mano derecha es Mario Gutiérrez Díaz, el técnico de mayor experiencia en esta esfera, que lleva más de 30 años en la actividad y es el jefe de la estación especializada en este tipo de vigilancia. Los dos se valen del espectrofotómetro Dobson, nombre que recuerda a su introductor, un científico inglés con ese apellido.

«En el mundo esta vigilancia se hace desde estaciones terrenas y desde satélites, y nosotros desde tierra. Lo que medimos es la capa sobre la parte de la estratósfera que cubre el cielo de La Habana, por decirlo de una manera poco científica, pero más comprensible. Las medidas que tomamos son representativas de todo el país».

El trópico —dice— no tiene agujero de ozono; es decir, no presenta ninguna disminución del espesor de la capa de ozono. Solo existe en el Polo Sur, en la Antártica. «Se mide su grosor con la denominada unidad Dobson, (DU, por sus siglas en inglés).

«Cuando hablamos de esto nos referimos a valores inferiores a 210 unidades Dobson. Desde 1983 Cuba es el único país de América Central y del Caribe que vigila esta cuestión. A veces hacemos hasta siete u ocho mediciones diarias, en dependencia de las condiciones meteorológicas».

Con el espectrofotómetro se establecen las variaciones de los valores de esa capa al paso de los ciclones y de los frentes fríos. «La importancia de ella —dice el especialista— es que protege a las personas, los animales y las plantas de la radiación ultravioleta, muy dañina, sobre todo para los seres humanos. Si tiene un mayor espesor, menos radiaciones ultravioletas llegarán a la superficie terrestre y ellas están muy relacionadas con el cáncer de la piel, las cataratas y las afectaciones al sistema inmunológico del ser humano.

«El miércoles 7 de abril de este año la capa de ozono era de 290 unidades Dobson, un equivalente a 2,9 milímetros de espesor, si todo el ozono —desde la Tierra, hasta las capas superiores de la estratósfera— se llevara a las condiciones de la presión y de la temperatura normales que existen en la superficie terrestre. Y en 1992 se registraron valores bajos de alrededor de las 200 unidades Dobson, fenómeno relacionado con la erupción del volcán Pinatubo, de Asia».

El espesor de la capa de ozono tiene una marcha anual con valores bajos en invierno y altos en verano. En invierno hay menos radiaciones. En el trópico

—como en Cuba— la amplitud de esa marcha anual fluctúa entre 220 y las 310 unidades Dobson.

«Nuestro espectrofotómetro ya no se fabrica. Costó 110 000 dólares. Los últimos cuatro fabricados por la firma inglesa Beck, costaron medio millón de dólares y están funcionando en el cono sur, en Argentina, Uruguay y en la Antártida.

«A partir de 1980 se detectó cierta disminución de la capa de ozono. Pensamos que como resultado de las medidas adoptadas por el Protocolo de Montreal y sus distintas enmiendas, ella deba regresar a sus valores normales dentro de 40 años», dice Juan Carlos.

Los datos que se recogen cotidianamente en el Instituto de Meteorología, se envían al Centro Mundial en Canadá, donde se realiza este monitoreo a nivel planetario. La Organización Meteorológica Mundial (OMM), con sede en Ginebra, Suiza, también tiene sus  controles internacionales. En los últimos días agencias internacionales dieron a conocer que el agujero en la capa de ozono se mantenía estable.

El ozono troposférico

Existe otro ozono, el troposférico, de efectos dañinos al hombre, a la vegetación, a los materiales de goma, explica ahora el doctor Jesús Ramírez Almoguea, jefe del Grupo Multidisciplinario del Ozono en el Instituto de Meteorología. Para este también existe un Sistema de Alerta Temprana.

«Esa es la cara negativa del ozono. Es, en la tropósfera baja, el más cercano a la superficie terrestre, donde el hombre realiza todas sus actividades. Constituye el contaminante más agresivo que se conoce. Sus efectos abarcan desde cero —al nivel de la superficie de la Tierra— hasta unos diez kilómetros de altura.

«Mientras en la estratósfera el ozono protege al hombre de las radiaciones ultravioletas del Sol, cercano a la superficie de la Tierra es muy dañino. Es un compuesto secundario que se forma a partir de aquellos primarios que son emitidos por los vehículos motorizados y por las industrias, es decir, por los gases que expulsan los tubos de escape de los vehículos y las chimeneas o torres de las industrias: carbono, nitrógeno y sus combinaciones.

«Con ellos el hombre afecta al medio ambiente. Al incidir las radiaciones solares sobre estos compuestos primarios, mediante una reacción química se forma el ozono dañino, es decir, los compuestos primarios dan lugar a los secundarios, que son lanzados a la atmósfera, al aire. El producto resultante, el ozono, es mucho más perjudicial que los elementos que le dieron origen.

«Este gas, bajo la influencia de algunos fenómenos meteorológicos como frentes fríos, huracanes y altas presiones, puede trasladarse largas distancias. Se forma en las grandes urbanizaciones, en las ciudades más industrializadas, y se traslada muy lejos. Puede avanzar hasta mil kilómetros en solo dos horas».

Generalmente es un fenómeno diurno, por efectos del Sol. Pero se han registrado transportaciones desde la estratósfera hasta la tropósfera —tanto en Cuba como en México, por ejemplo— durante la noche.

«Son peligrosos también para las plantas, cuyos estomas están abiertos de noche y por ellos penetra el ozono y las destruye. Claro, también los compuestos primarios se trasladan a grandes distancias y luego el Sol los convierte en ozono».

En las zonas rurales y montañosas como Topes de Collantes —un lugar donde se propicia la salud del hombre— se han detectado concentraciones altas de este gas, por culpa de los cambios climáticos que todos conocemos. El aire ha ido cambiando negativamente y ahora contiene ozono, que afecta no solo a la salud humana, sino también a los bosques.

«Ya en muchos lugares montañosos como ese, de tradicional aire puro, apenas quedan espacios o sitios totalmente limpios», explica Almoguea.

Se ha monitoreado ya casi toda Cuba, y aparecen daños en los cultivos fundamentales, como el tabaco, la papa, el ajo, la cebolla, el tomate; aunque no se trata de que al ingerir estos últimos alimentos las personas se contaminen. El problema es que se dañan los cultivos y merma mucho la producción.

«En el caso del tabaco lo que se comercializa es la hoja y, a la vez que el ozono la afecta, ya no se puede comercializar, pues disminuye la manufactura de tabaco de capa, el más cotizado».

Lo más novedoso

Desde hace mucho tiempo se realizan mediciones del ozono, pero en la década de los 50 en Estados Unidos se conoció que este compuesto destruía los cultivos agrícolas. En esa época en ese país se empieza a estudiar el fenómeno y a tomar medidas para reducir sus daños y proteger a tiempo las cosechas.

«Europa se lanzó a este estudio en la década de los 70, y Cuba en esos años comienza a realizar sus mediciones e investigaciones. De ahí surge, en 1991, el Sistema de Alerta Temprana (SAT), que permite proteger la producción agrícola y forestal del país con cinco días de antelación. Se ha establecido ya a escala nacional para evitar los daños a los cultivos claves de la agricultura cubana».

Hace unas dos décadas se vieron daños muy grandes sobre las cosechas de ajo. Incluso Cuba llegó a pensar en no sembrar este producto, sino en importarlo. De ahí la importancia del Sistema de Alerta Temprana (SAT).

«En 1991, según Sanidad Vegetal, se perdía el 73 por ciento de la cosecha de ajo por culpa del ozono perjudicial. Con nuestro SAT solo llegó a afectarse el dos por ciento. En el caso del tabaco, como informó TABACUBA, se perdían por el ozono hasta 2 500 hectáreas antes de aplicar la alerta temprana, y ahora solo 500».

Este gas influye en los cambios climáticos porque, entre otras cuestiones, absorbe mucho más calor que el CO2. En este sentido es el tercer elemento en importancia.

«Cuba, por su experiencia al respecto, participó en Ginebra (en septiembre de 2009, en la III Reunión Mundial sobre Cambios Climáticos) con el fin de preparar un Informe a los jefes de Estado que irían a la Cumbre de Copenhague».

Nuestro país está dentro de la Región 4, compuesta por Canadá, Estados Unidos, América Central e incluso Venezuela y Colombia. Por solicitud de algunos de sus gobiernos nuestra nación ha tenido la posibilidad de medir el ozono troposférico en casi toda esta región.

Este ozono, además de ser el contaminante del aire que más daño causa a los bosques, los cultivos agrícolas y a la vegetación en general, tiene una fuerte influencia en la aparición en ellos de plagas y enfermedades».

Este fenómeno era atribuido solo a los países industrializados, pero ya se extiende a otras naciones de menos desarrollo económico y social, como el caso de Cuba y otros de la 4ta. Región Meteorológica, donde hay grandes contrastes entre el desarrollo económico y los niveles de concentración del ozono malo, que es uno de los que intervienen en el calentamiento global del planeta (como resultado del efecto invernadero) e incide negativamente por eso en los cambios climáticos.

«Claro, nosotros hoy poseemos equipos de primera línea, como los gasoanalizadores de ozono, con los que tomamos muestras de aire de la atmósfera, las analizamos y determinamos los niveles de concentración de este contaminante».

En cuanto a las pérdidas por ozono, Cuba presenta dos períodos fundamentales: de octubre a marzo; y de abril a septiembre. El primero, la etapa más importante para la agricultura nacional, pues se cosechan el tabaco, la papa, el ajo, la cebolla, el tomate y todos los productos agrícolas más sensibles a la acción de este gas. Es el de máxima concentración de este en el aire. Los valores de Cuba están dentro de un rango muy peligroso, con un promedio de 60 PPB (Parte Por Billón), superior al límite máximo que resisten los cultivos agrícolas.

«El otro período es el de mínimas concentraciones. Sin embargo, ya en los últimos cinco años, abril se comporta como peligroso. En el este de Estados Unidos aparecen flujos de aire que influyen en el ozono cubano. No obstante, tenemos que cuidarnos de muchas más áreas que aparecen ahora en nuestra región, cuyos daños más importantes ocurren en los bosques y en las cosechas.

«Ante estos severos perjuicios se hizo necesario, en 1990, establecer en Cuba, con alcance nacional, el citado Sistema de Alerta Temprana que permite, a los productores agrícolas y a la agricultura en general, conocer esta situación para tomar medidas y proteger los cultivos cuando hay serias concentraciones de ozono que exceden el límite establecido.

«El 18 de marzo pasado enviamos un Informe a Sanidad Vegetal sobre el impacto negativo directo del nivel de ozono, desde Pinar del Río hasta Las Tunas. Lo más grave sería que nuestra alerta anticipada no llegara a tiempo a los productores, no solo porque perdemos nuestro trabajo, sino porque se pierde algo más valioso aún: la producción de alimentos».

Alerta para Sancti Spíritus

«Nuestra alerta temprana pronosticó una concentración de ozono de 59,9 PPB para Sancti Spíritus, y allí, en la estación meteorológica de esa provincia, el real medido fue de 59. Por tal eficiencia Cuba ha ganado prestigio internacional, y muchos países cuentan con nuestros científicos».

Los mayores valores de contaminantes atmosféricos del ozono troposférico en nuestra región, afectan a Estados Unidos y al Valle de México. «Cada vez más el hombre está contaminando el aire. Cuba hace un gran esfuerzo por reducir la carga contaminante. Por ejemplo, mientras en Europa se detectaron los daños del ozono en el ajo y la cebolla en 1998, nosotros lo hicimos en 1991 y la Sanidad Vegetal del país echó a andar métodos para evitar daños mayores y no tener que adquirir en el extranjero esos productos».

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