El hombre, una especie en peligro de extinción

Cuba enfrenta grandes desafíos en materia medioambiental, y lo hace no solo con las políticas trazadas en este sector, sino con las estrategias económicas y sociales para un desarrollo sostenible y un proceso de adaptación al cambio climático que es ya impostergable, explica la doctora Gisela Alonso Domínguez, presidenta de la Agencia de Medio Ambiente de Cuba

Autor:

Mayte María Jiménez

Pareciera que el 2050 está aún demasiado lejano, pero si se trata de proyecciones medioambientales, hablamos de una realidad inmediata. Sacando una cuenta rápida obtenemos que, para esa fecha, los más jóvenes estaremos transitando hacia la vejez, mientras que los pequeños o nacidos en lo adelante vivirán los años de su juventud o niñez. En ese entonces nos tocará un planeta más complejo, con temperaturas elevadas, incremento del nivel del mar, aumento de eventos hidrometeorológicos y de las vulnerabilidades de la salud humana.

En Cuba la situación no será diferente. Las predicciones indican para el año 2050 un incremento de 27 centímetros del nivel medio del mar, con una pérdida del 2,31 por ciento de la superficie emergida (tierras sobre el nivel del mar), y para 2100, es probable que el nivel medio del mar haya aumentado 80 centímetros, con una pérdida del 5,44 por ciento de la superficie emergida, y más de 120 asentamientos humanos costeros sufrirían afectaciones.

Ante tales augurios la Mayor de las Antillas enfrenta grandes desafíos que ya son asumidos, no solo en materia medioambiental, sino en lo relacionado con las estrategias económicas y sociales que se implementen, en pos de un desarrollo sostenible y un proceso de adaptación al cambio climático impostergable.

Sobre estas problemáticas y sobre la actual política medioambiental, respaldada por la Agencia de Medio Ambiente de Cuba (AMA), JR dialogó con la doctora Gisela Alonso Domínguez, presidenta de esa organización, quien fue reconocida este año con el Premio Nacional de Medio Ambiente y ha dedicado casi toda su vida a la investigación científica en este sector.

Licenciada en Ciencias Químicas por la Universidad de La Habana y Doctora en Ciencias Biológicas, es miembro de honor de la Academia de Ciencias de Cuba y preside AMA desde 1998. Se trata de una estudiosa incansable que, con gran sentido de pertenencia, ha desplegado múltiples acciones en la implementación de la política ambiental del país y ha impulsado proyectos científicos nacionales con otras instituciones del país.

En su quehacer la agencia integra la coordinación del Instituto de Meteorología; el Instituto de Ecología y Sistemática; el de Geografía, Oceanología, Geofísica y Astronomía; el Centro de Bioactivos Marinos; el Acuario Nacional de Cuba y el Museo de Historia Natural. «No es trabajo sencillo —confiesa—, pero se logra pues contamos con la integración de equipos multidisciplinarios que, día a día, aporta lo mejor de sí».

—Entre sus funciones la agencia se encarga de coordinar los estudios de peligro, vulnerabilidad y riesgos ante eventos naturales extremos. ¿Cuáles serían los peligros de mayor impacto en el futuro de Cuba?

—Empecemos por definir el fenómeno global del cambio climático, que tiene su origen en el incremento de los gases de efecto invernadero en la atmósfera, como consecuencia de la quema de combustibles fósiles, el metano proveniente del cambio en el uso de la tierra, la ganadería y el óxido nitroso de los procesos industriales.

«En este contexto, nuestra condición de archipiélago y la ubicación geográfica en el Mar Caribe nos hacen altamente vulnerables a los peligros naturales de origen hidrometeorológico que tienen y tendrán lugar.

«Para Cuba los principales peligros son el incremento de la temperatura, la elevación del nivel medio del mar, eventos hidrometeorológicos extremos, cambios estacionales en las tasas de las precipitaciones y los procesos de sequías e intensas lluvias.

«Hablamos de impactos que auguran para el 2050 un incremento de 27 centímetros en el nivel medio del mar y la pérdida del 2,31 por ciento de la superficie emergida; mientras en 2100, podrían ser afectados severamente más de 120 asentamientos costeros.

«Sin embargo, se viene trabajando desde hace varios años en lo que se conoce como macroproyecto, que evalúa justamente el impacto del ascenso del nivel del mar sobre la zona costera, a partir de 12 proyectos investigativos con la participación de 13 instituciones de investigación y servicios científico-tecnológicos, que reúnen a más de 300 expertos.

«Se han modelado escenarios futuros, perfeccionado e implementado nuevos sistemas de alerta temprana. Desde la pasada década se integran los estudios de riesgo de desastre con la gestión de riesgo, en coordinación con el Sistema Nacional de la Defensa Civil».

—Usted comentó que la salud humana se vuelve más vulnerable, dados los cambios del clima y sus patrones estacionales. ¿En qué consisten estos riesgos?

—Se trata de un aumento en la vulnerabilidad de la salud humana, como consecuencia directa de los cambios del clima medio y de los patrones estacionales. En tales circunstancias, se prevé mayores afectaciones por enfermedades respiratorias o cardiovasculares, y un incremento en las transmitidas por vectores.

«Con las alteraciones de los ecosistemas, también es previsible la aparición de enfermedades emergentes y el resurgimiento de virus y microorganismos no existentes en la actualidad, que pueden mutar».

—¿Qué estrategias ha evaluado la agencia para paliar estos efectos en Cuba?

—Primero, es imprescindible ofrecer información a los tomadores de decisión y especialistas, e incrementar las labores de educación y capacitación en todo el país.

«Se trabaja en un programa científico-técnico, a nivel nacional, que incluye investigaciones básicas sobre el clima, modelaciones a mediano y largo plazo de los impactos, los estudios en la salud y el perfeccionamiento de los sistemas de alertas climáticos, no solo en los pronósticos del tiempo, sino con las alertas de sequías, agrometeorológicas y su impacto en la producción de alimentos,  el turismo, y desde el punto de vista social.

«Es importante que todos estos resultados y conocimientos se tomen en cuenta en la evaluación de nuevas inversiones, y se apliquen en los trabajos de ordenamiento ambiental y territorial».

—¿Cómo se concibe el programa de enfrentamiento al cambio climático y la adopción de medidas para la adaptación a este?

—El programa se controla directamente por la máxima dirección del país e incluye acciones de mitigación que van desde la implementación de la Revolución Energética, dirigida a lograr mayor eficiencia energética, hasta la asimilación de fuentes renovables de energía, con énfasis en la eólica y la solar.

«A ello se suman acciones de adaptación que contemplan los estudios de peligro, vulnerabilidad y riesgo, los impactos del ascenso del nivel del mar sobre la zona costera cubana (escenario actual y futuro), la gestión ambiental y de riesgo, así como los programas, planes y proyectos de investigación sectoriales, y el ordenamiento territorial.

«Se elaboran materiales de educación y cultura ambiental, y se actualiza la legislación vigente sobre el medio ambiente, en correspondencia con la actualización del modelo económico cubano».

—Se prevé que 122 poblados costeros cubanos sean afectados por el aumento del nivel del mar. ¿De cuánto tiempo disponemos para prepararnos para esta situación?

—Se han estudiado y elaborado diversos escenarios posibles. Sin duda, los asentamientos humanos costeros son los más vulnerables, de ahí la importancia de la actualización de los planes     territoriales. Es necesario mantener el trabajo con todos los municipios. Todos estos estudios y resultados están siendo utilizados en decisiones actuales, en especial, en función de aquellos asentamientos costeros y también con vistas a proyectos futuros, no solo por el Gobierno a nivel central, sino también por las autoridades locales.

«Aunque no es posible tener una fecha exacta de cuándo serán afectados  estos territorios, ya se deben tomar las precauciones, que van desde no hacer inversiones o construcciones en lugares que han sido afectados, hasta un trabajo constante para explicarles a las personas, y que tengan percepción de riesgo».

—La intensificación de la sequía es otro de los problemas a enfrentar…

—La situación de las reservas de agua es analizada por el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, dados pronósticos internacionales que señalan una reducción de un 30 por ciento de las reservas para 2100, así como los problemas de salinización del manto freático, a consecuencia del aumento del nivel del mar. De ahí la insistencia en el ahorro y uso racional del agua, pues es vital en la vida de la población y en la producción de alimentos.

—Actividades económicas como el turismo se verían afectadas con el cambio climático. Ante una situación que ya no es reversible, ¿es posible una adaptación a los nuevos escenarios?

—Claro que todo tiene alternativas de solución. En el caso del turismo se han realizado estudios integrales, y se han tomado medidas que incluyen la protección de la zona costera, la rehabilitación de las playas, los análisis de los proyectos constructivos y la preservación de las lagunas costeras y los manglares.

«Además, se trabaja en la reutilización del agua y las plantas de tratamiento. Se promueve un turismo ecológico, que tenga menor impacto en el medio ambiente, con el uso de energías renovables, como la solar».

—El país está inmerso en un proceso de actualización y reordenamiento a diferentes niveles. ¿Cómo se estructuran estos cambios en el funcionamiento de la agencia?

—Todo el proceso de reordenamiento responde a lo aprobado en el VI Congreso del Partido, recogido en el Lineamiento 133, que plantea el desarrollo de investigaciones integrales para proteger, conservar y rehabilitar el medio ambiente y adecuar la política ambiental a las nuevas proyecciones del entorno económico y social.

«Como parte de estas directrices se establece priorizar los estudios encaminados al enfrentamiento del cambio climático y, en general, a la sostenibilidad del desarrollo del país, además de enfatizar en la conservación y uso racional de recursos naturales como los suelos, el agua, las playas, la atmósfera, los bosques y la biodiversidad, así como el fomento de la educación ambiental».

—¿Cómo se inserta nuestro país en las dinámicas de estudio y convenios internacionales?

—Cuba ha tenido una intervención importante en la colaboración y cumplimiento de lo acordado por diferentes naciones, en la Convención Marco de Cambio Climático.

«Mantenemos posiciones de principio. Nuestro enfoque a nivel internacional ha sido la denuncia de los patrones irracionales de producción y consumo de los países desarrollados, que son los que deben asumir una mayor responsabilidad en el tema de la contaminación ambiental. Se requiere modificar los modelos de desarrollo vigentes

«Las naciones en vías de desarrollo no pueden ser sometidas a la misma estrategia de reducción de las emisiones, pues no han influido igual en este proceso. Debe mantenerse el principio acordado en Río 92 sobre las responsabilidades comunes, pero diferenciadas entre los Estados. De ahí que también el país mantenga su actitud solidaria, especialmente con acciones de cooperación sur-sur, en nuestra región de América Latina y el Caribe, realizando investigaciones conjuntas sobre el cambio climático».

—Recién fue reconocida con el Premio Nacional de Medio Ambiente, por toda una vida dedicada a la investigación y el estudio en este campo. ¿Cómo valora el desarrollo de este sector en el país y su implicación con la sociedad?

—Pienso que en Cuba el conocimiento ha sido clave para impulsar desde la ciencia el desarrollo social y económico. Gracias a la política trazada desde el triunfo de la Revolución, se han podido enfrentar nuestros problemas medioambientales en las últimas décadas.

«La creación de centros de investigaciones y el papel de las universidades en el país responde a un modelo que potencia el desarrollo de la ciencia para la sociedad, con la incorporación de los jóvenes, desde la enseñanza superior en el quehacer científico.

«Gracias al pensamiento estratégico de Fidel nuestro país cuenta con un valioso potencial humano, que nos ha permitido, a diferencia de otras naciones, estudiar, conocer y gestionar nuestros recursos naturales, nuestros ecosistemas y los principales problemas ambientales».

—Estamos frente a nuevas generaciones de científicos… ¿Qué diría la profesora Gisela a estos investigadores?

—Primero, que tengan valores éticos y morales, y un marcado compromiso. Para ser científicos deben tener un sentido de pertenencia por su país y sentirse motivados a buscar nuevas soluciones por el bienestar y la calidad de vida el hombre y la sociedad.

«Debemos asumir la ciencia como un fenómeno social. Es cierto que existen limitaciones, pero hay que buscar fórmulas en medio de esas circunstancias. Hay una verdad: sin conocimiento y ciencia no hay desarrollo».

—Si tuviera que definir la importancia del medio ambiente para la existencia humana, ¿cómo lo haría?

—Creo que con las palabras de Fidel en la Conferencia Internacional sobre el Medio Ambiente, convocada por la ONU, en Río de Janeiro, Brasil, en el año 1992, son medulares en este sentido: «Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre».

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