¿Cómo funcionan sus riñones?

Aunque el sistema de salud cubano garantice las condiciones e infraestructura necesarias para la atención a los pacientes aquejados por una insuficiencia renal crónica, y para quienes requieren diálisis o trasplantes, lo ideal es velar por nuestra salud de manera preventiva desde edades tempranas, coinciden los especialistas

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

Tenemos dos riñones con la función principal de filtrar los desechos y el exceso de agua de la sangre para producir orina. Influyen en el equilibrio químico del cuerpo y ayudan a controlar la presión arterial y a producir hormonas.

Cuando estos órganos no pueden cumplir con su función principal, estas sustancias se acumulan en el cuerpo y se generan serios problemas de salud. Los especialistas definen la pérdida progresiva de esta función como Enfermedad Renal Crónica (ERC) cuando supera un período de tres meses, y es asociada principalmente a enfermedades no transmisibles como la diabetes mellitus y la hipertensión arterial y factores de riesgo como la obesidad, el bajo peso al nacer y el envejecimiento.

Más del diez por ciento de la población mundial sufre de ERC. Aunque puede ser asintomática hasta etapas avanzadas, las alteraciones en las imágenes renales y en la composición de la orina con presencia de albúmina (proteína) o sangre (hematuria) despiertan la atención de los expertos, pues pueden ser la señal de alarma de la fase tercera, cuando ya se identifica como Insuficiencia Renal Crónica (IRC), la que conduce a una pérdida permanente de la función de estos órganos.

En Cuba se midió por primera vez la presencia de esta afección en la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo en el año 2010 y luego del estudio en una muestra representativa del país se estimó una prevalencia de la IRC de un 5,2 por ciento. Una investigación anterior realizada en el 97 por ciento de la población de la Isla de la Juventud, entre 2004 y 2006, arrojó una prevalencia de 9,63 por ciento de pacientes con ERC y un 3,15 por ciento con IRC.

La ERC es siempre tratable y controlable para la mayoría de los pacientes, pues el diagnóstico temprano, tratamiento y rehabilitación integral puede evitar la progresión de la enfermedad y sus complicaciones, mejorar la calidad de vida de las personas y retardar o detener su ingreso a diálisis o trasplante renal.

Sin embargo, lo más importante es que la ERC es prevenible a partir de la identificación de las personas con factores de riesgo y la asunción de estilos de vida saludables que permitan un consumo regular de vegetales y frutas, la disminución de la ingestión de sal y azúcar, la práctica sistemática de ejercicios físicos y la no dependencia del tabaco y el alcohol.

La ingestión de agua potable en cantidad suficiente, entre litro y litro y medio de agua cada día según las necesidades de cada organismo, es también un aspecto importante a tener en cuenta en la incorporación de hábitos de vida saludables.

Cuidados integrados necesarios

La probabilidad de padecer de ERC se incrementa en la edad avanzada, cuando se tienen antecedentes de la enfermedad, cuando es evidente una reducción congénita o adquirida de la masa del riñón, cuando se padecen enfermedades cardiovasculares o se tuvo bajo peso al nacer, explica el especialista en Nefrología Miguel Almaguer López, presidente de la Comisión Nacional Técnica Asesora de Prevención de Enfermedad Renal Crónica (ERC).

El también máster en Epidemiología, profesor consultante e investigador titular, refiere que la diabetes mellitus, la hipertensión arterial, la obesidad, la hipercalcemia, las infecciones sistémicas u obstrucciones del tracto urinario y las enfermedades autoinmunes son factores de riesgo que directamente inician la ERC.

La exposición a productos químicos tóxicos en el ambiente general o laboral sin el uso de los medios de protección adecuados también puede dañar el funcionamiento de los riñones, así como la ingestión de determinados medicamentos, tales como los antiinflamatorios no esteroideos (ibuprofeno e indometacina, entre otros) y analgésicos, agregó. Es importante evitar la automedicación o el uso prolongado de este tipo de medicamentos.

«La ERC no puede verse como una enfermedad aislada de las otras crónicas no transmisibles, así que todo cuanto hagamos en beneficio de una en la atención primaria de salud repercutirá positivamente en otras».

El también especialista en Nefrología Jorge Pérez-Oliva, jefe del Centro Coordinador del Programa Enfermedad Renal, Diálisis y Trasplante, del Instituto Nacional de Nefrología, apunta que la Organización Mundial de la Salud (OMS) plantea llevar a cabo cuidados integrados, una estrategia innovadora para la atención de pacientes con diferentes patologías.

«Los diabéticos deben mantener un estricto control de su glicemia, así como los hipertensos deben controlar su tensión arterial. Las personas obesas deben realizar ejercicios físicos con frecuencia y se debe supervisar la cifra normal de colesterol y triglicéridos.

«Las personas mayores de 60 años constituyen un grupo poblacional de riesgo, pues además de padecer con frecuencia otras enfermedades, presentan una disminución de la masa renal y un incremento en el porcentaje de glomérulos esclerosados. También el daño vascular paulatino del envejecimiento influye en la disminución de la tasa de filtración glomerular*, cifra que por encima de 90 mililitros por minuto arroja un funcionamiento normal de los riñones, mientras que por debajo de 60 mililitros por minuto evidencia ya una insuficiencia renal».

Apunta el profesor titular Pérez-Oliva que el estudio de la proteinuria, la microalbuminuria y la creatinina sérica para calcular el filtrado glomerular puede realizarse en la Atención Primaria de Salud. «Cada persona tiene acceso a la realización de estos exámenes y puede solicitarlos si quiere saber en qué estado se encuentra el funcionamiento de sus riñones, pues es esencial que se conozca que en la mayoría de los casos las fases iniciales de una ERC transcurren de manera asintomática hasta fases avanzadas».

Almaguer López precisa que en una etapa más avanzada de la ERC se evidencia tensión arterial elevada, inflamación en las piernas, decaimiento y palidez debido a la anemia.

«Con el progresivo deterioro de la función renal se describe un conjunto de síntomas y signos que expresan una falla crónica de todos los órganos y sistemas del organismo conocida como uremia, azotemia o azoemia (término que proviene del griego y significa orina en la sangre), como resultado de la acumulación de desechos que de manera normal deberían ser eliminados por los riñones.

«Otros síntomas incluyen mal aliento, somnolencia, dificultades para respirar, irregularidades en los ciclos menstruales y vómitos frecuentes, entre otros».

Una vez que el especialista de la Atención Primaria de Salud detecte el padecimiento de la ERC debe orientar al paciente para evitar la progresión a la Insuficiencia Renal Crónica avanzada y prevenir el daño cardiovascular asociado, acotó Almaguer López.

«Es muy importante que el paciente, con la guía del equipo médico, participe de forma activa en el control de su propia enfermedad. Ese automanejo es la piedra angular en la atención a las personas con enfermedades crónicas no transmisibles como la ERC», recalcó Pérez-Oliva.

—¿Puede presentarse la Enfermedad Renal Crónica en niños?

—Este padecimiento en la edad pediátrica es poco frecuente y se registra una incidencia promedio de tres a seis menores por cada millón de habitantes de estas edades cada año, pero cuando aparece sus efectos son devastadores para el desarrollo del niño.

«En Cuba la patología estructural, y por tanto congénita, es la primera causa de ERC en los niños menores de cinco años, y las enfermedades glomerulares son más frecuentes en los mayores de esa edad», explica Pérez-Oliva.

Almaguer López subraya que por lo general las malformaciones en el sistema urinario se detectan en el ultrasonido prenatal, pero en caso de que no hayan podido diagnosticarse síntomas de fiebre, inapetencia, diarrea o dolor abdominal, entre otros, puede despertarse la sospecha de una infección urinaria en el pequeño, y en ese caso se asocia a malformaciones nefrourológicas o a la existencia de una vejiga neurogénica.

«Los bebés con bajo peso al nacer tienen un factor de riesgo no despreciable, pues nacen con una menor cantidad de unidades funcionales del riñón (nefronas) para realizar la misma actividad funcional. Estas aumentan de tamaño como mecanismo defensivo de adaptación y esa hiperfiltración (hiperfunción) del órgano ocasiona un daño crónico a los riñones», añadió.

Cuando el camino es más largo

Si la IRC ha provocado la pérdida de más del 80 por ciento de la función renal, el paciente necesita someterse a diálisis o a un trasplante de riñón.

El aporte de medicamentos, vacunas contra la hepatitis del virus B, soluciones de hemodiálisis, productos biotecnólogicos como la eritropoyetina recombinante humana por diferentes productores del grupo BioCubaFarma y la adquisición de tecnologías de diagnóstico cubanas e importadas como resultado de la prioridad del Ministerio de Salud Pública (Minsap) ha permitido incrementar el servicio a los pacientes que requieren métodos de terapia de reemplazo dialítica de un 89 por millón de habitantes en 1997 a 281 en 2015.

La capacitación de los profesionales de la Atención Primaria de Salud y el impulso cualitativo y cuantitativo a la donación de órganos para trasplantes de riñón, ha sido también un aspecto vital en el tratamiento a estos pacientes.

Pérez-Oliva comenta que en 2015 se registraron en el país 109,8 casos nuevos que iniciaron el tratamiento de diálisis por millón de habitantes y se mantienen vivos gracias al tratamiento 281,1 por millón de habitantes, entre los cuales se encuentran 36 menores de 18 años.

En Cuba viven con un trasplante renal funcionante unas 91,32 personas por millón de habitantes, cuya calidad de vida es elevada, al igual que la del donante vivo cuyas funciones en el organismo quedan a cargo de un solo riñón.

«La tasa de donación de órganos sólidos se ha incrementado de ocho por millón de habitantes en 2013 a 14,3 en 2015, es decir, existió un crecimiento de la donación en un 78,5 por ciento en dos años. Esta tasa de 14,3 por millón de habitantes es la segunda más significativa de todos los países de América Latina, a las que se pueden sumar las de Uruguay, Argentina y Brasil, también con más de diez donantes por millón de habitantes», puntualiza.

Almaguer López explica que en Cuba el 90 por ciento de los trasplantes se efectúa de donantes cadáver bajo el consentimiento familiar.

«Con la Resolución No. 857/2015 del Minsap, publicada en una edición extraordinaria de la Gaceta Oficial de la República, divulgada el 17 de septiembre del año pasado, se aprueba el reglamento para la dación y trasplantes de órganos y tejidos en donantes vivos, por lo que esperamos se incremente la donación de donantes vivos, pues se ampliaron las categorías de familiares de primera y segunda generación a tercera, y se acepta la donación en la categoría de donante vivo no relacionado», acota.

Aunque la negativa familiar no es un gran problema en nuestro país, Pérez-Oliva precisa que el trasplante es selectivo y no solo por la existencia de una lista de espera.

«Diversas complicaciones pueden impedir que un paciente acceda a un trasplante, y en esos casos vivir en diálisis es la alternativa y en principio es un derecho universal de todo paciente que lo necesite», aclara.

Independientemente de que el sistema de salud cubano garantice las condiciones e infraestructura necesarias para la atención a los pacientes aquejados por una IRC y para aquellos que requieren diálisis o trasplantes, lo ideal es velar por nuestra salud de manera preventiva desde edades tempranas, coinciden los especialistas.

«Es importante conocer el valor de la función renal y saber cuál es nuestra tasa de filtración glomerular en función de los parámetros normales. Es esencial el automanejo de los factores de riesgo que cada persona presente, pues ello permitirá no arribar a etapas más avanzadas de la enfermedad y someterse, entonces, a soluciones más radicales», destaca Pérez-Oliva.

La ERC es frecuente, pero siempre tratable y en gran medida prevenible, coinciden los expertos. ¿Sabe usted cómo funcionan sus riñones?

*Es un examen que verifica el buen funcionamiento de los riñones mediante el cálculo de la cantidad de sangre que pasa a través de los glomérulos, diminutos filtros de los residuos de la sangre, ubicados en estos órganos.

Para calcular la tasa de filtración glomerular, en la fórmula se combina el nivel de creatinina (producto de desecho del metabolismo normal de los músculos) con otros factores como la edad, la etnia, el sexo, la estatura y el peso.

Curiosidades de un proceder complejo

En 1933 el ruso Yu Voronoy realizó el primer trasplante renal a una joven en coma urémico a partir de un hombre de 60 años. Los riñones trasplantados solo funcionaron precariamente durante los dos primeros días, y en 1949 realizó sin éxito otros cinco trasplantes de riñón de cadáveres conservados.

El primer trasplante renal entre humanos con resultado de supervivencia del receptor tuvo lugar en Boston en 1947. En 1950, en la ciudad estadounidense de Chicago, se ejecutó el primer trasplante renal con implantación intrabdominal a una mujer, y a partir de ese año diferentes equipos europeos y americanos procedieron con el trasplante renal en humanos procedentes de cadáveres humanos.

En 1954 se realizó el primer trasplante renal con éxito total entre gemelos univitelinos. El primero de estos procederes en el Reino Unido no ocurrió hasta 1960, cuando Michael Woodruff realizó uno en Edimburgo entre gemelos idénticos.

El 24 de febrero de 1970 la historia médica cubana registra el primer trasplante renal realizado en el país por un grupo multidisciplinario de especialistas, dirigidos por el profesor Abelardo Buch, director-fundador del Instituto de Nefrología en La Habana.

El beneficiario fue el joven de 16 años Víctor Blanco Conde, quien tuvo una supervivencia de más de 20 años. Su vida estuvo en manos de los cirujanos principales Oscar Suárez Savio y Alfredo Gómez Congreso Sampera y de otros especialistas en Nefrología, Urología e Inmunología como Charles Magrans, Reynaldo Mañalich, Sergio Arce, Olga González Sureda y Armando Heras, así como anestesiólogos, técnicos en laboratorio y enfermeros.

Cuatro años después, el 28 de septiembre de 1974, fue realizado el primer trasplante renal fuera de La Habana, en el hospital Saturnino Lora, en Santiago de Cuba. En este mismo centro, el 16 de octubre de 2002, un equipo liderado por el profesor Rodríguez Bertrán realizó cinco trasplantes renales con donantes cadavéricos en tan solo 12 horas, un récord de la trasplantología cubana.

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