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Las ballenas barbadas despedazaban a sus presas

Científicos de la Universidad Monash y de los Museos Victoria, en Australia, desafiaron una de las teorías más populares de Charles Darwin

Autor:

Aillen Infante Vigil

Un insecticida que imita el aroma de las flores y plantas, de las cuales el mosquito obtiene el azúcar que necesita para sobrevivir, es la propuesta de la empresa estadounidense de control semioquímico de plagas ISCA Technologies en la lucha contra enfermedades como el zika y la malaria, transmitidas por este vector. Bautizada como Vectrax, se basa en la segunda debilidad de estos insectos: los dulces y puede aplicarse como aerosol o gel en zonas específicas, evitando que la contaminación llegue a los suelos y cursos de agua.

«La mezcla de sustancias químicas para atraerlos es tan poderosa que ellos ignoran los olores y atractivos naturales de las plantas para ingerirla, y tan seductora que se alimentarán casi exclusivamente de él, aunque contenga dosis letales de insecticida», explicó el químico brasileño Agenor Mafra Neto, director ejecutivo del ISCA.

 Científicos de la Universidad Monash y de los Museos Victoria, en Australia, desafiaron una de las teorías más populares de Charles Darwin al exponer que los antepasados de las ballenas barbadas modernas —entre las que se encuentran la ballena franca austral y la ballena azul— tenían dientes extremadamente afilados que no usaban para filtrar el agua, como aseguró el naturalista inglés, sino para despedazar a sus presas.

Para asegurarlo compararon modelos tridimensionales de un diente prehistórico de una ballena hallado en 2006 en la costa sur de Australia con modelos similares de depredadores modernos, recolectados de distintas colecciones de especímenes alrededor del mundo. A diferencia de las barbadas actuales, las primeras ballenas eran depredadores despiadados que perdieron sus dientes antes de evolucionar, señaló Erich Fitzgerald, curador de vertebrados de los Museos Victoria y uno de los autores del estudio.

Los adolescentes de la llamada Generación Smartphone —aquellos nacidos después de 1995— están creciendo más lentamente que generaciones previas, y son menos propensos a conducir automóviles, trabajar, tener sexo, salir y tomar alcohol, aseguró Jean Twenge, profesora de Sicología de San Diego State University, tras realizar encuestas a 11 millones de jóvenes estadounidenses y entrevistas con profundidad.

Su estudio llama la atención sobre los efectos nocivos de la adicción a las tecnologías que provoca niveles sin precedentes de ansiedad, depresión y soledad, e incide en que, por ejemplo, la tasa de suicidio de niñas entre 12 y 14 años se haya triplicado en los últimos diez años.

 

Fuente: BBC Mundo

Frase: Ciencia es creer en la ignorancia de los científicos. Richard Phillips Feynman.

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