Videojuegos: ni santos ni diablos

El debate sobre lo que pueden provocar los juegos electrónicos en la salud y conducta humanas ha vuelto a abrirse con dos recientes investigaciones

Autor:

Yurisander Guevara

¿Qué efectos provocan los videojuegos en nuestra salud? Desde hace años los científicos han publicado varios estudios en torno a esta interrogante, algunos con conclusiones positivas, y otros con tendencias negativas.

Y si bien esa batalla ha sido bien polarizada, dos recientes investigaciones en este campo científico han brindado resultados más equilibrados: al tiempo que llaman la atención sobre las consecuencias que podría tener pasar mucho tiempo en este tipo de divertimento, no solo a nivel físico, sino también conductual, también subrayan los beneficios de dicha actividad.

Una industria billonaria

Los videojuegos pasaron de ser una novedad en la década de 1970 a convertirse en un fenómeno cultural que actualmente invade a todos los dispositivos electrónicos.

La industria facturó en 2016 un total de 90 000 millones de dólares, según la revista Fortune, y además se convirtió en una de las más llamativas del año en cuanto a innovación, con la fiebre de Pokémon Go, título que trajo una verdadera experiencia con el uso de la realidad aumentada.

Al mismo tiempo, en varias partes del mundo las escuelas han comenzado a introducir este tipo de software como parte de su base material de estudio, a partir de juegos destinados a mejorar habilidades en los niños en edades tempranas.

Es un hecho innegable, además, que ya este no es un fenómeno de la niñez. Todos jugamos. Lo hacemos en el celular mientras esperamos la guagua —o montados en ella—, y hasta se dedica una parte del espacio en el disco duro del ordenador para archivar los títulos favoritos.

La multiplicación del entretenimiento electrónico ha hecho a los científicos preguntarse qué consecuencias pueden tener en quienes los usan, tomando en cuenta que el número es creciente, especialmente entre las nuevas generaciones.

Mucho sin demasiado

Buena parte del tiempo que antes empleaban los menores en juegos tradicionales se destina hoy a los videojuegos.

En este sentido, un equipo del Centro de Investigación Biomédica en Red, de Barcelona, España, llevó a cabo un estudio con más de 2 400 niños en edad escolar para analizar la relación entre el uso semanal de los videojuegos y sus efectos —positivos o negativos—, muchos de ellos descritos por varias investigaciones en las últimas cuatro décadas.

Los resultados de esta pesquisa, publicados en la revista Anales de la Neurología, indican que dedicar un tiempo moderado a los juegos electrónicos —de una a dos horas semanales—, está asociado a una mejor coordinación motora, mayor rapidez mental y de procesamiento de la información, y mejor memoria de trabajo, atención y motivación.

Asimismo, los jugadores no presentaron problemas conductuales, comparados con niños que no jugaban.

En cambio, los niños estudiados que dedicaron más de nueve horas por semana a los videojuegos, presentaron problemas de conducta, falta de habilidades sociales y trastornos del sueño.

Es importante señalar que este estudio no habla de causas, pues los científicos no relacionaron los efectos negativos con el entorno social de los menores, el cual es determinante en su desarrollo.

Materia gris

Super Mario Bros. se convirtió en un fenómeno cultural y de culto desde su lanzamiento en 1985. Con 32 años de vida, el plomero rechoncho que protagoniza las interminables aventuras de los japoneses de Nintendo goza de una salud envidiable, y cada título con su nombre pareciera llevar el éxito insertado de antemano.

Asimismo, en este siglo, durante la primera década, una franquicia de juegos bélicos, Call of Duty, introdujo mecánicas nunca antes vistas y cambió la forma en que se interactúa con este tipo de títulos —además de que comenzó a contar la historia de las más recientes guerras a conveniencia de sus creadores, con un sinfín de fallas u omisiones y una visión hegemónica—.

Ambos videojuegos, situados en clasificaciones diferentes, también causan efectos dispares en cuanto a nuestra salud se refiere, según se desprende de un estudio de las universidades de Montreal y McGill, en Canadá, que viera la luz en la publicación especializada Siquiatría Molecular.

La investigación afirma que jugar Super Mario Bros. hace que crezca la cantidad de materia gris en nuestro cerebro, mientras Call of Duty la disminuye.

Para llegar a tales conclusiones los investigadores estudiaron primero el cerebro de 33 jugadores cuya media de horas semanales frente a Call of Duty fue de 19 horas. Luego, investigaron a 43 jugadores que invirtieron nueve horas a la semana en Super Mario.

Tras las sesiones de juego realizaron pruebas de Imagen de Resonancia Magnética, y descubrieron que los que jugaban «Duty» tenían menos materia gris en el hipocampo en comparación con sus homólogos de Super Mario —a quienes les aumentó, de hecho, la materia gris—.

Simone Kuhn, profesora de plasticidad neuronal en la Universidad Clínica Hamburg-Eppendorf en Alemania, dijo a la web npr.org que estos resultados no deberían preocupar a quienes gustan de los juegos de acción.

A su juicio, en estos juegos en lugar del hipocampo se usa el núcleo caudado, que es parte del sistema de recompensas del cerebro: «Es como si funcionara con el piloto automático», explicó.

Los responsables del estudio, entretanto, indicaron que, si tuvieran que recomendar algún tipo de juego, sería uno de plataformas en tres dimensiones, o un juego de puzles lógicos.

Sea como sea, está claro que se necesitan más investigaciones y experimentos en este campo, pues los videojuegos son cada vez más omnipresentes en el ya no tan nuevo mundo digital.

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