Por amor a vos...

Toda relación, hasta la más incomprensible desde la mirada ajena, exige una ética basada en la equidad, el cariño y el reconocimiento mutuo de derechos y aspiraciones

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

Si me quieres, quiéreme entera.

Dulce María Loynaz

Hay amores que no terminan nunca. Se alejan, vuelven, te abandonan, y el corazón lo intenta todo por mantener latiendo esa ilusión. De tan intensos parecen eternos, aunque la gente trate de convencerte de que son solo pestañazos y tal vez sea mejor probar nuevos caminos.

Una amiga holguinera tiene un amor así. Fue su primer novio, hace 20 años. Cada cierto tiempo la convoca y ella responde con el nerviosismo de una niña recién besada. Su hija ríe, pero le presta sus alas de adolescente para que recorra la Isla casi de punta a cabo y viva con él un idilio de fin de semana.

De esas emociones hablamos en la peña capitalina de Sexo Sentido este mes a propósito del concurso lanzado en abril: ¿Qué harías para demostrar tu amor? ¿Qué no harías ni por la persona amada? Sus participantes coincidieron en que lo más importante es conservar la esencia y construir el vínculo en armonía.

Pero no es sencillo: Camilo, un estudiante de la UCI, cree que en toda relación amorosa renunciamos a cosas que pueden molestar a la pareja. «Al menos al principio», acota él, y la diseñadora Aldeyde puntualiza: «Se pueden sacrificar ramas, pero no debemos renunciar al tronco, a eso que creamos por nuestra cuenta, sin aprender de nadie, y con lo que estamos más a gusto».

Para ella lo importante es negociar los límites: «Si llegas con una propuesta debes escuchar los argumentos que trae tu pareja y distinguir, dentro de lo que te están pidiendo, cuánto puedes tolerar sin perjudicarte: no es lo mismo fingir una escena de Titanic que tirarte de verdad por el balcón de la casa».

Esos límites, coincidió el grupo, los marca la seguridad física y emocional de cada quien. «Se puede ser flexible, tener imaginación y apasionarse con alguien, pero no se justifica convertirte en un títere en sus manos o dejar que invada tu privacidad», opina el veterano José Luis.

En las respuestas vía correo electrónico también hubo consenso. El habanero Yordanis Pino escribe que él se mostraría cariñoso, sincero, respetuoso y daría obsequios lindos y tiernos, como una flor o un poema. Pero hay que hacerlo de corazón, porque esas cosas son las que alimentan al amor. «No necesariamente tiene que ser un regalo caro ni ostentoso», advierte.

Yoannis Puente confiesa que en su corta existencia ha hecho casi de todo por amor, aunque no siempre con buenos resultados: «Nunca tirarme en un pozo, pero sí he herido a amigos, he dañado la integridad de mi familia y  he  derrumbado años de estudio y trabajo».

Según cuenta, hasta intentó redescubrirse a sí misma como ama de casa. Pero deja bien claro lo que no haría por nadie: dejar de ser ella misma para volverse un reflejo ajeno. Sus límites, dice, son «perder mi libertad, olvidar mi familia, dejar un trabajo, hacer infeliz a mi bebé».

La habanera Yaquelín aseguró en la peña que no se debe pedir a la pareja nada que no te sientas capaz de hacer por ella. ¿Y acaso esto no puede convertirse en una trampa? La escala de valores suele ser a veces muy diferente, así que es mejor comparar según las consecuencias específicas que para cada quien tendría lo que le estamos pidiendo.

Incluso la disponibilidad puede resultar engañosa, opina Karul, forista en la web de Sexo Sentido. «Una persona de intereses muy estrechos puede elegir a alguien cuya vida está llena de proyectos fascinantes. Luego esa admiración se convierte en reclamo porque se aburre y le exigirá más tiempo», añade.

Por eso la empatía es requisito esencial: Trata de ponerte en el lugar de la otra persona desde sus habilidades, principios o intereses, no desde los tuyos, para que entiendas mejor lo que se siente tratando de cumplir con tus exigencias.

Por nada ni nadie

Según Yordanis, es difícil no hacer algo por quien amas, a menos que eso pueda dañar los sentimientos de ella o ir en contra de ti mismo, pero asume que «la persona amada no te dejaría hacer nada incorrecto». En ese punto hay mucho de subjetividad y experiencia personal. Por eso la tunera Ana Álvarez prefiere dejar bien claro desde el inicio qué no admitiría: «Los gritos, los reclamos sin forma, el egoísmo. Y tampoco me gustan las mentiras y la infidelidad».

En la peña se trató un concepto interesante: las discusiones llegan cuando alguien traspasa los límites ajenos, pero se pelea mientras se cree que existe algo digno de salvar, para restablecer el equilibrio y retomar el vínculo, tal vez con una nueva configuración.

«Eso es aprender a repartir lo incómodo», opina Aldeyde. Si hay un auténtico amor se mueven los límites para no dejar fuera intereses genuinos de la pareja, por ejemplo en las prácticas sexuales o en el empleo del tiempo libre. Crecer exige comprometerse, y con probar no se pierde nada».

¿Y si ya no es posible un acuerdo?, preguntó Yaquelín, y en la respuesta coincidieron participantes de varias generaciones: Nadie tiene derecho a imponer al otro su presencia o hacerlo sentir culpable de su dolor. En esos casos el amor debe envolverse en respeto para mantener las distancias que la ex pareja impone.

Otro mito analizado fue el «Así me conociste y así me soportas». La gente evoluciona, cambia de apariencia, de gustos y conocimientos. Si queremos aceptación en ese proceso de desarrollo, tenemos que entender que nuestra pareja también amplía sus intereses y disminuye o aumenta sus capacidades (físicas y espirituales).

Exagerar lo bueno —o lo malo-— al principio es natural, pero intentar sostenerlo a costa del bienestar propio es casi una estafa, considera Elizabeth. Camilo aportó otro ejemplo igual de engañoso: el de quienes pasan años esperando por una persona y con tal de conquistarla renuncian a su propia naturaleza para fingir el   ideal ajeno, como en la trágica historia de Coppelia.

Incluso en modelos de relación menos tradicionales, como las parejas abiertas o los tríos, se necesitan límites emocionales bien definidos, pues toda relación, hasta la más incomprensible desde la mirada ajena, exige una ética basada en la equidad, el cariño y el reconocimiento mutuo de derechos y aspiraciones.

Si no pueden amarte tal cual eres, si en una relación no logras evolucionar como ser humano ni ayudas al mejoramiento de quien te acompaña, ¿de qué sirve  el amor, además de inspirar patéticas novelas?

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