No hay mujeres anorgásmicas

El 8 de agosto es el Día Internacional del Orgasmo Femenino. Es una jornada surgida en Brasil en 2006 para legitimar el placer erótico de las mujeres, uno de los derechos sexuales más violentados en todos los continentes

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

Hay una fuerza motriz más

poderosa que el vapor, la electricidad

y la energía atómica: la voluntad.

Albert Einstein

El 8 de agosto es el Día Internacional del Orgasmo Femenino. Es una jornada surgida en Brasil en 2006  para legitimar el placer erótico de las mujeres, uno de los derechos sexuales más violentados en todos los continentes.

Diferencias anatómicas, de personalidad y culturales hacen que unas personas consideren la gloria lo que para otras es solo un escalón, pues saben que pueden vibrar más alto en su búsqueda de placer.

Por eso no tiene sentido comparar experiencias o establecer categorías. Una vez que vives tu primer orgasmo no quedan dudas de qué se trata. El resto del desafío está en aprender a intensificarlo, compartirlo y hacer del momento una gran vivencia espiritual.

Es más certero hablar de preorgasmia que de frigidez o anorgasmia. Tal condición implica que en cualquier momento se puede vencer ese displacer. Basta descubrir cómo y dónde estimularse y comunicarlo luego creativamente, sin esperar  a que le adivinen a una las mejores cosquillas.

En esa búsqueda del orgasmo redentor o de orgasmos múltiples —a los que se llega con entrenamiento y complicidad—, hay mucho de fantasía y desinhibición. Dejar todo a la pericia ajena puede ser inconsecuente y frustrante.

Como en toda misión, hay reglas básicas que cumplir para alcanzar un orgasmo, tanto en pareja como en solitario: honestidad, anular prejuicios, propiciar un entorno tranquilo, disposición para probar nuevas aristas y no dejarse anonadar si el éxito demora.

El resto es, sobre todo, disciplina y dedicación. Ayuda mucho practicar sistemáticamente los ejercicios de Kegel, porque activan tanto el músculo pubococcígeo (PC) como los sistemas nervioso y circulatorio de la zona que rodea los genitales.

Cuando se combinan con la respiración consciente, esos ejercicios hacen que la energía sexual fluya hacia donde tu cuerpo la necesite e indican a tu pareja tu nivel de excitación para que acelere o ralentice sus acciones.

Una vez que se aprende a canalizar esa energía es posible hacerla subir por la columna y distribuirla por todo el organismo, lo cual es más saludable y placentero que abandonarte al primer cosquilleo.

Un milímetro más…

Hay orgasmos muy intensos, casi de película, como nos decía una joven en una peña reciente. Otros, sin ser telúricos, logran la meta de relajar el cuerpo y alegrarnos el día. Esas diferencias dependen más del estado de ánimo y la preparación física y psicológica, que del tipo de caricias o las habilidades amatorias de la pareja.

Para gran parte de las mujeres, el estímulo más efectivo es tocar o lamer el clítoris. Si la pareja ve esas prácticas solo como preámbulo de rutina y les dedica poco tiempo, ella debe explicar claramente sus necesidades. Callar por miedo, inseguridad o rencor repercute en otros aspectos de la relación.

La penetración estimula indirectamente al clítoris y también puede proporcionar orgasmos, pero es fácil para una mujer perder la concentración si la pareja se deja llevar por sus propias sensaciones y cambia el ángulo o la dirección del roce de modo inesperado.

Una sabe cuándo está a punto de llegar a la meta y siente también cuándo el hechizo se perdió y seguir insistiendo le traerá más irritación que placer. Es un instinto difícil de explicar, pero no debe menospreciarse, porque bien empleado optimiza el resultado.

Si ella separa el cuerpo o se inclina marcadamente en un sentido, es porque encontró un buen punto de contacto y puede que en pocos minutos llegue al clímax. El coito puede seguir después con ligeras variaciones, en busca de nuevos orgasmos.

Si la pareja se mueve de ese punto, trata de penetrarla más profundo o en ese momento se le ocurre probar otras posiciones, es muy probable que el placer vaya a pique, junto con la autoestima, y aleje la esperanza de un final feliz, al menos por esa vía.

Ante esa frustración, muchas optan por fingir para que la pareja se crea la octava maravilla y no la juzgue mal; interrumpir el acto y proferir reproches, o esperar pasiva a que todo termine y acumular un estresante displacer.

Hay una cuarta opción: buscar un buen contacto visual con la pareja y explicarle con ternura que por ese camino no llegarán a Roma. La idea no es dejarlo para otro momento, sino sugerir un nuevo inicio en otra postura que le permita a ella controlar los movimientos o combinar la penetración con otro método donde además se pueda acariciar el clítoris.

Claro que si la pareja está a punto de lograr su propio orgasmo y aún no sabe cómo canalizarlo sin eyaculación, es prudente dejarle terminar, dar tiempo para que descanse y emprender otras caricias suaves que mantengan vivo el deseo y la felicidad de yacer juntos.

También es válido para una mujer aprovechar el clima erótico y acariciarse frente a su pareja hasta lograr un orgasmo, de modo que esa persona, libre de presión, pueda dedicarse a observar sus movimientos, los cambios de respiración, la coloración y textura de los genitales, los pezones, el rostro…

Bien se ha dicho que una imagen puede hablar por mil palabras. Lo que se aprende de modo tan intenso es más probable que se recuerde para aplicarlo después, y de paso aumentan el grado de intimidad al compartir ese excitante recuerdo.

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