Pregunte sin pena

Autor:

Mariela Rodríguez Méndez

M.A.: Mi hijo tiene 18 años y obtuvo una buena carrera universitaria (no la que pretendía porque no se esforzó más). Él toma antihistamínicos y dormita en las clases, pero no se duerme delante del televisor. Hace ejercicios diariamente, no habla casi nada y considera que hablamos demasiadas boberías. No le conocemos novia y no responde si tocamos el tema. Comparte animadas visitas con amigos de ambos sexos. Siempre anda detrás de mí para acariciarme y darme besos, pero no quiere que su hermana lo haga. ¿Por qué actúa así conmigo y su hermana? ¿Cómo hacer para saber qué piensa y que le importen las cosas?

Si continúa tratándolo como alguien a quien moldear e invadiéndolo a sermones obtendrá el mismo ensimismamiento, de donde solo sale para mostrarle afecto. Escuche sus intereses. A él sí le importan determinadas cosas, solo que no las mismas ni del modo que usted preferiría. Tendrá que aprender a respetar sus discrepancias y actuar diferente. Los efectos de sus actos también pueden enseñar a quien quiere aprender.

Su hijo es de una época donde imperan las imágenes, la devoción por medios audiovisuales que invitan al placer idividual e impulsan a usar el cuerpo para cultivar una imagen que nombre su identidad. No es normal ni anormal, más bien diferente. También la relación entre madre e hijos difiere de la de los hermanos. No tiene que comportarse igual con ella, aunque desconocemos sus razones.

De cualquier modo, usted ha formado un joven capaz de estudiar, forjar su futuro, cultivar sus amigos, defender su espacio. Ahora la responsabilidad por su futuro también va de su lado. ¿Por qué tantos temores?

Mariela Rodríguez Méndez, Máster en Psicología Clínica, Psicoanalista

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