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El sueño de la «WiTricity»

Más de un siglo después de que Nicolás Tesla ideara transmitir electricidad de forma inalámbrica se ha logrado volver a hacerlo... aunque todavía de forma experimental

Autor:

Juventud Rebelde

Debía elevarse a la altura de 65 metros sobre la ciudad de Nueva York y desde allí alumbrar a toda la urbe. El proyecto inicial, que precisaba de una cuantiosa inversión, fue asumido por el banquero J.P. Morgan, quien le dio al ingeniero Nicolás Tesla, considerado el padre de la electricidad moderna, la cifra de 150 000 dólares a cambio del 51 por ciento de todas las patentes de su invención.

Sin embargo, a pesar de que el inventor sabía que este negocio era sumamente desventajoso, se sacrificó en pos de su altruista plan. La torre Wardenclyffe, que comenzó a edificarse en Long Island el 3 de julio de 1901, fue dirigida por Stanford White, el diseñador del Arco de Washington.

Su altura de 65 metros estaría coronada con una terminal esférica de 20 metros de diámetro encima. Nunca llegó a concretarse.

El proyecto era demasiado costoso y J.P. Morgan se negó a dar un centavo más. Tesla quedó en descrédito y en plena ruina. Doce años después la torre fue derribada al estar en desuso, y hoy solo se conserva el edificio que le sirvió de base con una placa conmemorativa en honor al científico.

Fracasaba así, en fecha tan temprana como los albores del siglo XX, el primer intento de proveer de electricidad gratuita a la humanidad... transmitiéndola vía inalámbrica.

Adiós a las baterías

Los medios de prensa se han hecho eco en los últimos días de que un grupo de científicos ha descubierto una nueva forma de recargar las baterías de computadoras portátiles, teléfonos móviles y otros dispositivos, pero de forma inalámbrica.

Investigadores del Instituto Tecnológico de Massachussets, encabezados por el físico Marin Soljacic, han diseñado un sistema que permitiría transmitir por una red inalámbrica energía eléctrica, y lo probaron encendiendo un bombillo de 60 watts a la distancia de dos metros.

La idea es lograr emitir un tipo de corriente de inducción de largo alcance basada en la resonancia de un campo electromagnético, y buscar la forma de extender esta señal de manera tal que pudieran recargarse a distancia las baterías de diferentes equipos en un primer momento, e incluso posteriormente generar la suficiente energía como para garantizar el alumbrado y el funcionamiento de diversas tecnologías que precisan energía eléctrica.

Denominada como WiTricity o Witricidad, de la unión de las palabras wireless (sin hilos) y electricity, la electricidad inalámbrica podría ser la solución a los dispositivos inalámbricos, cada vez más comunes en todas las esferas de la vida, que sin embargo tienen como punto débil precisamente la fuente de la cual toman la energía para proveerse, que debe ser recargada periódicamente.

También podría contribuir a llevar la electricidad a lugares de difícil acceso, a barcos, aviones y autos en movimiento, y se sueña con que en un futuro sería la solución ideal para los viajes espaciales, que precisan llevar actualmente gran cantidad de combustible.

Los hay más atrevidos, que hasta han diseñado una especie de gigantesco panel solar colocado en la Luna, del cual emanaría suficiente energía eléctrica inalámbrica como para alumbrar sin gran dificultad al planeta.

Además, la WiTricity no es dañina para el ser humano, ya que emite en una frecuencia que no puede ser captada por este, por lo cual no le acarrea ningún mal y sí pudiera traer muchos beneficios prácticos.

Pero por el momento estos no son más que sueños, y la idea original de Nicolás Tesla es apenas un recuerdo, por cierto confiscado por el gobierno de Estados Unidos, que incautó todos sus papeles cuando el científico murió el 7 de enero de 1943, en la más absoluta miseria.

Sin cables

Básicamente la Witricidad desarrollada por los científicos actuales consiste en utilizar el principio de la resonancia para que un transmisor emita ondas electromagnéticas a 10 Hz, las cuales son canalizadas hasta una distancia de dos metros, donde otro receptor, también resonando a 10 Hz, las capta y convierte nuevamente en electricidad.

Para construir este ingenio utilizaron dos rollos de cobre, uno de los cuales, la unidad emisora, estaba físicamente conectado a una fuente de energía. Pero en este caso, en lugar de liberar esa energía a través de ondas electromagnéticas, las convertía en un campo magnético no radiante que oscila a determinadas frecuencias. Lo anterior permitiría que la transferencia de electricidad, que de forma natural tendería a disiparse, se concentre en un espacio limitado.

Así, según Peter Fisher, uno de los miembros del equipo del MIT, un ordenador portátil que estuviera en el interior de una habitación equipada con esta clase de energía inalámbrica se recargaría automáticamente, sin necesidad de estar enchufado, e incluso podría funcionar sin necesidad de batería.

Este no es el primer experimento en ese sentido. Hace unos meses investigadores de la compañía Apple Computer presentaron en el Museo de Historia de la Informática, en Mountain View, California, un altavoz para el iPod o reproductor digital, que se carga de forma inalámbrica con un sistema muy similar, ya que usa una bobina de cobre de 30 centímetros de diámetro que recibe la carga eléctrica a partir de los campos magnéticos generados por una segunda bobina, con el doble de diámetro, a aproximadamente un metro de distancia.

Ambos proyectos, secundados por una veintena más de iniciativas similares que se están investigando actualmente en el mundo, tampoco son muy nuevos. La idea original fue de Nicolás Tesla.

El verdadero padre de la radio

Nacido el 10 de julio de 1856 en el pueblo de Smiljan, entonces parte de la Frontera Militar austrohúngara, Tesla estudió ingeniería eléctrica en Hungría y de allí viajó a Budapest para trabajar en una compañía de telégrafos estadounidense. Pronto fue captado por los hombres de Thomas Edison y comenzó a investigar para este, primero en París y después en Nueva York.

El genio del investigador pronto chocó con las concepciones de Edison, al defender este la corriente continua y el austrohúngaro diseñar la corriente alterna, lo cual le permitió idear el primer motor eléctrico de inducción, en 1882. Esto hizo que se separaran e incluso se volvieran encarnizados enemigos, aunque al final la historia le dio la razón a Tesla, al demostrar la superioridad de la corriente alterna.

Considerado como un genio excéntrico, que jamás escribía sus proyectos, sino que los memorizaba y recordaba incluso años después, el científico logró en 1893 construir su primer prototipo de transmisión de energía eléctrica sin cables, asustando a los observadores al recrear descargas eléctricas que llegaron a tener voltajes similares a los de los rayos.

A su autoría se debe la invención de la primera fotografía de rayos X o del radiotransmisor, 15 años antes de que Guglielmo Marconi lograra su primera transmisión de radio, a pesar de que este es considerado por muchos erróneamente como el creador de esa tecnología.

Pero el mayor sueño de Nicolás Tesla fue siempre la energía inalámbrica, y a esta sacrificó buena parte de sus sueños y la fortuna que hizo con sus inventos.

Creía que se podía aprovechar la conductividad de las capas superiores de la atmósfera, la ionosfera, para distribuir electricidad libremente por todo el planeta, y soñaba con ello para iluminar la Tierra.

Incluso llegó a captar en su laboratorio señales de radio provenientes del exterior del planeta, por lo cual es considerado por muchos investigadores de vida extraterrestre como el primero que hizo contacto con estos, aunque recientemente se ha sugerido que podría tratarse de ruido radioeléctrico que existe en el espacio exterior.

No obstante, Tesla, obsesionado también con esa idea, llegó a proponer iluminar buena parte del desierto del Sahara con su tecnología de electricidad inalámbrica, para lanzar a los habitantes de otros planetas una señal de que aquí había vida inteligente.

¿Un venusiano en la tierra?

El hecho de tener una memoria prodigiosa, de apenas dormir tres horas al día, de poder estar hasta cinco días sin pegar los ojos, su memoria prodigiosa y sus inventos asombrosos, muchos de los cuales nunca se han podido repetir, hizo que se tildara al hombre de ciencias como loco e incluso en su época se corriera el rumor de que se trataba de un habitante de Venus llegado a la Tierra.

En realidad, más allá de su genialidad, Tesla sufrió la persecución y el robo de muchos de sus inventos, en buena medida por parte de Thomas Edison, que temía la capacidad creadora del científico e impulsó innumerables campañas para desacreditarlo, llegando incluso a construir la primera silla eléctrica y achacársela al austrohúngaro, para darle mala fama.

Tuvieron que pasar muchos años para que se reconocieran los aportes significativos al mundo de la electrónica de Nicolás Tesla, al punto de que actualmente en su honor se llamó «Tesla» a la unidad de medida del campo magnético en el Sistema Internacional de Unidades.

Y hubo que esperar más de un siglo para que algunos jóvenes científicos lograran reproducir su intento de generar energía eléctrica inalámbrica... aunque hacerlo de forma eficiente y continua todavía sigue siendo un sueño.

Sitios de ciencia en Internet explican el nuevo tipo de transmisión: Un circuito (A) ubicado en un enchufe en la pared, convierte la corriente estándar de 50/60 Hertz en 10 Megahertz y alimenta a la bobina (B). La oscilación interna de la bobina transmisora, causa que esta emita un campo magnético de 10 Megahertz. La bobina receptora (C) tiene exactamente las mismas dimensiones que la bobina emisora y su resonancia a la misma frecuencia, y, en un proceso denominado inducción magnética, toma la energía del campo magnético de la primera bobina (B). La energía del campo magnético oscilatorio, induce corriente eléctrica en la bobina receptora, iluminando la lamparita (D).

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