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Fototer: Un efectivo equipo terapéutico cubano está en el olvido

Un útil y probado equipo creado por científicos cubanos, que permite dar terapia antiinflamatoria y analgésica contra distintos padecimientos, sufre un inexplicable olvido

Autor:

Juan Moreno

La investigadora Esperanza Purón muestra el Fototer. A sus pies, cajas que contienen 350 equipos que permanecen olvidados en el IMRE desde 2006 Hace 40 años, nadie hubiese imaginado la influencia del láser en la vida del hombre, como no fuera en legendarias películas de ciencia ficción. Hoy, sin embargo, no sorprende escuchar hablar de su utilidad en la industria, la investigación científica o la tecnología militar.

El láser es un dispositivo electrónico que amplifica un haz de luz muy intensa y que sirve, entre otros usos, para detectar movimientos de la corteza terrestre, recortar componentes microelectrónicos, y en Medicina, para «soldar» la retina o perforar el cráneo.

Pero en estos tiempos de competencia, hasta al láser le ha salido un rival. Se trata del led, cuyo nombre corresponde a las siglas de light emitting diode (diodo emisor de luz), y que ya se emplea con éxito en la salud, donde la luz infrarroja se aplica como terapia.

En esta temática, especialistas del Instituto de Ciencia y Tecnología de los Materiales (IMRE) de la Universidad de La Habana, investigan desde hace más de diez años. Ellos crearon el Fototer 101 - M (foto viene de photo: luz en inglés, y ter de terapia), un dispositivo que emite luz infrarroja y que se aplica en el cuerpo humano con efectos antiinflamatorios y analgésicos.

Una de sus creadoras, la investigadora Esperanza Purón, expresó a JR que el Fototer —nombre de la marca registrada— «es una pequeña caja que guarda la instalación eléctrica, con un puntero similar a un bolígrafo, con el diodo emisor. De ese puntero sale luz infrarroja, que se aplica en zonas dañadas y sobre puntos de acupuntura (los mismos de las agujitas), con la ventaja de ser totalmente indoloro».

Luz que sana

Diversos especialistas de la salud pueden validar la eficacia del Fototer. Entre ellos está la doctora Inés Martínez, quien durante años lo empleó en su consultorio de la familia, en el municipio capitalino de Arroyo Naranjo.

«Lo utilicé en el círculo de abuelos de la localidad, con personas mayores que sufrían de artrosis. Les aplicaba la luz en los puntos dolorosos, y tuve muy buenos resultados. La terapia era tres veces a la semana, antes de los ejercicios que hacían en el parque. Luego de 15 sesiones, se veía mejoría en los casos crónicos; en los otros, antes».

La doctora Mayda Corbo, Máster en Estomatología y trabajadora de dicha Facultad en la Universidad de La Habana, utiliza el Fototer desde 1995, cuando realizaba su especialidad en prótesis. Como su tesis versaba acerca del empleo del láser en la salud bucal, se aventuró a tratar a sus pacientes con un led, y comparó los resultados.

«Realizamos un ensayo clínico, y fue cuando se validó el Fototer. Los resultados entre ambas luces (infrarroja y láser) fueron similares. Como ventaja, la primera es mucho más económica. Los equipos de láser son muy caros, mientras que el led se puede fabricar aquí a un costo muy inferior».

—¿Continúa usted utilizando el Fototer?

—Por supuesto. Hasta el año 2006, en que defendí mi tesis de maestría, había tratado a más de 360 pacientes con trastornos temporomandibulares, como el no poder abrir la boca, o trabárseles la mandíbula después de la extracción de una pieza o la instalación de una prótesis.

—¿Qué ventajas posee este equipo?

—Ofrece una terapia indolora, sin secuelas, y los resultados comienzan a verse alrededor de las diez sesiones, 15 como máximo. Es totalmente inocuo y muy útil en pacientes alérgicos a algún medicamento.

—¿Por qué cree que no se ha extendido su uso?

—Pienso que es un problema de desconocimiento. Cuando empezamos a usar el led, nadie creía en él. Hoy el mundo conoce sus beneficios y es muy utilizado, no solo en la Medicina. Pero en nuestro país no sucede así. Creo que tampoco ha tenido suficiente divulgación.

Luz con telearañas

La Máster en Ciencias Físicas Esperanza Purón nunca imaginó el alcance de su invención. Pero está probado que el Fototer puede aliviar molestias de diversos orígenes.

«El equipo resultó destacado en el Fórum Nacional de Ciencia y Técnica de 1995. Se inscribió en el Centro de Equipos Médicos en 1997, y ese año se nos otorgó el primer registro médico para el tratamiento de disfunciones temporomandibulares. Es justamente la estomatología la esfera donde más se ha usado, aunque no se ha extendido a las clínicas dentales. De hecho, la mayoría no lo tienen».

—¿Por qué ocurre esto?

—La introducción es difícil. El Ministerio de Salud Pública nos ayudó mucho a hacer el ensayo clínico, así como en el trabajo de producción del equipo y en su inscripción. Pero no ha sucedido así con su generalización.

«En 1998 y 1999 hubo un desarrollo de la medicina natural y tradicional, y las personas que lideraban esa actividad conocían los efectos de la luz y le dieron un impulso grande a este trabajo. Adquirieron equipos y los situaron en policlínicos.

«Este proyecto con el MINSAP en estomatología se cortó a principios de los 2000. Después tuvimos ayuda del Hospital Fructuoso Rodríguez y su Clínica del Dolor. Allí se obtuvieron logros muy novedosos en diversas enfermedades, como la epicondilitis, la tendinitis, la cervicalgia y el espolón calcáneo. Pero esa experiencia no se generalizó.

«En 2006 se fabricó un lote de 500 equipos. Parte de ellos integró un proyecto que hicimos con la empresa Ecosol Solar, gracias al cual se llevaron hacia las montañas, con la idea de que los médicos de la familia usaran esta terapia como vía alternativa. Este trabajo tuvo un gran impacto social e implicó además múltiples labores de asesoramiento a terapeutas y médicos».

El secreto del Fototer es el puntero con el diodo emisor, y la cajita para guardar la instalación eléctrica. La  luz inflarroja ofrece una terapia indolora, totalmente inocua y muy útil en pacientes alérgicos a algún medicamento. —¿Cuál es el costo de un equipo?

—Cuesta alrededor de cien CUC, porque casi todos sus componentes se importan. Pero creo que hay condiciones para fabricarlo en el país, y se abarataría más. Con los años el equipo ha evolucionado; ahora es más ligero, cómodo y fácil de manejar. Pero tenemos ideas de otros todavía más chicos. Hay maquetas para hacerlo portátil, con baterías, para llevarlo encima y no depender de la electricidad.

—¿Cuántas unidades se han fabricado en estos diez años?

—Un total de 750. Para ser un dispositivo tan útil, sobre todo para la atención primaria de salud, es una cifra pequeña. En La Habana debe haber unos 80; hay también en Matanzas, Camagüey y Santiago de Cuba.

«Sin embargo, aún tenemos guardados 350 desde 2006, esperando por que alguien se interese en ellos. De vez en cuando los sacamos, los aireamos, les damos sol, pues van cogiendo humedad. Su generalización no depende del IMRE. Nosotros solo lo producimos y adiestramos a los médicos.

«Nuestra esperanza es un taller que daremos a fines de mes en el Hospital Nacional de Reclusos —donde hace nueve años se aplica el Fototer—, al que asistirán los servicios médicos de la capital. Esa podría ser una salida para esos equipos».

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