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Apostar por una Isla siempre joven

El 2 de agosto de 1978, por una propuesta del Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, se aprobó el cambio de nombre de Isla de Pinos por el de Isla de la Juventud

Autor:

Juventud Rebelde

El 2 de agosto de 1978 se cambió el nombre de Isla de Pinos por el de Isla de la Juventud Cuando Raúl Roa, en su condición de vicepresidente de la Asamblea Nacional, proclamó el 2 de agosto de 1978 el cambio de nombre de Isla de Pinos por el de Isla de la Juventud, bautizó el sueño de cientos de jóvenes cubanos que vinieron a esta ínsula para acelerar los programas de desarrollo atrasados por el devastador huracán Alma (1966).

Fue la escalinata del Presidio Modelo —por donde también descendieron Fidel y sus compañeros el 15 de mayo de 1955 cuando el pueblo logró su amnistía— el escenario del acto de proclamación, presidido por el Comandante en Jefe, donde el Canciller de la Dignidad aludió a la claridad y visión de futuro de Fidel cuando auguró un porvenir excepcional a esta Isla mediante el trabajo, la audacia, la iniciativa y el tesón.

Corría la década del 60. El barco se balanceaba por el oleaje mientras enfilaba proa al islote que, en la medida en que se acercaba, dejaba ver la cima de sus lomas en señal de bienvenida a aquel grupo de muchachas y muchachos que acudieron al llamado de la UJC y arribaban a costas pineras para dejar sus huellas sudorosas y fértiles.

Eran casi unos niños todavía y en la mirada se notaba el deseo de hacer. Caminaban como los grandes hombres, seguros y firmes. Venían de todas partes, del oriente, el centro y el occidente de Cuba; dejaron atrás familias, amigos, amores y sueños para contribuir a levantar una isla, rescatada del olvido el 1ro. de Enero de 1959 y que sufrió la devastación de un fenómeno natural.

Poco a poco las manos juveniles la transformaron. Se eliminó la Zona Franca, construyeron carreteras y la red de acueducto y alcantarillado de Nueva Gerona, levantaron la torre de televisión, crearon el criadero nacional de ganado de la raza Cebú, fomentaron la agricultura y el plan citrícola que identificó por muchos años a este terruño.

Recuerdo muy bien, porque estudié y trabajé en ellas, las 60 escuelas en el campo con capacidad para 500 estudiantes de las enseñanzas Media y Media Superior, donde se materializó el precepto martiano del estudio y trabajo en la formación integral de los jóvenes, quienes llegaron a ser los principales artífices de la producción de cítricos.

Esa revolución educacional también benefició desde 1976 a miles de niños y adolescentes de África, Asia y América Latina en todos los niveles de enseñanza. Aquí se formaron los recursos humanos de más de una veintena de naciones en carreras pedagógicas y técnicas, además, fue también sede de la formación de médicos latinoamericanos como parte de la iniciativa del ALBA, hasta la llegada del huracán Gustav en el 2008.

Entonces se repitió la historia. Otros cientos de jóvenes integrados en la Columna Aniversario 50 del Triunfo de la Revolución reeditaron la hazaña. Con sus manos ayudaron en la reconstrucción de viviendas, siembra y cosecha de viandas y vegetales, rescataron cultivos dañados y sobre todo, con su empeño sanaron muchas heridas en el alma de los pineros.

Quiso el azar que 31 años después de la proclamación de la Isla de la Juventud, estos otros jóvenes regresaran por el mismo camino de aquellos que hoy peinan canas, con igual misión: levantar una Isla devastada por huracanes y, una vez más, juntos aquellos y los de hoy, revivieron emociones este domingo 2 de agosto al calor de las remembranzas del pasado reciente, y apostaron seguros por una Isla siempre joven.

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