Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Innovar, crear, liderar

En Cuba, agobiada por uno de los momentos más críticos de su historia debido a factores como el prolongado bloqueo de Estados Unidos, la Red Juvenil Comunitaria emerge como un proyecto que pretende convertir cada barrio en un bastión de resistencia, solidaridad y creación, demostrando que la juventud no es espectadora, sino protagonista del futuro que quiere construir

Autor:

Reynaldo Zaldívar Osorio

Las crisis económico-sociales que han afectado a la humanidad tienen un impacto profundo en la subjetividad de los jóvenes, transformando el sentido que adquiere su existencia. Para unos es muy común cuestionarse su verdadera función o utilidad dentro de la comunidad; para otros la crisis es un llamado a la acción, conscientes de que su actitud individual afectará de manera positiva la totalidad del conjunto.

Los jóvenes representan un recurso fundamental para el desarrollo de cualquier país. Su conexión con los proyectos sociales es una herramienta imprescindible para asegurar la estabilidad económica, política y espiritual. El efecto contrario es igualmente poderoso: cuando las nuevas generaciones se desconectan de los proyectos colectivos, surge un efecto en cadena que incide directamente en el deterioro de la sociedad.

Por si fuera poco, el mundo moderno agrupa valores de referencia que no siempre son positivos. En lugar de encontrar modelos a seguir que fomenten un compromiso social profundo, muchos se ven atrapados en una cultura superficial que prioriza el éxito material sobre el bienestar colectivo.

La historia nos enseña que las sociedades más progresistas no han surgido por casualidad, sino porque supieron reconocer y potenciar el ímpetu transformador de sus juventudes. Desde la Reforma Universitaria de Córdoba en 1918, pasando por la Revolución Cubana en la década de 1950, hasta los movimientos estudiantiles del 68 en París, los jóvenes han sido la vanguardia que ha sacudido estructuras anquilosadas e impulsado el progreso en todas las latitudes.

Sin embargo, el panorama no siempre es alentador. En el último período, países como Argentina han sido testigos de un fenómeno que se repite en varias naciones de la región. El descontento juvenil no es apatía, sino un grito contra instituciones que no escuchan y que no ofrecen un horizonte. Siete de cada diez jóvenes argentinos aseguran que la política les genera emociones negativas; más del 60 por ciento declara que la política les interesa, pero siente que las instituciones no los representan.

La precariedad laboral, la falta de horizontes y una creciente desconfianza en el sistema han fracturado el vínculo entre las nuevas generaciones y el proyecto de país. Este es solo uno de muchos ejemplos que podrían citarse: una muestra elocuente de cómo una sociedad, al desatender las voces y necesidades de su juventud, siembra las semillas de su colapso.

Cuba atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia. Nuestra sociedad se deteriora a un ritmo impredecible, producto de una guerra sicológica y económica despiadada, orquestada por el prolongado bloqueo de Estados Unidos —una política calificada justamente como «obsoleta, injusta y deshumanizante». Ante esta realidad, no hay espacio para el pesimismo sino para la acción creativa.

El sociólogo Zygmunt Bauman, al describir la sociedad actual como «modernidad líquida», nos advertía que vivimos en una época donde las estructuras sociales se disuelven más rápido de lo que pueden consolidarse. Las instituciones, los vínculos y las certezas que antaño daban sostén a las comunidades se han vuelto frágiles, temporales y cambiantes. Los jóvenes, inmersos en esa «liquidez», enfrentan un mundo de incertidumbres donde las promesas de estabilidad se desvanecen y el futuro se percibe difuso.

Esa misma «liquidez» que desorienta puede convertirse en una oportunidad: la flexibilidad, la capacidad de adaptación y el ingenio que caracterizan a las nuevas generaciones son precisamente las herramientas que la sociedad necesita para encontrar salidas creativas. Pero para que esa energía se canalice hacia la construcción colectiva, se requiere de proyectos que convoquen, que den sentido y que ofrezcan un horizonte compartido. Hoy, más que nunca, nuestra sociedad demanda del ingenio y el intelecto de los jóvenes para encontrar vías que permitan a la nación respirar, avanzar y alcanzar el bienestar que merece.

Consciente de este desafío, la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) ha lanzado la Red Juvenil Comunitaria, un programa audaz destinado a estimular el protagonismo juvenil en todas las esferas de la vida social. Esta iniciativa no es un simple proyecto más, sino una respuesta organizada del pueblo joven que pretende convertir a cada comunidad en un bastión de resistencia, solidaridad y creación.

Bajo el lema «Innovar, crear, liderar», la Red se despliega en múltiples frentes de acción: la defensa y protección civil a través de Zona joven segura; el enfrentamiento a la batalla energética con soluciones tecnológicas mediante Voltaje juvenil; la vinculación de los jóvenes con la producción de alimentos y el empleo en Tu aporte cuenta; el combate a la desinformación y la formación de comunicadores en narrativa digital con Código joven; la solidaridad con adultos mayores, embarazadas y personas vulnerables en Aquí con mi barrio; el fortalecimiento de la formación ideológica a través de Conciencia joven; y la promoción de la cultura, el deporte y la recreación como herramientas de identidad y resistencia en Cuba viva.

Cada una de estas líneas de trabajo convoca a los jóvenes a poner sus talentos al servicio de la comunidad, y demuestra que la respuesta a la crisis no puede esperar ni venir de fuera, sino que ha de brotar del compromiso cotidiano de quienes creen en el futuro de su país.

Con estos proyectos, el humanismo predicado por José Martí sale de la cansada posición de busto y se adentra en el alma de los cubanos, que fundamentan en su enseñanza el constructo de la sociedad. Esta ha de atender con cuidado a las masas, principalmente las que sufren las dolencias por las enfermedades, la vejez, la falta de esperanza y la escasez de recursos básicos para la vida. La Red Juvenil Comunitaria recoge ese espíritu martiano con el fin de convertirlo en acción cotidiana.

Mientras algunos países, acunados por la opulencia de sus Estados de Bienestar, pueden permitirse el lujo de tener jóvenes que distribuyan sus fuerzas principalmente en el campo del entretenimiento y el ocio, nosotros, los jóvenes cubanos, tenemos un compromiso indeclinable con nuestro tiempo: hacerlo mejor. Este es el momento de ser consecuentes con la historia que nos ha tocado vivir. No se trata de un sacrificio estéril, sino de una oportunidad única para poner nuestro ingenio al servicio de la construcción de un país mejor.

La juventud cubana no puede ser espectadora, ha de ser, con urgencia, sujeto activo en las lides diarias de la cotidianidad. La historia nos demanda protagonismo, y la Red Juvenil Comunitaria es la trinchera desde la cual podemos —y debemos— dar la batalla por el futuro.

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