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Rosas que perfuman a Cuba

Las mujeres de esta Isla han llegado incluso a tocar las nubes, y otras, también muy jóvenes, son capaces de liderar la organización que las aúna con el propósito de asegurar el conquistado ejercicio de sus derechos

Autores:

Mayra García Cardentey
Adianez Fernández Izquierdo

En cualquier espacio de Cuba puede encontrarse una historia singular de una mujer que ha desplegado sus sueños. Muchas los refrendaron en los años fundacionales de la Revolución, mientras las más jóvenes ensanchan con sus energías las puertas que se abrieron hace más de medio siglo.

En dos puntos disímiles de nuestra geografía conversamos con tres jóvenes que engrandecen la historia de la mujer cubana.

Flores sobre las nubes

Dejar los problemas en tierra y concentrarse en cada acción, luego un pensamiento dedicado a sus familias, a su futuro... Todo eso pasa por sus mentes en el breve instante que transcurre antes de subir al avión en la Brigada de Aviación de la Guardia Playa Girón, de San Antonio de los Baños. Ya han aprendido bastante, a pesar de sus poco más de 20 años, pero para Yudelmis López y Yailín Cobas sigue siendo un reto el ascenso a las nubes.

Es cada vez más usual que las féminas estudien para hacerse pilotos en nuestro país. Sin embargo, en el camino han debido sortear incomprensiones de los padres, miedos de la familia y recriminaciones de quienes guardan aún rezagos de machismo, a pesar de que desde hace más de medio siglo el Estado garantiza y defiende la plenitud de sus derechos en todos los ámbitos de la sociedad.

A Yudelmis, desde su natal Ciego de Ávila, la atraparon esos pájaros ruidosos surcando el cielo. Desafiar ese peligro, llegar a sitios impensables a gran velocidad, a gran altura, era una pasión, y por ella debió convencer a la familia. Tras mucho estudio y superar chequeos médicos rigurosos se hizo piloto y hoy se desenvuelve con soltura, destreza y valor.

«Ya casi se cumplen tres años de la primera vez que subí a un avión. Fue el 20 de octubre de 2009 y no quería bajarme. Nunca lo voy a olvidar, ese día entendí que ese era realmente mi sueño», confiesa emocionada.

«Nunca pensaron en la mujer para pilotear un helicóptero, pero dos compañeras más y yo demostramos que se puede. Hoy quisiera pasar todo el tiempo encima de él, pues volar es para mí lo mejor», revela.

Con Yailín, quien ya acumula 70 horas de vuelo, sucedió algo similar. La vocación de piloto nació con ella. En el camino tuvo muchos obstáculos. Primero, la familia no estaba de acuerdo y después debió imponerse ante las incomprensiones de quienes creían que esa profesión era solo para hombres. «Tuvimos que sobresalir y demostrar capacidad y valor en todo momento», cuenta.

Quien las observa, no halla en ellas un solo detalle que no inspire femineidad. Ni siquiera con el traje de pilotos, igual al de los hombres, ocultan ese aire de flor, esa ternura de mujer, esa candidez. Nada las diferencia de otras… quizá solo un poco más de valor, mejor preparación física, una salud de hierro, o quizá nada. Simplemente son mujeres cubanas.

La altura de Laura

Laura Elena Ochoa Oliva no deja de sonreír nunca y denota, a pesar de la algarabía que siempre la rodea, una dosis de responsabilidad que quizá algunos no imaginen en personas de su edad. Esta joven, aunque no es piloto como Yailín y Yudelmis, también siente que ha tocado el cielo,

Para ella todo comenzó cuando, de niña, ayudaba a su mamá a recoger la cotización de las integrantes de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) en su edificio, o en aquellas ocasiones en que, junto a sus amigas, se disfrazaba y bailaba una danza recién inventada para la actividad del 23 de agosto, fecha que conmemora la fundación de la organización.

En las andanzas con su progenitora aprendió por qué se creó la FMC, qué representa para las féminas de todo el país y cuánto, a raíz de su creación, se ha logrado en pos de la equidad de género en la nación.

Ella es hoy la entusiasta secretaria organizadora del bloque general 185 del Consejo Popular Diez de Octubre, en la cabecera provincial de Pinar del Río. Tiene solo 14 años, apenas unos meses en el cargo y revoluciona a todo el barrio cuando se acerca una fecha señalada.

Considerada una de las más jóvenes representantes del secretariado a nivel de base de la FMC en el territorio, Laura Elena no deja de ser tampoco la típica jovenzuela a la que le gusta bailar los viernes en la «discofiñe» del reparto, estremecer el cuerpo con el reguetón del momento, enamorarse con los temas de Ricardo Arjona o aspirar a convertirse en una estilista reconocida en la comunidad.

«Pero quién dice que no se puede hacer de todo a la vez».

Una libreta meticulosamente confeccionada con los teléfonos de cada uno de los apartamentos que conforman su bloque, una memoria prodigiosa para nombres y rasgos físicos de sus federadas y una gracia potencial para convocar a mayores y chicos la convierten en una organizadora única.

Con el rigor y el amor que imprimen a lo que hacen estas tres jóvenes, perfuman, definitivamente, la Cuba de estos tiempos.

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