Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

El más universal de todos

Martí constituye en Cuba un referente integral que une, educa y sigue perfeccionando a la nación

Autor:

David Rodríguez

Es evidente que Martí constituye en Cuba un referente integral que une, educa y sigue perfeccionando a la nación antillana, desde el estudio de su obra y la actualización de la misma al contexto actual, sin renunciar a los principios de independencia y justicia social. Pasó de ser el más universal de todos los cubanos a convertirse en un ejemplo para la humanidad, en una necesidad referencial para la mejor praxis utópica de los que luchan por el mejoramiento humano y social en cualquier parte del mundo, de aquellos que denuncian las injusticias del capitalismo y del imperialismo, y de los que construyen alternativas al sistema económico y social que oprime y explota al ser humano, a los pueblos y a la naturaleza.

El Martí más fecundo de todos considero que es el revolucionario de las ideas. Nos ha legado una gran cantidad de textos y pensamientos, materializados con su ejemplo vital. Y es precisamente por esta coherencia y esta utilidad de sus ideas, más allá de su tiempo, que su aportación es universal.

La vigencia de su pensamiento en la actualidad es especialmente útil en el escenario de la batalla ideológica que enfrenta la izquierda mundial frente a la hegemonía cultural del capital, ese pensamiento único que impone una cosmovisión incuestionable y que naturaliza la injusticia, el egoísmo, el individualismo y la explotación, pretendiendo confirmar el fin de la historia.

En este sentido, me gustaría compartir algunas ideas sobre las principales características que respaldan la proyección universal y la vigencia de Martí, más allá de las fronteras de nuestra querida Isla revolucionaria.

Son unas reflexiones expresadas por un martiano valenciano, desde la misma tierra que vio nacer al padre don Mariano y que acogió al pequeño Martí por el espacio de un par de años, allá por 1857, y de la misma ciudad que acogerá este enero un sentido homenaje, en una jornada organizada por la asociación valenciana de amistad con Cuba José Martí:

Patria es Humanidad. Esta es una máxima de internacionalismo solidario que refleja un concepto de Patria unida a la justicia social sin fronteras. Martí, por su experiencia vital y sobre todo tras su recorrido por Europa, y especialmente por el continente americano, adquirió una formación y una convicción como revolucionario tras conocer de primera mano la violenta esclavitud, la humillación de los pueblos originarios o de la clase trabajadora en multitud de territorios, todas ellas con un denominador común, el colonialismo que divide y explota a los pueblos hermanos. Esta experiencia, aprendida de joven junto con la historia de Bolívar, San Martín y otros libertadores, le permitieron desarrollar su vocación latinoamericana y mundial, de solidaridad fraterna entre los pueblos. Un verdadero ejemplo para nuestro tiempo, que sigue desarrollando Cuba a través de la cooperación Sur-Sur con médicos, maestros y otros profesionales.

Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar. La lucha de independencia y por una Patria libre no podía estar separada de la justicia social y del reparto equitativo de la riqueza. Todo ello, además, dándole el protagonismo y la voz al pueblo, relegado en tiempos de la Colonia a la condición de súbdito y trabajador explotado por el capataz de turno. Es imprescindible seguir estando al lado de los que sufren, desde la empatía caminar junto con los excluidos y olvidados, y empoderar a esa mayoría social para que diseñe su propio futuro, sin tutelajes ni injerencias.

Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz. El Apóstol entregó su vida sin esperar nada a cambio. Este es un legado de profunda actualidad que nos deja Martí, en un contexto mundial en el que la política se ha convertido en un espectáculo mediático frívolo, en un negocio y en una ostentación del poder represor ajeno a las necesidades de las clases populares, un poder que defiende los intereses de los grandes oligopolios y que utiliza a estos actores políticos. Hay que recuperar el valor de la militancia, en la vida y en la política, una actitud que aporta lo mejor de cada cual sin esperar nada material, y en la que se actúa por convicción y principios.

Los derechos se toman, no se piden; se arrancan, no se mendigan. Martí nos legó que la libertad y los derechos no se regalan por los poderosos, sino que se consiguen tras una dura lucha, y de esta manera avanza la sociedad, tal y como explicó científicamente el pensamiento marxista. Hoy en día, todas las conquistas del pueblo trabajador son el resultado de la lucha de ayer, y la resistencia ante las políticas de recortes del neoliberalismo es la muestra más actual de esta tesis.

Quien se levanta hoy con Cuba, se levanta para todos los tiempos. En la constitución del Partido Revolucionario Cubano Martí ya dejó definido que junto a la libertad de Cuba se luchaba por la de Puerto Rico. La conciencia que se adquiere al defender una causa justa, ya no se limita nunca más a una reivindicación corporativa, más bien al contrario, se eleva el nivel de conciencia que permite entender la realidad compleja y conectada, donde una decisión política afecta al conjunto de la sociedad, más allá de una realidad concreta. Permite pasar de lo concreto a lo general, desde la radicalidad del análisis.

Solamente un pueblo culto puede ser verdaderamente libre. Un pueblo culto y apegado a la verdad no se deja engañar. En un mundo actual caracterizado por el poder de los medios e instituciones de persuasión masiva, capaces de convertir una mentira en verdad a través de la manipulación o la descontextualización de la información, generan estados de opinión que justifican hasta la mayor de las injusticias o censuran a cualquier alternativa. Por tanto, es necesario desarrollar una política activa y consciente de la cultura y la educación en todos los ámbitos, crítica y reflexiva, que ayude a interpretar y cambiar la realidad, como teorizó y desarrolló el Apóstol.

Hacer es la mejor manera de decir. Martí nos dejó innumerables textos de poesía y prosa, artículos y ensayos políticos, revistas, libros educativos, entre otros. Pero tal vez el tesoro más valioso que nos legó fue su ejemplo, su acción consecuente, que le dio la autoridad moral y política ante los grandes generales y las curtidas fuerzas libertadoras, y a la población en general. Hoy necesitamos hombres y mujeres que hagan lo que dicen.

Lucha contra los gobiernos opresores, no contra sus pueblos. En la exigencia del derecho inalienable de la independencia de Cuba Martí diferenciaba claramente el gobierno opresor del pueblo trabajador y solidario. Un ejemplo clarificador es el nivel de solidaridad que mostró el pueblo cubano, tan solo 40 años después de la guerra de independencia, con la Segunda República y la guerra en España, que abrazó la defensa de la causa republicana como propia. La solidaridad entre los pueblos no se puede bloquear, por mucho que los gobiernos ejerzan la fuerza y la hostilidad contra otros pueblos y gobiernos.

Unidad y organización para la lucha. El Apóstol cubano supo aglutinar a todas las fuerzas independentistas y tuvo la capacidad de articular la estrategia para afrontar la Guerra Necesaria, aprendiendo de los aciertos y de los errores de las etapas anteriores. La unidad es una de las mayores enseñanzas de la Revolución Cubana, enseñanza que recibió del propio Martí.

Compromiso sin equidistancia ni renunciar a los principios. Martí le dio sentido a su vida con la lucha por la libertad de Cuba. Sabía bien cuál era su objetivo, y con una gran pedagogía sumó a todas las fuerzas que compartían las mismas aspiraciones, uniendo en la diversidad, pero sin renunciar a los principios. Son la razón de ser, la guía y el objetivo final hacia el que caminar, la utopía que unifica deseos comunes y estimula al caminante. Si se renuncia a ellos, aunque sea temporalmente, estaremos dejando de ser lo que fuimos, y el pragmatismo cortoplacista desvirtuará nuestra tarea.

El equilibrio del mundo. Las concepciones filosóficas y políticas que desarrolló Martí como principios rectores y que dejó plasmados en sus escritos, adquieren un sentido universal y actual. No hay más que observar el devenir del siglo XX y el inicio del XXI, con el resultado de un mundo muy desigual, bajo un sistema económico depredador que lleva al límite a la naturaleza, que genera hambre y que no evita millones de muertes cada año por enfermedad, basado en unos valores culturales hegemónicos como el egoísmo, el individualismo o el consumismo materialista, contrarios a los ideales martianos.

La presencia y reconocimiento de José Martí fuera de Cuba no es la que le corresponde, sobre todo en Europa. Su figura sufre el bloqueo mediático que pretende silenciar las voces molestas a los intereses de los poderosos. O queda relegada en el ámbito académico abstracto. Y más allá de bustos, estatuas y tarjas en lugares señalados, necesarios y desgraciadamente insuficientes, a Martí le debemos, sobre todo, nuestro compromiso activo para mantener vivo su legado, actualizar su discurso y materializar sus ideas en la realidad de cada contexto, como hizo la Generación del Centenario en la Cuba de los años 50 del siglo XX.

A José Martí hay que leerlo, estudiarlo y cuidarlo de las manipulaciones maniqueas e interesadas. Hay que apoyar y divulgar su obra. Cuanto más y mejor se conozca la obra de José Martí, más se avanzará en la construcción de una alternativa social que dote del equilibrio necesario a la humanidad, desde mi concepción, el socialismo. De esta manera, seguiremos demostrando que José Martí sigue vivo, que no solo es útil sino también necesario, y contribuiremos a hacer a Martí, aun más si cabe, el más universal de todos, también de los cubanos.

 

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