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Quien a buen profe se arrima...

Considerada una de las proyecciones de mayor alcance estratégico entre las aplicadas en el país para suplir el déficit de maestros en los primeros niveles de enseñanza, el rescate de las escuelas pedagógicas tiene un buen referente de calidad, vocación y compromiso en el extremo oriental de la Isla

Autor:

Haydée León Moya

GUANTÁNAMO.— Con un déficit de educadores tocando fondo por varios años, una problemática que incluso ahora mismo no está completamente resuelta, parecía cierta la percepción popular de que a inicios del presente siglo en Cuba los jóvenes no querían ser maestros. Todavía hoy esa idea sigue rondando como un fantasma que se alimenta solo con argumentos de índole material.

No es que el noble oficio esté hoy entre las carreras por las que más se inclina la mayoría de los muchachos de la Isla, pero esa idea tan absoluta pierde argumentos cuando el Ministerio de Educación sigue aplicando variantes para que, ante una cobertura docente que todavía no es total, siempre haya quién dé las clases.

El renacimiento en 2010 de las escuelas  pedagógicas en la Isla, para la formación inicial de docentes en las educaciones Prescolar, Especial y Primaria,  y posteriormente, a partir de nuevas necesidades de maestros primarios de idioma inglés y profesores de Secundaria Básica evidenció que entre la juventud sí hay muchos con vocación para el magisterio.

La provincia de Guantánamo estuvo entre las primeras en reabrir este tipo de escuela, la José Marcelino Maceo Grajales, ubicada en el complejo educacional de igual nombre, con sólidos resultados en indicadores de calidad.

Esta escuela que abrió sus aulas con dos especialidades, maestro primario y prescolar, y luego incorporó inglés y enseñanza especial, hoy prepara a futuros maestros en 12 especialidades, al sumar recientemente varias relacionadas con la apreciación de las artes, e Historia, Matemática, Física y Química para Secundaria Básica.

Y no dejan de mostrar su alta vocación por el magisterio los jóvenes del Guaso. En sus ocho años de existencia la matrícula promedio oscila entre 800 y mil estudiantes, y en el presente período lectivo sobrepasó los 1 500, sin contar los que se inician para desempeñar esa labor en la escuela pedagógica del municipio de Baracoa, surgida hace dos años para acoger a estudiantes de esa localidad y de Maisí.

No se trata de ocupar una opción que luego puede quedar desierta en el camino, pues la eficiencia en el ciclo se comporta al 79,6 por ciento, que está evaluado de muy bien por el Ministerio de Educación, ya que el propósito nacional es que en centros de esta categoría se logre el 71 por ciento de graduados con respecto a la matrícula del curso.

Con hondo arraigo martiano, fidelista y patriótico, y ante el reto de lograr graduados que, al tiempo que respondan a las exigencias del magisterio culto y creador que requiere la sociedad cubana actual, estén dispuestos a consagrarse a esta profesión. La institución ha aportado hasta hoy 1 755 noveles maestros.

Todo ello pudo ser constatado en el intercambio que sostuvo recientemente el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, con un grupo de estudiantes de esta escuela.

La relación entre los futuros docentes en formación es importante para impulsar estrategias de trabajo.Fotos: Lorenzo Crespo Silveira

Resulta de mucho agrado llegar sin previo aviso allí y apreciar, «la madurez, el sentimiento, el compromiso y la educación de los alumnos de la escuela pedagógica», como  dijo el mandatario cubano al concluir la visita gubernamental que durante dos días encabezó en este territorio.

Esos valores se respiran en aulas, pasillos y cada rincón de la escuela. Una escuela estructuralmente hermosa, con 16 dormitorios (la mayoría de los estudiantes son internos) cuyo confort mejorará, si es que puede ser mayor, cuando concluya una inversión en marcha y donde el referente de calidad que te da cualquier alumno es su claustro de profesores conformado por 156 docentes de amplio perfil.

La directora del centro, Neosbeidy Cardona Turcaz, una experimentada educadora, graduada de la especialidad de de Marxismo e Historia en el Instituto Superior Pedagógico de Guantánamo, coincide con tal apreciación, pero añade la nobleza y el interés de los estudiantes, a los ingredientes que la distingue.

De donde nace la vocación

Desde siempre, en los pueblos rurales de esta parte del país, ser maestro es un buen aval para ganarse el respeto y el aprecio de la gente.

Por eso los padres de Maday Medina Rodríguez —él campesino y ella ama de casa—, residentes de la intrincada zona de Cupeyal, en el municipio guantanamero de El Salvador, se sienten felices de que la menor de sus hijos haya seguido los pasos de tres de sus cuatro hermanos.

«Uno de los varones es profesor en una secundaria y mis hermanas se formaron en esta  escuela. Las dos terminaron la carrera como las mejores graduadas integrales en mi misma especialidad, maestro de Primaria.

«Pero no faltaron personas que le dijeran a mi  papá: Pero, Misael ¿tú sabes lo que es tener cinco hijos y que casi todos sean maestros, desperdiciándose, sin poder ayudarte a trabajar la tierra, tan dura que está la vida?

«Y mi papá, que es un guajiro muy inteligente, siempre les decía lo mismo: “Más dura se pondría sin maestros”.

«Durante casi toda la Primaria yo fui la única alumna de la escuela. Tenía una maestra y un montón de recursos solo para mí allá en Cupeyal. Ella se paraba frente al aula, caminaba y proyectaba la voz como si el aula estuviese llena. Era joven y muy buena. Y siempre quise ser como ella», cuenta la joven.

Profesión que distingue

Eiker Keyler Rivera Reyes ya cursa el cuarto y último año de su carrera inicial como maestro y apenas tiene 18 de edad. Nació en el barrio Jesús Lores, en el municipio de Imías y por allá mismo nació su interés por el magisterio.

De su madre que es sicopedagoga, de la consagración que él vio siempre en ella, y de no escucharla nunca quejarse por el salario del maestro, nació su vocación.

Pero él está más que convencido de que todo su sueño por convertirse en educador, se hizo bien real al ingresar a la escuela pedagógica, en la especialidad de maestro de Primaria.

«La escuela superó mis expectativas y la práctica, nada menos que en mi propio barrio, mucho más. He tenido como tutores, o colaboradores, a quienes fueron mis maestros en la Primaria en la misma escuela donde estudié. Yo no me lo podía creer. Es una experiencia que fortaleció mi vocación. «Y sé que tenemos un reto muy grande, al pretender lograr que socialmente seamos reconocidos por lo que significa ser maestro. Aunque nos graduamos muy jóvenes, nuestro comportamiento dentro y fuera del aula debe marcar la diferencia porque la gente no concibe un maestro o un aspirante a maestro mal uniformado, empujando para subir a una guagua, o con un equipo portátil de música a todo volumen en plena calle.

«Cuando esas cosas suceden, a todos nos valoran igual, absolutizan y dicen que no estamos preparados para enseñar a nadie».

Compromiso y vocación

Roilán Columbié Muguersia, de La Máquina, en el municipio de Maisí, se gradúa al término del presente curso escolar como maestro en enseñanza Especial. Decidió ser maestro porque fue un llamado de la Revolución e impulsado por su padre, que es mecánico industrial, y su mamá, ama de casa. Al hablar del empuje en casa, el también presidente de la FEEM en la escuela pedagógica cuenta:

«Mis padres me decían que por el carácter que tengo, paciente, siempre de buen humor y con curiosidad por saberlo todo, podía ser un buen maestro. Y me lo creí.

«En realidad, cuenta Roilán, siempre quise ser maestro en un aula multigrado, como en la que hice la Primaria allá en Maisí; pero cuando terminé el 9no. grado ofertaron por primera vez la especialidad que estudio, y por curiosidad, más que por vocación, opté por ella ¡y no sabes cuánto me alegro!».

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