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Mano a mano entre la vida y la muerte

JR se acerca a la historia del joven Rodolfo Morales Mato, quien próximo a concluir la especialidad de cirugía cardiovascular, acaba de recibir la Orden Julio Antonio Mella, que otorga el Consejo de Estado a propuesta de la UJC

Autor:

Nelson García Santos

Santa Clara, Villa Clara.— A pesar de lo amargo y desgarrador de que una vida se esfume en un quirófano, es peor que un paciente fallezca antes de la fecha fijada para la intervención quirúrgica, dice el joven Rodolfo Morales Mato, mientras se reflejan en su rostro las emociones que afianzan sus palabras.

Al encuentro con Morales Mato, quien está próximo a concluir la especialidad de cirugía cardiovascular, acudí por un relevante motivo: le acaban de entregar la Orden Julio Antonio Mella, que otorga el Consejo de Estado a propuesta de la Unión de Jóvenes Comunistas.

«¡Qué clase de héroe es Mella. Prefiero hablar sobre él en presente como suelo evocar a tantísimos patriotas dignos que tenemos. La distinción ha sido una inolvidable y grata sorpresa», enfatiza.

—¿Qué sentiste?

—La misma emoción que al recibir en 2015 la Medalla José Antonio Echeverría, es decir, un profundo agradecimiento, y trato de honrar esas distinciones con una actuación digna.

Buen comunicador, con un verbo desenredado, un don indispensable para su profesión, la pasión por salvar o alargar la vida de las personas le llegó, literalmente, desde la infancia.

Desde temprana edad conoció de enfermos, de sus dolencias y cruzó palabras con ellos, porque vivió y creció en un consultorio médico hasta los 20 años de edad.

Al parecer le despertó la vocación la circunstancia de vivir allí junto a sus padres, los doctores Rodolfo Morales Valdés, cirujano general en la especialidad torácica, y María Teresa Mato, especialista en medicina integral general.

—¿Qué recuerdas del consultorio?

—Siempre valoré mucho la atención, solidaridad y entrega que tenían, y tienen, mis padres con los enfermos, lo cual me dejó una bellísima huella. Recuerdo conmovido todavía, a pesar del tiempo transcurrido, la historia de cuatro mujeres imposibilitadas de alimentarse, debido a estenosis por la ingestión de sosa caústica, que llegaron desnutridas al hospital. Un equipo de cirujanos, entre estos mi papá, las operaron para restituirles, exitosamente, el esófago.

—¿Auténtica familia de médicos?

—Ahora la amplié, pues estoy casado con la doctora Elizabeth Díaz Mederos, y Andy, mi hermano, también estudia Medicina. Pero la decisión fue propia; nuestros padres nunca insistieron. Eso sí, pienso que determinó ver desde pequeños a personas llegar preocupadas y entristecidas por un padecimiento y verlas después, superado el mal, sonrientes. Qué hermosura y grandeza en ese sencillo gesto: ¡la vida sigue!

¡Impresiona su expediente!

Calla, mientras su semblante asume una apariencia apacible, como si se le hubieran acabado los vocablos. Intuyo que desea evitar el autoelogio y recurro a recordarle solo tres de sus méritos en las aulas: graduado de médico con Título de Oro, el premio al Mérito Científico, otorgado a estudiantes con excelentes resultados en la docencia y la investigación, y la conquista, con carácter excepcional, de la categoría docente de profesor instructor de la Universidad de Ciencia Médicas de Villa Clara.

Con un ligero movimiento de cabeza responde que es así, pero le abro los brazos y empino las cejas y los ojos para pedirle que diga más.

—Pienso que si uno se propone algo en la vida, tiene que tratar de lograrlo de la mejor manera. Nada extraordinario: solo ser consecuentemente con uno mismo.

Rodolfo Morales Mato lleva años familiarizado con el quirófano, al que acude con sus profesores, unas veces para apreciar la maestría de estos, para escuchar determinada explicación, y en otras para ejecutar acciones quirúrgicas, bajo la pupila aguda de expertos cirujanos.

—¿Espinoso estudiar esa profesión?

—Fue la primera que conocí cerca de mi padre en el hospital Arnaldo Milián Castro. Allí estuve dos años en cirugía torácica, y luego opté por una plaza para estudiar cirugía cardiovascular en el cardiocentro Ernesto Guevara, de Santa Clara. Me faltan dos años para terminar la especialidad.

—¿Tu mayor impresión en un salón?

—No la definiría con un solo ejemplo. Resultan diversas emociones, que empiezan por esa de apreciar cómo se le salva la vida a una persona con el bisturí en la mano, y qué decir de ese momento inigualable, por primera vez, cuando uno aprecia cómo se le paraliza el corazón a un paciente y luego lo haces funcionar de nuevo. Entonces uno experimenta una sensación inolvidable.

—¿Cómo definirías el quirófano, donde casi siempre transcurre un mano a mano entre la existencia y la muerte?

—Un salón de operaciones funciona muy bien, con mucha disciplina, gran responsabilidad y profesionalidad del equipo quirúrgico, consciente de que allí sobre la camilla está un ser que cerró los ojos bajo el efecto de la anestesia, confiado, optimista y convencido de que los volvería abrir.

—¿Cómo la asumes?

—Dedicándome al máximo a la profesión que he escogido. Me gustan los retos, casos complicados, patologías graves que ponen a prueba la pericia del cirujano y de todo el equipo quirúrgico.

—¿Algún enfermo con el que ya habías interactuado ha muerto antes de ir al salón?

—Puede ocurrir por tener un padecimiento comprometedor para la existencia y, lógicamente, el diagnóstico sobre el mal que le aqueja y el salón pasa por pruebas que hay que realizar o puede faltar determinado recurso.

«Siempre hay que llevar al paciente en la situación más óptima a la operación. Compensado en relación con otras enfermedades que padezca, digamos, diabetes, hipertensión, buen estado nutricional y con un peso adecuado.

Bien sabe él que detrás de la escasez de un instrumental o un medicamento imprescindible asoma el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, ese que llega al extremo de colocar en riesgo la vida de pacientes.

Para Morales Mato resulta clave, con el objetivo de responder a esa terrible situación que tanto afecta al sector de la salud, «no cesar de denunciarlo, como hemos hecho hasta ahora, y tratar de esquivar, cada vez que podamos, esa imposición atroz antihumanitaria».

Antecedentes de un cirujano

La biografía de Morales Mato demuestra que resulta uno de los ejemplos cimeros de cómo compaginar bien su responsabilidad de estudiante, de dirigente en la base y hasta nivel provincial de la Federación Estudiantil Universitaria, además con cargos en la Unión de Jóvenes Comunistas.

En su protagonismo estudiantil sobresale, además de llegar a Vanguardia nacional de la FEU, su asistencia como delegado al Festival de la Juventud en Quito, su participación en numerosos eventos científicos nacionales, como fórums de las brigadas técnicas juveniles, de historia, seminarios martianos y talleres patriótico-militares e internacionalistas.

De rango internacional figuran el Congreso Internacional de Cirugía de 2016, en el cual presentó dos ponencias y ejerció como miembro de uno de los tribunales del evento, y su participación en el primer simposio internacional de Cirugía de Urgencia Traumatológica, la convención científica Calixto 2016 y el Primer Taller de Cirugía de emergencia.

Coautor de trabajos en nueve publicaciones científicas, conquistó la militancia de la UJC en 9no. grado y la del Partido en 2015, cuando realizaba la residencia de cirugía general.

Al centro y al fondo, Rodolfo, a la izquierda su hermano y a la derecha su padre.

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