Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

La muchachada a la entrada del pasillo (tarde en la noche)

Otra vuelta de medio centenar de kilómetros por calles interiores y principales de La Habana, esta vez por el oeste. Hay tranquilidad, sin dudas, pero...

Autor:

René Tamayo León

JR continúa sus recorridos nocturnos por La Habana para observar in situ el respeto de las personas naturales y jurídicas a las medidas restrictivas adoptadas en la capital del país desde el 1ro. de septiembre para finiquitar el rebrote de la epidemia de COVID-19.

Este lunes, de 9:00 p.m. a 12:00 p.m., el itinerario fijado fue el oeste de la ciudad, pero empezando por el centro-sur.

Comenzamos en Párraga. De ahí a Vieja Linda, Los Pinos y Miraflores. Luego, Altahabana, Marianao, La Lisa, San Agustín, Siboney, Náutico, Romerillo, Buena Vista, Kohly, y Nuevo Vedado hasta la Ciudad Deportiva, desde donde nos enrumbamos por Santa Catalina, La Víbora, y La Palma hasta llegar a Mantilla.

Fueron unos 50 kilómetros en los que el conductor —ellos, son siempre parte del equipo periodístico, aunque nunca se les acredite— mantuvo el auto a baja velocidad para no perder los detalles, esta vez con el añadido de que cuando joven, nuestro chofer fue patrullero de la PNR.

Además del hecho ya común de ver a muchas personas sentadas en los portales o en el umbral de la puerta de sus hogares, durante todo el recorrido solo pudimos observar a seis o siete personas que brincaban sigilosas de una casa a otra de la cuadra, tres o cuatro que caminaban presurosas en dirección a sus hogares tras concluir la jornada laboral, cinco deambulantes con el juicio perdido, y un par de individuos que nos indujeron a concluir que sí estaban en franca violación.

Nos encontramos también a dos jóvenes que recién habían sido apercibidos por la ley, uno que salía de una estación de la PNR, y otro que caminaba por la calle 26 y fue detenido por el equipo del carro patrullero 448, a quienes explicó que fue parado en Miramar después de las siete de la noche, conducido a la unidad, donde se le impuso una multa de 2 000 pesos, y ahora regresaba a su casa.

¡Ah!, también contamos en todo el trayecto 19 vehículos, todos estatales y con sus respectivas pegatinas los que la llevan, excepto un jeep particular que entró al atardecer a la ciudad para surtir un punto de venta con productos agrícolas.

La noche fue como debía ser. Y como se necesita. Solo un «detalle» nos puso en alerta.

En tres ocasiones nos encontramos con grupos de adolescentes y jovencitos de ambos sexos que en la puerta de los pasillos, sin salir a la calle o a las aceras públicas, compartían a la manera que ellos saben hacerlo: risas, juegos de mano y algún que otro grito, que está muy bien para esa edad, pero es lo más contraproducente que hoy puede pasar.

Según han revelado los análisis de los y las expertas cubanas, aquí, como en el resto del mundo, la media de edad de la población contagiada con la COVID-19 ha disminuido en relación con el inicio de la pandemia, y cuando la muchachada está en situación como la descrita arriba, y aunque no haya fiesta, mantener el distanciamiento físico es casi imposible; y ni hablar de aislamiento social, porque aquí no había ninguno.

Conclusiones del segundo viaje por La Habana de 7:00 p.m. a 5:00 a.m.: Hay que tener cuidado con el comportamiento de algunos adolescentes, los padres y los factores de la comunidad deben poner orden y convencer a sus hijos e hijas de que aún no es tiempo de retozar.

En Párraga la disciplina se mantiene, y sentarse en el portal para no ver pasar a nadie puede resultar «entretenido», pero no se puede olvidar el nasobuco. Foto: Abel Rojas Barallobre

 

Los equipos y trabajadores de comunales siguen siendo «los leones» de la noche, y han hecho un buen trabajo durante toda la epidemia. Foto: Abel Rojas Barallobre

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