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Sirven a otros, y sin dudar

¿No se cansan? ¿No les agota el ir y venir por los pasillos, las horas en vela, la dedicación total? Así eligieron vivir, y tan solo eso,  enfermeros y enfermeras merece nuestro agradecimiento

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

La mano derecha de un médico, dicen. Quien no puede faltar en un consultorio, en un Cuerpo de Guardia, en las sesiones de recuperación de un paciente, afirman. Incansables, imprescindibles, calificativos que no les faltan.

Enfermeras y enfermeros que este 12 de mayo celebraron una jornada que, a nivel mundial, permitió tomarnos una pausa en nuestra cotidianidad para reflexionar sobre su rol en los sistemas de Salud y la necesidad de su presencia.

Mujeres y hombres que han elegido esta profesión y que merecen respeto y confianza, porque están al servicio de los demás, de día o de noche, dejando a un lado, en muchas ocasiones, sus propios asuntos. Se deben a los otros, al correcto proceder en el ámbito sanitario, al constante trabajo.

¿No se cansan? ¿No les agota el ir y venir por los pasillos, las horas en vela, la dedicación total? Así eligieron vivir, y tan solo eso, merece nuestro agradecimiento. No pueden permitirse una equivocación porque en ello le va la vida a alguien, por eso el empeño y la entrega.

Ojeras perennes, como me decía Ivón, amiga del ejército de la cofia. Técnica y maña, me aseguró Ernesto, jefe de sala en un Ginecobstétrico. Un anciano, un bebé, una embarazada, un accidentado, un herido, una operada… cualquiera sea el caso, deben estar prestos a servir.

Son uno de los pilares fundamentales del Sistema de Salud y más que eso, son mediadores entre médicos y pacientes, además de sus familiares, y ahí está la marca: profesionalidad, cariño y orgullo.

Son más de 80 000 los que integran este grupo de personas infaltables, y no quiero yo que algunos, por desatención al reglamento o al actuar correcto, empañen la limpia labor de los otros.

Paradigmas tenemos todos. Cada cual busca el suyo. Para ellos, quizá Florence Nightingale lo sea. Lo importante es que se sepan deudores de una profesión humana y extraordinariamente necesaria.

Que la vocación sea el motor impulsor de la decisión de estudiarla y ejercerla. No otra. No forcemos su elección, no creemos falsas ilusiones. Es sacrificio, es entereza, es sensibilidad y a prueba de carácter.

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