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Siempre estoy donde haga falta

Magdiel Balmaseda Ferrer, el primer espirituano delegado directo al 12mo. Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas, asegura que las nuevas generaciones impulsan hoy importantes tareas

Autor:

Lisandra Gómez Guerra

JATIBONICO, Sancti Spíritus.— A Magdiel Balmaseda Ferrer parece que en lugar de sangre, le corre energía por las venas. Camina entre las modernas máquinas de Unidad Empresarial de Base (UEB) Planta de bandejas para huevos a la velocidad de la luz. Supervisa los procesos, dialoga con los operarios, revisa la calidad de las producciones como todo un experto. Y eso es porque conoce de memoria la rutina de la UEB perteneciente a la Empresa del Papel.

«Empecé como operario. Luego asumí la función de jefe de producción y ahora estoy al frente de todo el colectivo», resume en pocas palabras su historia en esa entidad, enclavada en áreas de la antigua papelera Panchito Gómez Toro, de Jatibonico.

Tiene 27 años y habla con sentido de pertenencia sobre cada uno de sus 54 subordinados. De muchos aprendió los secretos de la moderna tecnología, de procedencia danesa, pues su formación nada tuvo que ver con lo que se hace en esta planta.

Criado en un hogar azucarero, egresó como técnico medio en explotación del transporte ferroviario del centro mixto Ramón Ribalta Martínez, en Sagua la Grande y hoy cursa el segundo año en Cultura Física, en la sede universitaria de Jatibonico.

«Desde que la familia del papel me acogió, no me he podido desprender de ella», alega quien además laboró al frente de las Brigadas Técnicas Juveniles (BTJ) en su localidad y fue miembro no profesional del Buró Municipal de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).

Escoltado por la camaradería que le rodea en cada jornada laboral, Balmaseda Ferrer recibió una noticia que le sacó los colores: es el primer espirituano delegado directo al 12mo. Congreso de la UJC.

«Me sorprendió. Primero, que seleccionaran nuestro centro entre los tres de la provincia para escoger a un delegado directo, y luego que me propusieran. Y aquí cualquiera pudo ser, porque a los otros 26 militantes, en donde tú los tires responden».

Recuerda que cuando puso un pie en la UEB Planta de bandejas para huevos, la segunda de su tipo en Cuba —la otra radica en Mayabeque y por tener una maquinaria más vieja no tiene las producciones de la jatiboniquense—, no había comité de base. Con mucho empeño y colaboración de sus directivos eso ya es historia.

«Empezamos con cinco militantes y hoy ya aspiramos a contar con un comité UJC. Al universo juvenil hay que demostrarle que la organización es necesaria y útil en su pedacito. Comenzamos a realizar noches cubanas y logramos un sistema de estimulación entre las cuatro brigadas que están directamente en la producción, a fin de incrementar sus salarios, según los resultados de la entidad.

«El 95 por ciento de nuestro colectivo es joven, y con toda razón se quejaban de sus bajos salarios. Hoy el mínimo en un mes es de 7 000 pesos, y hemos logrado pagar hasta 15 000. Eso nos ha permitido que se sientan contentos, comprometidos, y completamos la norma de 100 000 bandejas diarias, por lo que nuestra entidad se encuentra al 98 por ciento de cumplimiento del plan del año y al 100 por ciento del mes. Esperamos sobrecumplir al concluir diciembre, gracias al empeño y sacrificio de todos».

Magdiel Balmaseda Ferrer conoce bien cuántas horas de sueño le roba a su colectivo la maquinaria resguardada en una vieja nave de zinc: «Ya son seis años de explotación y todas sus piezas de repuesto son importadas. Por tanto, cuando se rompen salimos adelante por el ingenio y el talento de nuestros aniristas, personas todas muy comprometidas. Eso nos ha posibilitado entregarle bandejas a todo el país. Cuando no llegan a una pollera se puede perder el huevo y eso afecta a la población. Ni en sueño podemos permitirlo».

Esa y otras preocupaciones que traspasan la pequeña cerca de alambre que rodea la UEB se ponen sobre la mesa de los militantes. Magdiel Balmaseda Ferrer ya tiene en agenda algunos tópicos que le gustaría debatir en el cónclave.

«Vivimos un contexto complejo y a la juventud no la podemos dejar sola. Hay que estimularla con cosas que pudieran parecer menos importantes, como un juego deportivo o ir a un río. Hoy las nuevas generaciones implusan importantes tareas. Voy al congreso como soy en el día a día, para que cuenten conmigo a pecho y pulmón, porque siempre estoy donde haga falta».

 

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