El presidente de Casa de las Américas, Abel Prieto Jiménez. Autor: Archivo de JR Publicado: 28/02/2026 | 11:00 pm
¿Cuáles son los aportes de Fidel como líder mundial del siglo XX? ¿Qué características lo hicieron el líder mundial que fue?
Sus aportes fueron muchos y muy trascendentes. Marcó de manera definitiva la historia de Nuestra América y de todo el Sur. Y marcó la segunda mitad del siglo XX y también lo que va de este siglo XXI como un símbolo extraordinario de dignidad y grandeza moral, humanista y revolucionaria. Su mensaje llegó de un modo u otro a toda la gente honesta de este planeta, que se ha negado a aceptar el reinado del Dios Dinero, la infamia cotidiana, la exclusión, la injusticia, la lógica competitiva y cruel del capitalismo.
Recuerdo las palabras de Mandela cuando nos visitó en 1991. Dijo que Fidel y los internacionalistas cubanos habían hecho una contribución única a la libertad de África. Una contribución incomparable, sin paralelo alguno, porque se basó en los principios y en el desinterés.
Esos principios, el desinterés, la generosidad, el sentido ético, caracterizaron siempre la actuación de Fidel. Era ajeno por naturaleza, por esencia, a los cálculos y enredos sucios, mentirosos, mezquinos, a esos juegos que están presentes todo el tiempo en los manejos políticos de las élites capitalistas. Aquel «sol del mundo moral», que estudió Cintio Vitier con tanto rigor y pasión, encarnó invariablemente en Fidel.
Siempre me ha impresionado la última frase de nuestro Comandante en Cien horas con Fidel, cuando se despidió de Ramonet invitándolo a regresar a Cuba, a seguir conversando, a continuar respondiéndole nuevas preguntas, y subrayó: «No le diremos nunca una mentira».
Eso, «no mentir jamás ni violar principios éticos», uno de los pilares del concepto fidelista de Revolución, nos debe guiar todos los días en medio de la llamada «posverdad», de las fake news contaminándolo todo, de los discursos de odio, de la difamación grosera del adversario, de la política como reality show.
Pero Mandela dijo algo más aquel 26 de Julio de 1991. Algo muy impactante. Dijo que la mayor lección que ofrecía Cuba a los pueblos africanos era que no podía haber jamás claudicación por grandes que fueran los obstáculos y las dificultades.
Mandela tenía razón. Se trata de una lección vital, decisiva, que puede definir el destino de todo un pueblo. Ese mandato de Fidel se reiteró una vez más en la clausura de la última Asamblea Nacional cuando el Presidente Miguel Díaz-Canel expresó: «¡Rendición, jamás!»
Otro aspecto, que permite comprender la estatura de Fidel como líder mundial, es la preocupación que manifestó muy tempranamente ante las agresiones del capitalismo depredador contra la naturaleza. Ya en diciembre de 1964, en el entierro del científico francés André Voisin, habló de esos peligros. Hizo más tarde otras intervenciones de enorme repercusión sobre el tema. Sus palabras en Río de Janeiro, en la Cumbre de la Tierra de 1992, constituyen un manifiesto ineludible.
Fidel rescató el concepto de «humanismo», usado para caracterizar al Renacimiento, y lo contrapuso al modelo neoliberal, a su condición despiadada, a su cruel deshumanización. Condenó del mismo modo, en todos los foros, la carrera armamentista, como algo siniestro, irracional, en medio de tantas necesidades y carencias. Y reiteró que la humanidad necesita médicos y no bombas. Las bombas pueden matar a los hambrientos, pero no acaban con el hambre, pueden matar a los pobres, pero no a la pobreza.
Creía, como Martí, que las trincheras de ideas valen más que las de piedras. Y defendió la necesidad de la educación y la cultura como la única vía posible para alcanzar la auténtica emancipación.
Por supuesto, Fidel fue un visionario. Se adelantó, entre otros muchos temas, a los debates del presente en torno al impacto negativo de los avances tecnológicos en la inteligencia de los seres humanos y nos advirtió sobre cómo los «reflejos condicionados» generados por la maquinaria de manipulación pueden arrebatarnos «la capacidad de pensar».
«El peor error que puede cometer un revolucionario», nos dijo Fidel muy a menudo, «es el error de no pensar». Resulta inevitable volver sobre esta idea cuando descubrimos todos los días en las redes digitales a personas que han perdido todo vestigio de mirada crítica, de aptitud para el análisis, que son capaces de creer cualquier patraña. A gente así pueden conducirla de un lado a otro y hasta empujarla al odio, al racismo, a posiciones de ultraderecha, y a votar por demagogos fascistas.
Su obra, su pensamiento, su ejemplo, sus principios, componen un tesoro de valor incalculable. Nos pertenece a los cubanos, sin ninguna duda, y pertenece igualmente a la mucha gente en el mundo que lo necesita. Debemos leerlo y releerlo a la luz de las circunstancias actuales, y seguiremos encontrando respuestas.
*Escritor y ensayista. Presidente de la Casa de las Américas
