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Influencers, periodistas… ¿El odio más que el deber?

La Unión de Periodistas de Cuba acogió un debate sobre el papel de los influencers en el ecosistema mediático

Autor:

Enrique Milanés León

Desde su más que probada autoridad profesional, el profesor y periodista Ayose García Naranjo afirmó en el panel «¿Periodistas o influencers?», celebrado en la Casa Central de la UPEC, que él apuesta por una jerarquía híbrida entre los contenidos de medios tradicionales y los producidos por creadores individuales establecidos, fundamentalmente, en redes sociales.

A juicio de Ayose, ningún hito tecnológico —cine, radio, televisión, internet…— ha desaparecido al anterior; por tanto, las redes no acabarán con periódicos, estaciones de TV ni emisoras. «La evolución lleva a la estilización de los contenidos, así que lo importante es hacer más periodismo interpretativo, más de fondo, más integral», sostiene el multipremiado colega.

Ayose compartió espacio físico y coloquial con otros jóvenes talentosos: la profesora de periodismo Alejandra García Mesa, de la Universidad de La Habana; el licenciado en relaciones internacionales Iván Ernesto Barreto y el reconocido reportero de televisión Lázaro Manuel Alonso, quienes, bajo la conducción del director de Juventud Rebelde, Yuniel Labacena, animaron un panel distendido y profundo sobre el tema de temas en la comunicación actual: ¿Periodistas o influencers?

En primera fila, dando ejemplo y aprendiendo, estuvo Ricardo Ronquillo al frente de su equipo de vicepresidentes nacionales de la UPEC, mientras la sala se completó, en número y atención, con colegas, estudiantes de periodismo y hasta historiadores, quienes a inicios del encuentro presenciaron la promoción del epub Hombre con brújula, de Pablo Noa, que alistará próximamente la editorial que lleva el nombre del homenajeado en la obra: Pablo de la Torriente.

Con la seguridad que le vemos en sus trabajos, Lázaro Manuel Alonso sostuvo que no cree que tengamos influencers en la prensa cubana. «Contamos —explicó— con profesionales que por su objetividad, rigor e instantaneidad ganan la atención de personas deseosas de informarse, pero no hemos logrado formar comunicadores que cambien los modos en que las masas encaran los fenómenos».

A su juicio, ni damos esa formación en las facultades ni las redacciones de los medios tienen condiciones para que los influencers crezcan allí. Lázaro Manuel dio otro criterio esencial: los seguidores «se disparan en redes cuando les damos las noticias más complejas, lo cual responde a la necesidad de información que tiene la gente».

Tampoco Iván Ernesto Barreto ve en nuestro mapa comunicacional influencers que, desde Cuba, defiendan sus posiciones como nación. Él mismo es parte del empeño de la juventud comunista de acometer cierta ofensiva al respecto y se involucra en temas menos tocados en los espacios digitales; sin embargo, reconoce que nos falta ser más proactivos en la generación de mensajes: «Hemos estado a la defensiva, siempre en desventaja, tanto en públicos como en herramientas. Llegamos a destiempo y no somos siquiera dueños de las plataformas donde publicamos», sostiene.

De nuevo en la palabra, Ayose insistió en que la herramienta no garantiza por sí sola el resultado profesional. Por otro lado, agregó, el periodismo seguirá haciendo falta porque representa un servicio público que no siempre está en el interés verdadero de los creadores de contenidos. Por ello, considera que lo que debemos hacer en Cuba es insertar en los medios a estos creadores individuales, integrando fortalezas.

«¿Qué sentido tiene —preguntó Ayose con el mayor acierto— actuar como entes separados cuando el país necesita elevar la credibilidad de sus mensajes y preservar el prestigio ganado en décadas de construcción comunicacional?». El profesor y cronista tocó puntos muy sensibles del tema: la ética, especialmente en la enunciación explícita de cuándo se informa y cuándo se opina y de no vulnerar los derechos ni la dignidad de la ciudadanía, «escudos» que requieren, también, la alfabetización de las audiencias.

Lázaro Manuel se sumó al análisis de los dilemas éticos. A él, por ejemplo, le pasa que cuando la gente lo ve en redes suele creer que es el mismo del Noticiero Nacional de Televisión, «un asunto que ni el noticiero ni la población entienden». Ello obedece, en su criterio, a que los medios no cuentan con los recursos para apoyar a creadores de contenidos de sus propias redacciones, de ahí que llamó a abrirse más a la idea del patrocinio y a hallar otros nichos económicos que, sin quebrar el deber ni lastimar a terceros, sostengan la economía de esta producción comunicacional.

Al respecto, la profesora Alejandra apuntó que muchas veces las personas buscan al comunicador específico, con nombre y rostro definidos, y no al medio grande, un tanto difuso en cuanto a identidades individuales. «La gente busca apunta al perfil concreto, a alguien cuya existencia confirma».

En este tema abundan campos minados: Ayose recordó cómo en los años de la pandemia de COVID-19 las personas seguían a influencers que lanzaban bulos y hasta teorías antivacunas, pese a la cantidad de las muertes verificadas. Desde la lógica de Ayose, de las redes a los medios, y viceversa, debería compartirse más los mejores contenidos y la legitimidad que ellos propician, aprovechando en el proceso equipos creativos múltiples, capaces de ajustar el perfil según sea el público meta.

En ello coincide Alejandra, quien convoca a identificar mejor, como medio, las potencialidades reales de comunicación para satisfacer necesidades específicas que un público más dispuesto con ello a fidelizarse.

Partiendo del hecho de que tampoco en el mundo hay consenso en torno al marco regulatorio de las redes sociales, Iván Ernesto respalda la idea de que los periodistas e influencers cubanos —o lo que más se parezca, porque ya plasmamos su opinión sobre su inexistencia— deben apegarse a la ética y a la práctica de la verificación de datos, principios que contrastan con lo que la «posverdad» nos muestra en otros lares: cualquiera, incluso en medios «serios» publica una barbaridad que, una vez descubierta, no les lleva a disculparse ni a retirar el mensaje.

Comunicar es construir, así que resulta coherente que Lázaro Manuel demande que aprendamos a levantar la noticia poco a poco: «La noticia acabada no existe; por el contrario, construir el relato poco a poco hace a la gente partícipe del proceso». El periodista de la televisión cubana agrega un ángulo: «Cuando no se aclara un error ni se brinda la disculpa, el comunicador se deslegitima ante la gente».

A esa altura del panel, Ayose le pasó a Lázaro Manuel una frase de respaldo: aquella de Fidel, recordada en un libro de Julio García Luis, en que el Comandante decía: «Peor que los peligros del error son los peligros del silencio».

En la actual guerra en Irán, acotaba Lázaro Manuel, se han hecho con inteligencia artificial muchos videos falsos, incluso firmados por medios «respetables»… y nadie se ha disculpado.

En cualquier caso, el reportero de televisión considera que el país debe hacer conciencia de que el contenido principal está en las redes: «Todavía -afirma- nos preocupa más lo que vamos a poner en el NTV, aun con el sistema eléctrico caído, que lo que pondremos en redes, que es donde se concentra el relato contra Cuba».

El panorama de la comunicación resulta tan ancho que los pronósticos son jíbaros. La propia profesora Alejandra no se atreve a dibujar este paisaje en el futuro y solo está segura de algo: «Las personas siempre buscarán la manera de encontrar entornos de información más allá de lo que tengamos».

Desde el público, el colega Yasel Toledo Garnache, también presidente de la Asociación Hermanos Saíz, de jóvenes creadores, ubicó rasgos comunes en los influencers: carisma, conocimiento, dominio tecnológico… pero acotó que a veces es necesario que el colectivo apoye a un creador con potencial. Defendió además las alianzas entre comunicadores y artistas, en tanto campos fértiles para este tipo de «parto».

Ya no joven, sino mujer madura; no periodista, sino historiadora, Odelín Sánchez destacó la importancia de integrar conocimientos —«Una sola profesión no resuelve todo»— y realizó otra gran pregunta: ¿Qué referentes deja la comunicación digital a las próximas generaciones? La profesora señaló, en franca discordancia con algún miembro del panel, que el comunicador es uno y el mismo, aunque adopte el discurso de la plataforma en cuestión.

Otro buen «tirador» asomó desde el público. Era Luis Emilio Aybar, director del Instituto Cubano de Investigación Cultural «Juan Marinello», quien compartió la preocupación de millones de terrícolas por la escasa, o ineficiente, vigilancia en torno a cuál contenido es real y cuál no, en internet. La inteligencia artificial, dijo, ha agudizado el problema.

Su intervención, así como la pregunta del vicepresidente de la UPEC Francisco Rodríguez sobre la formación del estudiante de periodismo en este campo y el manejo del odio en redes, marcaron los últimos intercambios del panel.

Alejandra García confía en las habilidades de discernimiento del periodista y asegura que la Facultad de Comunicación se prepara y prepara a sus jóvenes: «Concebimos la carrera como un gran formato multimedial. El joven debe plantearse cada trabajo para todos los formatos, por eso cultivamos habilidades múltiples y estimulamos en ellos la creatividad y la búsqueda».

¿Del odio en redes, qué decir que no se sepa? Iván Ernesto compartió su «escudo»: ¡Ser coherente con lo que se piensa! Estar ecuánime, considerando que «esta es una industria del odio pensada para que sintamos vergüenza». Lo esencial, para él, es «no dejar que el miedo re paralice».

Yuniel Labacena, el moderador, ubicó al cierre del encuentro una idea primordial: «El periodismo no tiene que salvarse de los influencers, como tampoco los influencers tienen que salvarse del periodismo. Juntos hacen una alianza que puede aportar mucho».

Aunque las incursiones en redes de los patriotas cubanos cuentan con un respaldo legal «anti-odio» enunciado por Alejandra, Lázaro Manuel Alonso, que sabe lo suyo al respecto, dio a los colegas su consejo más probado: «No se responde. Cuando hay objetividad y responsabilidad, el odio cae solo».

(Tomado de Cubaperiodistas)

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