BAYAMO, Granma.- Hay caminos que no se recorren solo con los pies. Hay rutas en las que cada paso parece despertar algo dormido entre el monte, el fango y la memoria. Por eso, cuando 95 jóvenes de Granma salieron desde la sede provincial de la UJC, en Bayamo, rumbo a Las Coloradas (Niquero) no iban solamente hacia un sitio histórico, iban también detrás de una emoción.
Todavía el atardecer del lunes no terminaba de acomodarse sobre la costa sur cuando llegaron al campamento de pioneros Desembarco del Granma, cerca del monumento Portada de la Libertad. Allí, al pie la réplica del yate que trajo a los expedicionarios desde México, fueron abanderados por Yudelkis Ortiz Barceló, primera secretaria del Partido en esta provincia, y Yanetsy Terry Gutiérrez, gobernadora del territorio.
Una bandera frente al mar siempre parece más grande, acaso porque el viento la obliga a no quedarse quieta. Por eso el estandarte en las manos juveniles lucía crecido.
La ruta terminará en el histórico sitio de Cinco Palmas, en Media Luna, y lleva por nombre Raúl es Raúl. La travesía se incluye en la jornada por el aniversario 95 del General de Ejército (3 de junio) y culminará el jueves 28 con una tribuna en respaldo a Raúl y en rechazo a cualquier intento de agresión contra Cuba.
Sin embargo, la historia casi nunca cabe completa dentro de una frase. Por eso los jóvenes comenzaron a caminar y, sobre todo, a conocer.
Pasaron por Alegría de Pío, el punto del bautismo de fuego del Ejército Rebelde (5 de diciembre de 1956). Después vendrían las vivencias por Pozo Empalao, El Plátano —donde nació el hoy Comandante de la Revolución Guillermo García Frías—, Durán, La Guanábana y finalmente Cinco Palmas. Son lugares de las serranías que en el mapa parecen pequeños, pero que dentro de la memoria de este país pesan muchísimo.
Hazaña y orgullo
A veces la memoria también necesita sudar para entenderse. Así lo siente Javier Hernández Rosales, trabajador de la dirección provincial de Educación, quien ya había hecho el recorrido cuando estudiaba en la Universidad y ahora volvió.
«Para mí es un orgullo reeditar la ruta de aquellos expedicionarios. Hay que demostrar la postura de los jóvenes cubanos en este momento de tantas agresiones y presiones. Ese es el camino», dice.
Muy cerca de él Willian Brizuela Mejía, funcionario de la UJC en Manzanillo, mira hacia el monte mientras habla de la necesidad de conocer la historia más allá de los libros y de repasar cómo fue que se reencontraron Fidel y Raúl en Cinco Palmas, el 18 de diciembre de 1956, después de 13 días de persecución, hambre, sed y cansancio.
Luego hace una pausa breve y añade algo que probablemente explique el sentido más humano de la travesía: «También resulta bueno intercambiar con los pobladores. Aunque no quedan muchos de aquella época, sus descendientes siempre guardan anécdotas».
Verdad gigantesca. En esos parajes aún sobreviven historias contadas de generación en generación, como si el tiempo no hubiera terminado de irse de aquellos senderos.
Entre los abanderados marchan también jóvenes vinculados a instituciones de cultura, como Javier Vega Leyva, director de la Casa Natal Carlos Manuel de Céspedes. Él es un defensor vehemente de la historia, pero siempre vinculada con el presente.
Otra de las que une el pasado con la actualidad es Lisbeth Ramos Cervantes. «Cuando nos están atacando, es para nosotros un privilegio estar acá y compartir lo que lograron juntos Fidel y Raúl. Aquello fue una hazaña, y eso inspira», sentencia.
Algo parecido piensa David Núñez Ferrales, dirigente de la FEEM, quien se conmueve al saber que se enrumba al sitio donde Fidel, al reencontrarse con Raúl y agrupar una «tropa» de apenas ocho hombres con siete fusiles exclamó: «¡Ahora sí ganamos la guerra!».
Al final, viendo a estos muchachos, la alegría que exteriorizan, el modo en que comparten, uno termina comprendiendo que la travesía no consiste únicamente en mirar atrás. También es una manera de responder, por duros que sean los tiempos, cómo seguir adelante.
