Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Desde el alma de una vetusta chimenea

En la termoeléctrica camagüeyana Diez de Octubre se respira un amor casi obsesivo por sus raíces de acero fundido. Un ejemplo de ello es la joven Jessica de Armas Rodríguez, quien, con su empeño, ha hecho importantes aportes en este centro

 

Autor:

Yahily Hernández Porto

 

NUEVITAS, Camagüey.— En una visita extendida a la termoeléctrica Diez de Octubre, Juventud Rebelde conoció de barreras aplastadas por el ingenio de su gente, de desafíos casi sobrenaturales, amores probados cerca de los 40 grados Celsius y gente muy humilde: cíclopes de pasiones ancladas en el deseo de ver sus gigantes chimeneas humeando, más allá de lo posible.

Lo que les contará el periódico de la juventud cubana tiene que ver con un puñado de hombres y mujeres de cascos y overoles manchados por el aceite quemado, botas gruesas y un gran compromiso por mantener activas a las «colosas», porque no pueden darse el lujo de sucumbir ni en sus pensamientos a un «tal vez… a lo mejor… quizá…». Una duda para débiles, no para quienes llevan en sangre el fragor de una termoeléctrica fundada por el Comandante Ernesto Che Guevara el 30 de enero de 1969.

Y es que en la Diez de Octubre, donde abundantes goterones de sudor mojan la frente y la vestimenta toda, donde sobran razones para que sus calderas nunca enfríen, se teje una compleja relación amorosa entre el alma de sus hacedores y esa raíz de acero fundido que sostiene, alimenta y esculpe, también desde el abrazo paradigmático, las entrañas del vetusto coloso energético.

De esa profunda pasión nacen, en cada jornada de entrega, historias únicas y de perdurable resistencia, porque, como un oasis en medio del desierto, con pocos recursos, sin dinero y casi sin piezas de repuesto, crecen como las flores la ciencia y la inventiva de los laboriosos hombres y mujeres de la planta nuevitera para recuperar cuánto esté en desuso en sus almacenes.

La magia de lo «viejo»

El talento de Jessica de Armas Rodríguez, por ejemplo, es innegable. A sus 28 años de edad se prueba como creadora ante lo que parecía no tener otro destino que mantener su sueño eterno. Para esta ingeniera industrial, con una década de entrega a la termoeléctrica, no hay manómetro que se resista: ya ha recuperado unos 50 de estos aparatos, conocidos como patrones, que llegaron a esta industria en la década de 1970.

«Todos estaban obsoletos y no eran útiles para el trabajo en el laboratorio, pero tras algunas innovaciones resultaron útiles para posiciones críticas en la planta, como las calderas, turbinas y equipos auxiliares», explicó la actual especialista en Metrología y normalización de la calidad.

Los equipos recuperados, si bien no cumplían con los estándares de precisión extrema requeridos en los laboratorios, en manos de esta joven alcanzan suficiente nivel para emplearlos en el imprescindible monitoreo operativo del complejo proceso productivo de la planta.

Jessica, quien hace gala de su apellido, describió cómo transformó el sistema de lectura de la escala por divisiones, que requería cálculos complejos y tablas, a una de lectura visual inmediata. Así optimizan el tiempo de respuesta del personal operativo, encargado de tomar decisiones sin necesidad de instrucciones técnicas profundas, lo cual garantiza la continuidad en el trabajo.

Además, se solucionó el déficit de instrumentos en varias posiciones: «Así se minimiza la dependencia de compras externas, que son muy costosas. El ahorro es superior a los 144 000 pesos», acentuó, convencida de que los manómetros modernos, a pesar de su elevado costo en el mercado internacional, difícilmente igualen la vida útil de esos equipos recuperados, fabricados en la era soviética.

Esta ingeniera, quien sueña con seguir superándose, añadió: «También recuperamos equipos de presión de gran tamaño, como los que se utilizan en la soldadura con oxígeno y acetileno, que requieren procesos de calibración distintos. Los industriales usan aceite en su proceso de funcionamiento, mientras que los de oxicorte (soldadura) son un “mundo aparte”, porque se calibran exclusivamente con agua, alcohol o aire».

Sobre los problemas con los manómetros de soldadura, agregó: «Anteriormente estos instrumentos no se reparaban porque no se contaba con el equipo adecuado ni el procedimiento establecido, lo que generó un cementerio de estos aparatos en desuso, pero al adaptarse la única tecnología disponible en el laboratorio, que trabaja con alcohol, logramos equilibrar más de un centenar de manómetros de oxicorte para incorporarlos de inmediato a la producción, lo cual transformó un inventario de chatarra en instrumentos operativos».

Aclaró esta nuevitera de pura cepa que todo ello demandó la recuperación de piezas de diferentes unidades para armar equipos funcionales, corrigiendo escalas deformadas y reponiendo agujas y carcasas.

La versatilidad de la invención (efectiva en manómetros para botellones de oxígeno o acetileno y para los de extintores contra incendio), llevó a un cambio de paradigma: «Nuestro laboratorio pasó de ser un espacio donde calibrar instrumentos internos para aumentar su vida útil a uno que repara y ofrece servicios de igual calidad a entidades externas o terceros».

Por otro lado, el valor económico de su aporte se acrecienta con el tiempo: «La institución disminuye gastos al no tener que comprar nuevos equipos y a la vez genera ingresos por la prestación de este servicio a otras entidades, que a su vez ahorran el combustible de trasladarse a otras provincias para reparar los suyos».

La pegada innovadora de esta nuevitera y su resiliencia ante los desafíos ya ha favorecido a 13 clientes; desde empresas locales como la fábrica de cemento 26 de Julio hasta proyectos como Pirámide, de la provincia de Cienfuegos: «En 2025 procesamos 457 manómetros, y en lo que va de este año ya sumamos 74. Todo ello ha permitido ingresos en el orden de 285 162 pesos».

De Armas aspira a que su propuesta tecnológica se generalice en todo el país. «El laboratorio de nuestra termoeléctrica se ha convertido en un centro de referencia regional porque evita que empresas de Camagüey y zonas aledañas dependan de laboratorios lejanos. Antes desechaban manómetros defectuosos o gastaban en logística para repararlos en lugares distantes; ahora la reparación local implica una inversión menor y es más eficiente», concluyó, mientras desempolvaba en su mesa de trabajo uno de estos equipos imprescindibles en la producción energética del país.

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