Clausura del 24to. Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros Autor: Estudios Revolución Publicado: 08/08/2026 | 09:38 pm
«Ante la ofensiva imperialista y la crisis estructural del capitalismo, los partidos comunistas y obreros estamos llamados a desempeñar un papel de vanguardia». Así lo consideró el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, al clausurar este sábado el 24to. Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros, que sesionó en La Habana con la participación de más de un centenar de delegados de 48 organizaciones políticas.
En el Palacio de Convenciones de La Habana, sede del evento que inició este viernes, consideró que «corresponde fortalecer la unidad del movimiento comunista internacional, respetando la diversidad de experiencias, pero con claridad estratégica frente al enemigo común: el imperialismo, el fascismo y el capital monopolista».
Conminó a «profundizar el trabajo político e ideológico, disputar la hegemonía cultural y enfrentar la maquinaria de desinformación que pretende presentar al capitalismo como el único horizonte posible».
Díaz-Canel hizo un llamado para «organizar a la clase obrera y a los sectores populares en las nuevas realidades del trabajo, donde la digitalización, la automatización y la economía de plataformas cambian las formas de explotación, pero no su esencia».
Que este encuentro en La Habana, en la patria de Fidel, subrayó, «sirva para renovar nuestro compromiso, coordinar las acciones y afianzar la convicción de que la clase trabajadora organizada, guiada por sus partidos de vanguardia, puede cambiar la historia».
El momento exige algo más que declaraciones de principios, instó el mandatario. «Exige un salto cualitativo en nuestra articulación y coordinación internacional. Los partidos comunistas y obreros tenemos el deber histórico de tejer una red de solidaridad efectiva, que no se limite a comunicados, sino que se traduzca en acciones».
Habló de «romper el cerco mediático fascista, usando las plataformas para difundir la verdad de Cuba, de Palestina, y de todos los pueblos bajo agresión»; y de acompañar al pueblo cubano en su justa lucha por el levantamiento del bloqueo criminal contra Cuba, movilizando a los parlamentos, sindicatos y movimientos sociales.
Igualmente, pidió fortalecer los mecanismos de cooperación económica y tecnológica entre países y organizaciones; y «avanzar en el debate teórico sobre el socialismo del siglo XXI, adaptando los principios marxistas y leninistas a las nuevas condiciones de la revolución digital, la comunicación y la crisis ecológica, sin renunciar nunca al objetivo central: la dignidad plena del hombre».
No basta con condenar al imperio, resaltó el Presidente cubano; «debemos construir poder popular en las bases, ganar las calles, los barrios, las fábricas, las escuelas». La unidad de los comunistas debe ser sólida, pero tan flexible como la inteligencia de Fidel para dialogar con todos los sectores progresistas. La unidad no es uniformidad, es la voluntad de luchar y de vencer juntos, señaló.
Los números y rostros del genocidio
En la clausura, que contó con la presencia de los miembros del Buró Político, Roberto Morales Ojeda, secretario de Organización del Comité Central, y Bruno Rodríguez Parrilla, ministro de Relaciones Exteriores, el Presidente se refirió a la dura situación que vive Cuba.
La asfixia total a la que se nos somete, denunció, constituye un castigo colectivo que busca, mediante la privación de los recursos y servicios más básicos para sobrevivir, promover el cansancio, el desaliento y la fractura social, con el objetivo de destruir el proyecto socialista cubano.
«No pueden llamarse menos que criminales y fascistas, a quienes idean sádicamente un cerco energético contra toda una nación, dejando un saldo humanitario de proporciones alarmantes que priva de la vida a niños cubanos al nacer, que reduce la esperanza de vida de los pacientes oncológicos, que niega a nuestro pueblo el acceso medicinas, alimentos, energía eléctrica, agua, transportación, y otros muchos recursos para una vida plena», reiteró.
Díaz-Canel reveló datos de los impactos del bloqueo en la sociedad cubana: en el sector energético, 1 400 MW de potencia sin generar por falta de combustible; en el sector de la salud, 98 500 pacientes en lista de espera quirúrgica, 12 000 son niños; 34 000 embarazadas sin ecografías prenatales suficientes; 67 000 niños menores de un año sin esquema de inmunización actualizado; 117 000 adultos y 1 200 niños con cáncer sin tratamiento adecuado; solo 30 por ciento del Cuadro Básico de Medicamentos disponible; imposibilidad de comprar fuentes de cobalto 60 para tratamientos oncológicos, entre otros.
«De este genocidio milimétricamente calculado, donde quiera que se vislumbre o se procure un alivio, allí estarán los cancerberos de esa ignominiosa política, para dar una vuelta más a la soga de la asfixia, si ello fuera posible», denunció el Presidente Díaz-Canel.
Vivimos el tiempo más peligroso desde la Crisis de Octubre, consideró el Jefe de Estado en su intervención.
«Junto a la guerra económica, Cuba está siendo sometida a una guerra no convencional de alta intensidad mediante la subversión digital, el financiamiento a mercenarios internos, las campañas de descrédito mediático, y las redes de influencia que pretenden vestir de ayuda humanitaria lo que es intervención descarada».
En este encuentro, dijo, «denunciamos la criminal política de EE. UU. contra Cuba y también a quienes callan y toleran los desmanes de la envalentonada ultraderecha fascista estadounidense, que miente, roba, mata y pretende erigirse en Dios de todos los destinos».
El bloqueo de Estados Unidos solo funciona por la complicidad de quienes temen al poder de Washington más que al juicio de la historia. «El mundo no se puede convertir en cómplice de otro genocidio, alertó el Primer Secretario del Comité Central».
El exterminio de los palestinos en Gaza, el zarpazo en Venezuela, el castigo colectivo sobre el pueblo cubano, resultan acontecimientos suficientemente serios como para permanecer inertes, consideró.
«Mañana cualquier nación puede terminar siendo Gaza o Cuba si no se le planta cara al fascismo. En los pueblos, en su concientización, en su movilización y en su unidad internacional está la clave».
«Frente a esta asfixia, Cuba no ha claudicado», afirmó el mandatario, y «tenemos respuestas que lo prueban: las vacunas contra el COVID, la producción de alimentos con técnicas agroecológicas en medio de la escasez, la energía limpia que avanza, la participación popular en los barrios, y la defensa de todo el territorio con un pueblo convertido en milicias y dispuesto a defender su autodeterminación, su independencia y la soberanía».
La respuesta del pueblo, bajo la conducción del Partido Comunista de Cuba, ha sido la resistencia firme y creativa, la unidad, la defensa de sus conquistas y la actualización de su modelo económico y social, sin renunciar jamás a los principios del socialismo, sin ceder a presiones ni chantajes, destacó Díaz-Canel.
El camino es el socialismo

Foto: Estudios Revolución
«Cuba trabaja bajo esa concepción en el ignoto camino de la construcción del socialismo, como también expresara en una ocasión el General de Ejército Raúl Castro», precisó el Jefe de Estado.
Ni siquiera los clásicos del marxismo, consideró, habrían podido imaginar jamás cómo hacerlo en una pequeña isla, amenazada por el imperio más grande de la historia de la humanidad y totalmente bloqueada, a cuyo Estado se le cortan todas las fuentes de recursos, financiamiento y comercio.
Ante esta disyuntiva, explicó, se necesita producir y generar riquezas para redistribuir con toda la justicia social posible y preservar conquistas históricas y esenciales de la Revolución en áreas estratégicas como la salud, la educación, la cultura, la ciencia, la energía, las comunicaciones.
«Hacerlo será tarea de todos, de la empresa estatal y la no estatal, junto a otras formas de gestión de la economía que en su conjunto conforman el entramado empresarial cubano, enfocados en un fin único: construir el socialismo próspero y sostenible».
Sobre las transformaciones económicas y sociales en marcha, Díaz-Canel enfatizó conceptos claves: «es un proceso para dinamizar la economía, no para instaurar el capitalismo; no habrá privatización a ultranza, los medios fundamentales de producción continúan en manos del pueblo, y se preserva la soberanía e independencia».
Para un proceso tan complejo, aclaró, «el Partido Comunista, como fuerza dirigente superior del Estado y la sociedad, se erige como principal responsable de su conducción, coordinación y control».
El Partido seguirá como celoso guardián de los intereses del pueblo, de la clase obrera, de las conquistas sociales y de la justicia social que ha movido a la Revolución desde sus inicios, sentenció.
«No es, ni será un Partido de élites, ni de lobbies. Su rol de Partido único le impone ser cada vez más democrático y representativo, como nos ha convocado Raúl en tantas ocasiones, sin perder jamás la brújula en el pueblo, la Revolución y el socialismo».
En un mundo donde se intenta convencernos de que «no hay alternativas», nuestra tarea común es demostrar con hechos que sí las hay, que el socialismo sigue siendo la única salida realista y humana frente a la barbarie capitalista, subrayó el Presidente.
