Momento en que el reconocido chef de cocina, Aramis Valero Agüero, Premio Medalla de Mérito Culinario de Cuba, le entrega a Jonathan Jesús Martín, de 24 años, el medicamento que combate el cáncer de colon, que viajó gracias a las manos solidarias de ambas naciones, desde la ciudad de Tulancingo, en México, hasta Camagüey Autor: Yahily Hernández Porto Publicado: 31/08/2026 | 09:58 am
Camagüey.— En una humilde morada, ubicada en calle Tercera nueva, del reparto El Jardín, de esta ciudad, las palabras de Yuneisi Montenegro Matías, madre de Jonathan Jesús Martín, de 24 años, uno de los protagonistas de esta historia, desgarran: «No sé qué hacer ante este gesto salvador que cambia el estado de mi hijo», dice mientras se seca su ojos, y abraza al reconocido chef de cocina Aramis Valero Agüero, Premio Medalla de Mérito Culinario de Cuba, quien también ha apoyado para que el medicamento que combate el cáncer de colon llegue sin contratiempos a las manos de Jonathan desde la ciudad de Tulancingo, en México, atravesando nada menos que unos 2160 kilómetros de amor por este país caribeño.
Montenegro Matías, laboratorista de profesión, con cerca de tres décadas de labor en el hospital provincial Manuel Ascunce Domenech, contó a JR parte de la historia: «Una amiga común de mi familia y del chef camagüeyano, Frank Rodríguez Pino, le comentó a este hombre, residente ahora en México, de nuestra situación, y desde entonces todo ha sido un terremoto de emociones que no caben en mi pecho, porque contra todo pronóstico, ya aquí está el medicamento que necesita mi hijo Jonathan», afirma la madre agradecida, quien no encuentra palabras para reverenciar tanto desprendimiento humano, al tiempo que palpa nerviosa las cajitas que protegen el fármaco oncológico: el irinotecan—Feradech (producto biofarmacéutico de alta especialidad que actúa como inhibidor de la topoisomerasa I, interfiriendo con la replicación del ADN en células tumorales, lo que contribuye a frenar su crecimiento y diseminación), el cual escasea en Cuba, y mucho en este escenario de guerra económica Imperial contra la Mayor de las Antillas.
A pesar de su enfermedad, que tiene desde hace cerca de tres años, y de su delicado estado de salud, mercado por sesiones difíciles de quimioterapias, radioterapias y una coloctomía permanente —todas practicadas en el prestigioso hospital oncológico María Curie—, Jonathan nunca ha abandonado sus estudios de logofonoaudiología en la Universidad de Ciencias Médicas agramontina.
Para él, no hay nada más reconfortante, en medio de este combate contra el cáncer, que sentirse acompañado y con el abrazo solidario de muchos, especialmente de más de una veintena de galenos de varias especialidades, quienes han sido incondicionales, de profesores que le enseñaron a no tenerse lástima, sino a luchar y a seguir palante, de amigos y familiares, quienes nunca lo han abandonado, y ahora hasta de mexicanos y cubanos que, aunque distantes, se preocupan por su bienestar. «Nadie puede calcular mi infinito agradecimiento. Son tantas las personas y especialistas que lo han dado todo por mí, que no me perdonaría olvidar a alguien» dice.
A miles de kilómetros
En la ciudad de Tulancingo, en México está el chef Frank Rodríguez Pino, —Premio al Mejor Libro de Cocina del Mundo, en París 2011 y en China 2016—, un cubanazo todoterreno, quien está ahora mismo en ese hermano país latinoamericano por razones profesionales, mientras desarrolla al unísono tres proyectos de libros: A la mesa con Fidel, México mucho más que taco y tequila, y Transculturación culinaria de México al Caribe.
Este camagüeyano de pura sangre criolla, al conocer del caso de Jonathan, movilizó no pocas voluntades. «Para adquirir el Irinotecan—Feradech se contó con el apoyo incondicional de varios mexicanos miembros de la Federación de chefs autónomos de Tulancingo y defensores de la causa cubana», comentó Rodríguez Pino a Juventud Rebelde, vía WhastApp.
Agregó el experto que nada ni nadie detiene la solidaridad mundial con nuestra Isla. «Hace solo unas horas se entregó 500 libras de medicamentos y otros materiales a hospitales cubanos, gracias también a la determinación de Renata Wimer del Valle, una mujer extraordinaria que ama a nuestro país y lo defiende internacionalmente. Cuando se comparte con amor lo que se tiene, por muy compleja que sean las circunstancias, y no lo que sobra, como nos enseñó Fidel, entonces los cubanos somos indetenibles, aunque estemos lejos de nuestra Patria querida».
