Al reunirse con Leandro Rodríguez Malagón, cuya imagen se erige hoy en el Memorial, Fidel dijo que, si triunfaban, habría milicias en Cuba Autor: Tomado de Granma Publicado: 31/08/2026 | 02:43 pm
PINAR DEL RÍO.— Casi acababa el mes de agosto de 1959 cuando Fidel se reunió con Leandro Rodríguez Malagón en la Caverna de Santo Tomás.
El campesino, que conocía aquellos parajes viñaleros como la palma de su mano y había servido de guía a Antonio Núñez Jiménez en sus recorridos con fines espeleológicos, tenía ahora una de las primeras misiones de la Revolución: capturar al Cabo Lara, un alzado de la zona que lideraba una banda contrarrevolucionaria en el lomerío cercano y cuyos crímenes ya horrorizaban a los pobladores.
Una milicia campesina
Allí, Fidel dio las instrucciones de lo que había que hacer y orientó localizar a otros hombres de la zona que pudieran ayudar.
«Si ustedes triunfan, habrá milicias en Cuba», aseguró el Comandante en el memorable encuentro del 31 de agosto, hace ya 67 años; nacía así el embrión de lo que serían las Milicias Nacionales Revolucionarias.
Los Malagones, como se conocía a la tropa de 12 hombres, fueron durante un mes a un entrenamiento en Managua. Unos 90 días les dio el Comandante para atrapar a Lara, quien sumaba más de 20 crímenes y había sembrado el terror en el lugar, a pesar de haber crecido entre sus trillos.
«Fidel y Celia diseñaron un uniforme para nosotros. Nos indicaron que cuando nos preguntaran, dijéramos que estábamos entrenando para ser guardabosques, y así lo hicimos. Nosotros estamos aquí para cuidar los montes, contestábamos cada vez que alguien averiguaba. Aquello era tiro y guerrilla, nada más», narraba Juan Quintín Paz Camacho, quien fue el más joven de la tropa y el último de Los Malagones en fallecer, el 7 de agosto de 2021, a la edad de 89 años.
En una entrevista concedida a Juventud Rebelde, Juanito, como acostumbraban a llamarlo, contó que los ubicaron gracias a una avioneta que pasó y dejó caer unos paracaídas con zapatos y alimentos. Luego, uno de los alzados los abandonó; era asmático y escuchó que lo iban a matar porque la tos los podía delatar. Escondió su arma y salió en busca de la carretera. Unos guajiros dieron con él y lo llevaron hasta la tropa.
«Después de un interrogatorio en el que no confesaba, le pedimos que se quitara los zapatos. Al ver las llagas en sus pies, confirmamos que era un alzado», sentenciaba Juanito.
El 18 de octubre ya tenían ubicado su escondite. Otros vecinos vieron de lejos, en una casita, a unos hombres desconocidos limpiando balas y pusieron al tanto a los campesinos.
«Nuestra orden era ubicarlos, pero si nos íbamos a avisar, se escapaban; entonces razonamos: “¿Para qué queremos las armas? Si nos matan, que nos maten”. Y establecimos un cerco: éramos cinco más un soldado rebelde que se nos había unido; los otros siete estaban en el campamento cuidando al que teníamos preso.
«Me arrastré por más de 150 metros, la ropa no se sabía de qué color era y allí empezó la balacera. Cuando aquello llevaba un buen rato, se oyó: “¡Emplacen la ametralladora!”, y desde el flanco respondimos: “¡Ya emplazamos el mortero, le vamos a tirar con el mortero!”. Al momento, Lara salió con una niña del brazo, escondido detrás de ella. Creyeron lo del mortero y la ametralladora, ocurrencia de nosotros», rememoraba el más joven de Los Malagones, ya octogenario.
La hazaña de Los Malagones trascendió en la historia y formó parte de una nueva concepción de la defensa de la Patria, entendida como Guerra de Todo el Pueblo.
Historia perpetua en el memorial
En la comunidad El Moncada se erige el Memorial Los Malagones. Durante mucho tiempo, los protagonistas contaron allí sus andanzas en los primeros meses de la Revolución.
Esta mañana se les rindió homenaje a los 12 hombres que en apenas 18 días dieron cumplimiento a la misión encomendada por el Comandante en Jefe.
No hay forma alguna de recordarlos con tristeza. El silencio abrumador en el Memorial es muestra de respeto a los campesinos que, en nombre de la Revolución, se vistieron de uniforme, fusil en mano, y sembraron la raíz de las Milicias para la nación.
