Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

La risa, bien vale una misa

Aquellas personas que son parte de la felicidad y la alegría de un colectivo, no tienen derecho a marcharse

Autor:

JAPE

Hace algún tiempo mi amiga Alina Perera me dijo que aquellas personas que son parte de la felicidad y la alegría de un colectivo, o de una comunidad, no tienen derecho a marcharse. Quizás por eso el pasado domingo, en el Club Marino de Jaimanitas, en el torneo de softball de veteranos, no fue igual el entusiasmo: faltaba Antonio Herrera, el chino, que hace unos días partió de la vida, sin tiempo para decir adiós. No era famoso, nunca había salido más allá del terruño, pero fue una de esas personas que siempre le puso «sandunga» al barrio, y al juego de la bola y los strikes entre aficionados. Incondicional amigo de Floro, que junto a otros colegas de la liga siempre comentaba nuestras páginas del dominical.

También por estos días se cumple un año de que un par de excelentes amigos del dedeté y del buen humor, nos hicieran el único mal chiste de sus vidas: Amado del Pino y Alberto Luberta. Ambos llevaban la risa como estandarte, al igual que otro gran cuentero de muy buen carácter y memoria, el actor Rolando Núñez, quien partió debiéndome una gran entrevista para mi próximo documental. Siempre que nos veíamos me hacía algunas anécdotas y me aseguraba que pronto hablaría frente a mi cámara. Conoció de primera mano a lo que más vale y brilla del teatro vernáculo y musical cubano. Incalculable patrimonio que llevó consigo, ligado a todo el cariño y respeto que se ganó del pueblo.

A él, «Botaperro», como muchos le llamaban por el espectacular personaje que se gastó en la serie «del Tavo», le debía estas líneas. Todos le debemos mucho más. A él y a todas esas personas (reconocidas o no) que dedicaron su existencia a colorear nuestras vidas diarias.

Así fueron muchos de los amigos y colaboradores del dedeté que inscribieron sus nombres en nuestras páginas, ya fuera con tinta, o con su apoyo profesional y moral, que también se agradece. Enrique Núñez, Manuel González Bello, Zumbado, Tomy, Nuez, Virgilio, Alben, René…, por solo citar algunos de los que conocí personalmente.

Ellos, con su eterna risa, fueron cascabel de nuestras fiestas y bálsamo para el dolor de algunos tiempos. Llevaban el don de hacerte creer que los sueños se cumplen… Y sí se cumplen, porque el pasado domingo, antes de levantarme para ir a jugar softball, soñé que conectaba un inmenso cuadrangular por el jardín central y unas horas después me capturaban un enorme batazo por el centro del terreno, con la mano enguantada del jardinero al otro lado de la cerca. O sea, se cumplió el ochenta por ciento del sueño, así que voy a proponerme soñar que le hago el amor a Jeniffer López, a ver si al menos consigo darle un beso.

Y no me he ido del tema, es que el humor es así, llega en los momentos más inesperados, como ruptura infalible que relaja las tensiones y alivia los corazones. Hoy hasta mi prosa rima. Debe ser que ellos, todos nuestros amigos del dedeté que ya no están, prestan atención a cada tecla que oprimo. Será que realmente, como decía la niña a su querido oso, en aquel antológico muñequito ruso: «desde aquí arriba Machenka te mira». Pues si desde allá arriba nos están mirando, tengan a bien recibir estas líneas como merecida misa a sus memorias, a su eterna presencia en nuestras páginas, que ya comienza a celebrar su primer medio siglo de existencia, regalando humor, al igual que ustedes, para que la vida siga siendo eso complicado que nadie entiende, pero que sabe mejor con una sonrisa.

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