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El cine, la literatura y un Senel siempre nuevo (+ Fotos y Videos)

«Cuando me entreguen el Premio Nacional sé que a los pocos días se me olvidará y seguiré mi vida como hasta hoy. Yo soy de los eternos inconformes con lo hecho, y este reconocimiento ha llegado para obligarme a valorar mi propia obra con mayor benevolencia», confiesa a JR el guionista de la inmensa Fresa y chocolate

 

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Se convirtió en el guionista primero que tuvo Orlando Rojas, a quien le entregó la inolvidable Una novia para David. Para Gerardo Chijona escribió Adorables mentiras, la ópera prima anhelada, mientras le puso su firma a los dos cortos con los cuales el amor de toda su vida, Rebeca Chávez, «ensayó» con la ficción antes de sorprendernos con Ciudad en rojo. Cada uno de ellos, reconoce Senel Paz, fue definitivo, esencial; cada uno de ellos iluminó el camino que lo hizo apasionarse del cine. Sin embargo, hacía rato que él ya le había echado el ojo al gran Tomás Gutiérrez Alea. «Soñaba trabajar con un director hecho y derecho, dueño de una experiencia que potenciara mi crecimiento», le confiesa a JR, antes de contarle cómo consiguió aparecer en los créditos de una película que haría historia en la cinematografía nacional, Fresa y chocolate. La vida le deparó la suerte de que al proyecto se uniera, en carácter de codirector, Juan Carlos Tabío, otro de sus realizadores preferidos.

Y es que el más reciente Premio Nacional de Cine, junto al prestigioso productor Paco Prats, había llegado al séptimo arte por pura casualidad, sin siquiera tener la más remota idea de las cámaras y sus movimientos, intensidades de luces, balitas para captar el sonido... «Yo tenía el deseo, pero no me atrevía a hablar con Titón, proponerle que me permitiera trabajar con él, esto sonaba muy pretencioso por tratarse de un gran maestro con muchos proyectos. Pero, ¿cómo conseguirlo? Al tener el boceto de El lobo, el bosque y el hombre nuevo en la mano, creí que la oportunidad me había llegado. Se lo envié a Titón como consulta literaria, pero con la secreta intención de que le interesara para filmar. Y así resultó. Para mayor felicidad, me invitó a escribir la historia.

Fresa y chocolate los unió para siempre. De izquierda a derecha: Juan Carlos Tabío, Tomás Gutiérrez Alea (Titón), Senel Paz, Rebeca Chávez, Jorge Perugorría y Vladimir Cruz. Foto: Cortesía del entrevistado

«Aclaro que en el caso de mis obras nunca he hecho adaptaciones propiamente dichas, sino que mis guiones dan continuidad al universo novelesco en el que habitan tanto los personajes nacidos de mi literatura como de mis películas. El David de Fresa y chocolate es claramente el de Una novia... y también el niño personaje y narrador de mis primeros libros; en tanto la Nancy, que interpretó maravillosamente Mirtha Ibarra, comenzó a respirar en Adorables mentiras, y volvió a aparecer en En el cielo con diamantes (2007). De ese modo ha sido y será siempre: mis personajes pasan de la literatura a las películas y viceversa, como yo en mi casa de una habitación a otra».

—Todavía Fresa y chocolate sigue dando de qué hablar...

—El texto, a pesar de su construcción literaria muy definida, tiene una vocación dramática que mantiene actual y universal su historia. En lo que escribía el guion de Fresa y chocolate y la película solo era proyecto, La Habana fue testigo de tres montajes teatrales, inolvidables para mí. Finalmente yo realicé una versión dramática para acomodar mejor y con más libertad el texto a este género; y de nuevo con mi método de no adaptar sino rescribir, de modo que hay escenas, sucesos, parlamentos que antes no existían, y creo que hay un acercamiento más profundo al tema y los personajes, gracias a la acumulación de experiencias por las aproximaciones anteriores.

Primera edición de El lobo, el bosque y el hombre nuevo (1990)

Valga decir que el cuento, como libro —solo o con otros relatos, y en algunas ocasiones con el guion o con entrevistas—, sumó 27 ediciones, algunas en lenguas poco frecuentes para la literatura cubana como el hebreo, el japonés, el búlgaro o el sueco, además de aparecer en numerosas revistas y antologías. En cuanto a las versiones teatrales, se han realizado 30: varias de ellas cubanas y otras en inglés, italiano, alemán y portugués. En este momento hay un proyecto para un musical en Londres y se prepara una puesta en Argentina. Aunque no es específicamente teatral, El lobo, el bosque... debe figurar entre los textos nuestros más montados. Asimismo ha motivado varias adaptaciones para radio en distintos países.Sus novelas Un rey en el jardín y En el cielo con diamantes también han sido editadas en diferentes países e idiomas.

—¿Imaginaste un boom de esa magnitud para tu libro y película?

—No, en verdad no. Yo escribí El lobo... tranquilamente, porque sentí la necesidad de hacerlo, porque los personajes estaban presionando por salir de mí. No obstante, sí era consciente de que se trata de una buena historia, un texto complejo y significativo, con un personaje potente y una buena realización, de lo contrario no lo hubiera enviado a un concurso de la importancia entonces del Juan Rulfo, que era además un premio que los escritores cubanos ansiábamos.

«Mas la atención y la relevancia que adquirió Fresa y chocolate era difícil de prever, lo mismo como texto y película que como obra teatral. Jugó un papel fundamental el interés, la curiosidad y las interrogantes que despierta Cuba en el mundo, por sus logros, sus conflictos, su experiencia singular, a veces dramática, siempre interesante y no exenta de alegría y humor. Mi cuento, es importante decirlo, no surgió de la nada, tiene valiosos antecedentes en nuestra literatura, tanto en novelas como en otros cuentos.

«El cine alcanza una proyección mayor que cualquier otro género. A eso habría que añadir que es un filme dirigido por Titón y Juan Carlos Tabío, a quien nunca debemos olvidar, porque la película les debe a ambos por igual. Se rodó en complejas circunstancias debido a los problemas de salud de Titón y los económicos de la época (1993). Como si esto fuera poco, están los demás elementos, los colaboradores que convocó y el hecho de haber sido interpretada de una manera impresionante. La labor de Jorge Perugorría, Vladimir Cruz y Mirtha Ibarra es fabulosa e influyó tremendamente en la relevancia de Fresa y chocolate. Todos esos factores se combinaron».

Cartel de uno de los grandes éxitos del cine cubano, Fresa y chocolate.

Inspirada en el cuento El lobo, el bosque y el hombre nuevo, Fresa y chocolate fue una película que hizo historia en la cinematografía nacional.

Un guión para David

Lo del cine fue el destino. De hecho, se dio de forma casual e inesperada. «Jamás pensé escribir para cine, que para mí solo consistía en ver películas; no estaba en mis planes ni lo deseaba. Si alguien lee El niño aquel, Un rey en el jardín o No le digas que la quieres, es decir, mis primeros textos, se percata de que en ese modo de escribir no hay un cineasta. Mucha introspección, voz interior, monólogos. El análisis de mi literatura de entonces no permite descubrir a un escritor con capacidad para desarrollar géneros dramáticos.

«Pero sí había un antecedente: siempre me atrajo el teatro y el encuentro con este me marcó. Una de las primeras puestas que vi fue Las tres hermanas, por Vicente Revuelta. También yo había leído mucho teatro, no como propósito sino porque en la biblioteca del Carlos Marx había una colección de obras dramáticas, no sé por qué razón, y yo fui leyendo clásicos y cubanos sin haber visto puesta en escena alguna. Ni siquiera había asistido al circo. Hoy parece mentira, pero en mi familia no había 20 centavos para que yo fuera a una función. Al cine me invitaba un amigo porque a él no lo dejaban ir solo.

«El destino arregló las cosas de este modo. En el año 85 el Icaic decidió promover a un grupo de entonces jóvenes cineastas que se habían desarrollado como documentalistas para que hicieran su primer largo. Hablo de Juan Carlos Tabío, Rolando Díaz, Daniel Díaz Torres, Fernando Pérez, Orlando Rojas... En el caso de Orlando fue aprobado él como director, pero no su proyecto. Y con sus ganas infinitas de filmar, Rojas salió a buscar a alguien que le ayudara a escribir una historia, y resulta que yo iba bajando por la calle que él subía. Apenas nos conocíamos, pero me dijo: “¿Tienes una historia que me pueda servir para mi película?”. Yo lo vi tan desesperado que le dije que sí, no porque me interesara escribir cine ni supiera cómo se hacía, sino porque me conmovió su desesperación.

Afiche de Una novia para David, cuya ilustración es de Zaida del Río.

«De ahí salió Una novia para David, que aunque no aparezca en los créditos está basada en tres cuentos míos: Los dos amigos y la gordita Ofelia, de conexión evidente; otro titulado Rodolfo, que da lugar a la subtrama principal interpretada por Thais Valdés (Marisela) y Rolando Tarajano (Tunas); y No le digas que la quieres, de la que tomo al personaje de Miguel (Francisco Gattorno) del que hay varias citas, al igual que en Fresa y chocolate.

«No fue una acción meditada de mi parte llevar mi propio mundo literario al cine, salió de manera intuitiva y natural y como la opción en la mano. En lugar de inventar un relato nuevo, tomé mis personajes e historias, y ya. Jamás había visto un guion. Mi aproximación más crítica al cine se la debía sobre todo a Rebeca, quien siempre mira las películas con ojos de cineasta y observando cómo está realizada cada cosa. Poco a poco se me fue pegando su hábito, ese modo interesado y alerta de mirar el cine.

«Supongo que en mí estaban dormidas las posibilidades para transformarme en cineasta, en guionista, porque el sentido cinematográfico es como el ritmo: lo tienes o no lo tienes. Si lo posees deberás luchar duro con él para que se convierta en una herramienta eficiente. También asimilé rápidamente lo que tiene el cine de creación colectiva y la función del guion, que Jean Claude Carriera lo explica mejor que nadie: “El guion es la oruga y la película la mariposa”. A mí no me interesa dirigir, me interesa el guion, trabajar para un director cuyo trabajo admire y sus ideas me interesen».

La gran Elena Burke interpreta Ámame como soy, de Pablo Milanés, en la película Una novia para David, de Orlando Rojas con guion de Senel Paz.

—Se suponía que después de Fresa y chocolate, nos ibas a sorprender cada dos o tres años con una película…

—Bueno, mi ritmo natural es bastante lento, aunque la verdad mayor es que el éxito de Fresa y chocolate no significó un estímulo para escribir sino más bien un freno, un estado de confusión, justamente porque cuando la gente ya tiene una expectativa sobre tu trabajo, pierdes un poco la espontaneidad y libertad para hacerlo. También debo decir que nunca más un productor o institución cubana me ha pedido un nuevo guion, esto me ocurrió con los productores extranjeros. Hice, entre otras películas, Malena es un nombre de tango, de Gerardo Herrero, donde mi trabajo sí es rigurosamente una adaptación; y Cosas que dejé en La Habana, de Manuel Gutiérrez Aragón, el director con el que llegaría a tener el mayor entendimiento porque con Manolo comparto la literatura, es tan cineasta como escritor, como lo están demostrando sus novelas, luego que dejó de filmar.

«Por otro lado, también me abrí a la labor como profesor y asesor de cine, en la que he desarrollado un trabajo que, al mirarlo en retrospectiva, me doy cuenta de que es bastante extenso. En todo ese tiempo no he dejado de escribir, sino de publicar hasta el año 2007, en que salió En el cielo con diamantes, una novela a la que le hubiera hecho bien aparecer mucho antes. Ahora me he dedicado a revisar mis cajones donde hay no pocos proyectos guardados».

Tesoros de la nación

«¿Robo de cerebros en el terreno del cine? De eso nada: para mí se llama hurto al descuido». No hay manera de que Senel Paz entienda por qué el país no aprovecha ni explota al máximo todo ese talento que forma y con el que cuenta. «Cuba puede darse con un canto en el pecho por haber formado a magníficos profesores, apreciados en el mundo entero que imparten clases en toda América Latina, en Europa y hasta en Estados Unidos, y que, sin embargo, aquí no los ocupamos. A ellos se suma una cantidad enorme de graduados de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV), donde existe una magnífica Cátedra de Guiones de nivel internacional.

«Podría decirte que alguien como Eliseo Altunaga es considerado una luminaria de la asesoría de guiones en América Latina. Idéntico se podría decir de Arturo Arango, por poner dos ejemplos, pero lo interesante es que hay gente mucho más joven que nosotros y probablemente con los conocimientos actualizados.

«Algo también pasa con los actores: aparece una buena actriz o actor, que se destacó en una película, sin embargo, no encuentra nuevos proyectos, no hay mecanismos para seguir, aprovechar y potenciar esos talentos, tal cual se ve en otras actividades, como el deporte.

«Jorge Perugorría lo sintetizó de este modo: “Me halan para afuera, pero no me halan para adentro; para dentro me tengo que halar yo mismo”. Cuando alguien se destaca no existe un mecanismo para aprovecharlo. ¿Y qué decir de los directores?

«Es esencial ponerles atención individualizada a los talentos para desarrollarlos, porque un talento es un tesoro de la nación. Las llamadas productoras independientes son más activas en este sentido, pero a la vez más débiles, y no trabajan en condiciones favorables; y se trata de armonizar la iniciativa y la responsabilidad estatal con la privada en el propósito de relanzar el cine cubano entre todos y a través de diferentes fórmulas.

«En realidad, no es tan difícil si te pones a trabajar y no solo a alentar suspicacias, más allá de que existen problemas, como ocurre en todo lo mal atendido. No atiendes el campo y se te llena de marabú, pero no me parece oportuno culpar del marabú a los campesinos, o solo a ellos».

—Lo que explicas de seguro ha inducido a que, dentro del área del Caribe y Latinoamérica, Cuba haya perdido el papel de vanguardia que ostentaba en la industria cinematográfica.

—El peso que Cuba tuvo con su obra cinematográfica, pero sobre todo con su voz y autoridad a favor del desarrollo del cine, no está presente hoy. Las vanguardias están en otros puntos. A veces resulta triste observar cómo el cine cubano, con su notable acumulado de talento artístico y técnico, que le posibilitó contar con condiciones privilegiadas dentro del área del Caribe y Latinoamérica, ha perdido la oportunidad de convertirse en un centro productor de películas, en un campo de filmación que podría ser económicamente significativo, incluso para el país, y ocupar así a tanta gente formada. Que otras cinematografías pudieran rodar en Cuba sería una actividad económicamente relevante para el país.

«Sin embargo, ese lugar lo han ido ocupando República Dominicana, Panamá, Colombia, que a su vez explotan los talentos cubanos, porque nosotros no hemos sabido resolver nuestras diferencias, las aprensiones de unos con otros. Será difícil que volvamos a recuperar ese papel de vanguardia que perdimos, pero imposible no debe ser».

—¿Qué crees que pasará después de la puesta en marcha de políticas para fomentar la creación audiovisual y cinematográfica?

—Es un paso positivo, alentador, finalmente una acción, y lo es en dos sentidos: en el hecho concreto de que se podrá producir un determinado número de películas (en realidad reducido) y también en el estado de ánimo de los cineastas que podrán recibir una señal de que importan y cuentan en el país. Es todavía un paso modesto e insuficiente para revertir los problemas que están acumulados desde hace mucho tiempo y que se han ido agravando, pero es un paso. Tampoco puede ser de otro modo, hay que ser realistas y ubicarse en todo del país. Por eso les otorgo importancia a estas decisiones, como hecho concreto y por su valor simbólico.

«Las medidas están, hay que trabajar, aunque todavía en este momento son decisiones y anuncios, documentos publicados en La Gaceta, pero no hechos. Lo serán, y representarán una motivación para buscar caminos y tomar iniciativas. Nada de sentarse a esperar a que el Estado te encuentre la fórmula. Debemos trabajar todos».

Un premio y sus razones

Tal vez porque dice estar acostumbrado a que los guionistas se les «escapen» a muchos cuando se emplea el término de «cineastas», a Senel no le pasó por la cabeza que algún día lo pudieran reconocer con el Premio Nacional de Cine, pero esta vez se equivocó. «Fue una sorpresa, no porque no crea que no lo merezca al igual que otros compañeros, sino porque no me había pasado por la cabeza y no contaba con él, no lo había añorado», dice, como repitiendo el parlamento de todos los que lo han estado esperando en lo más alto del podio, pero luego agrega: «Ha sido un magnífico pretexto para que los amigos te feliciten, se burlen un poco de ti, aunque me queda más que claro que al final, cuando me vaya a sentar a escribir el próximo guion o tenga que resolver los problemas del día a día, nada me salvará de enfrentar los mismos líos de siempre.

«Estos Premios fueron creados por Carlos Martí, uno de los que cumple 70 este año, y quien introdujo en la cultura muy buenos proyectos e iniciativas. Él lo comenzó por Literatura, y luego fueron adoptados por las demás artes, creo que el cine en último lugar. Tuve el honor de integrar el jurado de la primera edición, que obviamente recayó en Alfredo Guevara.

«Me siento privilegiado por ir de la mano de Paco Prats en este galardón, a quienes los cineastas queremos y reconocemos de corazón. Prácticamente no existe documental ni dibujo animado donde no salte su simpático nombre. Así ha sido de extensa y extraordinaria su labor, con probada calidad. Pero ya te digo: cuando me entreguen el Premio, a los pocos días se me olvidará, y el pobre teléfono recuperará su tranquilidad. Ha sido muy bonito, emotivo, pero ha durado bastante.

«El cine es un arte lleno de encantos, de motivaciones, de incentivos, satisfacciones, de gozo lúdico, pero también intelectual y profundo. El de Cuba luce con orgullo una trayectoria gloriosa. Es nuestra obligación estar a la altura de ese legado que tanto pesa, y al que solo se puede corresponder haciendo lo nuestro. Lo importante, repito, es que junto a los problemas abunda el talento, y yo soy de los que cree que el trabajo pondrá todo en su lugar».

—Estoy convencido de que tu valiosa labor pedagógica también decidió a la hora de determinar que se te otorgara el Premio Nacional de Cine...

—Creo que sí, los Premios Nacionales consideran al artista en su totalidad, no reducido mecánicamente a su obra. Todos los premios nacionales en todas las manifestaciones, además de grandes artistas, mérito que es el principal, son personas muy comprometidas con nuestra cultura y nuestra nación. Es para mí un honor sumarme a ese ilustre grupo. 

Gerardo Chijona habla de los actores que lo acompañaron en su ópera prima, Adorables mentiras, escrita por Senel Paz.

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