Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

El signo de la inquietud

Periodismo cultural es criterio. Es un develamiento, un desafío, un pase a otros mundos. Es la creación frente a la creación, una subjetividad frente a la otra... Para el santiaguero Reinaldo Cedeño: no es poco

Autor:

Iris Celia Mujica Castellón

De todas las formar de hacer y vivir el periodismo, solo una es capaz de apresar las esencias. Y es la forma de hacerlo y vivirlo desde las pasiones desatadas por el amor. Hecho así, no existe una vida paralela al oficio, este se convierte en principio y fin de quien lo habita. Vas más allá del «me encanta» y supone otras maneras de entender y actuar ante lo que la mayoría denomina «trabajo», donde si algo no cabe, es la pereza, la inacción y todos los parentescos con la quietud. En ese estado, ejerciendo la auténtica construcción de lo que él llamase: «la novela cotidiana», conocí por estos días a Reinaldo Cedeño.

Bajo el furor de titulares y anuncios sobre su más reciente conquista, el Premio de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro, supe que debía entrevistar al santiaguero. Fue entonces cuando comencé a hurgar en sus redes, a rastrear cada link donde posara su nombre y a devorar historias, bien escritas en su honra, o mejor, escritas por él mismo.

Aunque, por inmediateces y urgencias no pude abarcar la vastedad de su obra (y lo confieso), no quise aplazar este diálogo. A fin de cuentas, también era eso, otro intento de conocerle. Así que lancé unas preguntas y recibí un documento word titulado «Once respuestas de Reinaldo Cedeño» con un rezo en cabecera pidiendo «no ser demasiado». Y yo con más ganas de leerlo, agradezco el acierto, la inspiración, las certezas…

—En una entrevista reciente, con la Asociación Hermanos Saíz, dijo: «A un periodista le toca hacer la novela cotidiana». ¿Cómo escribe usted esa novela?

—Un periodista está sometido al imperativo constante de una decisión que tomar: a quién entrevistar, qué interrogantes escoger, qué temas abordar en el próximo artículo, cuáles frases emplear para exponer los argumentos, qué planos elegir, qué fragmento editar de una grabación… Es un desafío inevitable en medio de muchos avatares, que conlleva grandes alegrías y también angustias, un costo físico y otro sicológico. Ese intercambio de historias con la gente, se va convirtiendo, poco a poco, en parte de tu propia historia.

«La realidad mediática es una aproximación, es una construcción; no la realidad misma. Nadie puede ufanarse de tenerla en la mano, porque la realidad es inabarcable. Bajo esos presupuestos, he asumido el periodismo como una inmersión en ese pedazo de realidad que te toca. Se trata de apretar, más que de abarcar; de detenerse donde otros pasan. Eso no quiere decir que se trabaje menos, sino con otra filosofía, en la cual no hay lugar para la loa interesada ni para el pavoneo.

«He tenido la suerte, la grandísima suerte, de conversar con personalidades muy reconocidas, algunas de las cuales me han conmovido; mas la pasión no tiene que ver con los reflectores, se halla lo mismo en una tejedora de barrio que en una vedette. Mi libro más reciente, Las pequeñas palabras (Editorial Oriente), trata de dialogar con esos pensamientos, con la certeza martiana de que “es cobarde quien ve el mérito humilde, y no lo alaba”».

—Reinaldo Cedeño es un profesional construido desde el estudio insaciable, pero también desde la vicisitud. ¿Cómo ha sido esa vida, otra, de la que ha dicho, «he vendido maní en la calle»? 

—Se viven todas las vidas al mismo tiempo, no conozco otro modo… En 1993, terminado mi servicio social como periodista en Guantánamo, decidí regresar a Santiago de Cuba, a mi casa. Era la época del llamado período especial, no pude conseguir trabajo de inmediato y vendí maní durante casi dos años. Un amigo me invitó y no lo dudé dos veces, pero no creo que sea ninguna hazaña, porque es un trabajo honrado que muchos hacen. Tengo, eso sí, unas cuantas anécdotas (simpáticas unas y en una cuerda diferente, otras) que alguna vez he de contar.

«Lo mejor de esos momentos (y de otros) es que te prueban. Escribí un breve poema en ese tiempo titulado Manisero: Si vieras, Rita, cómo he aprendido a mover los dedos/ cómo he logrado el cono pequeñito/ Si vieras qué libros van cayendo./ Los pregones de ahora no los escribe Moisés Simons/ son urgentes como pedradas./ Ya nadie dice caserita ni “cucurrucho”/ Si vieras estos soles/ Si vieras mis zapatos/ Si me vieras, Rita Montaner».

—¿Cuánta experiencia de vida, esa que trasciende los buenos y necesarios textos, precisa un periodista para ejercer con dignidad el oficio?

—Es cuestión de vivir, vivir con intensidad, con apetencia; si bien eso no basta. El periodismo es un servicio. Y se trata de discernir, en un diálogo íntimo, qué quieres con él, cuáles caminos transitarás. Exploro algunas de estas ideas en el libro Ser periodista, ser Quijote, una edición ampliada que acogió Ediciones La Luz en Holguín y que saldrá próximamente.  

—Desde el comienzo ha transitado por los diferentes medios de comunicación (periódico Venceremos, en Guantánamo; Radio Siboney, en Santiago). ¿Cuándo y por qué llega a las páginas de Juventud Rebelde? ¿Cómo es su experiencia en esta redacción?

—En esa relación de ires y venires faltan otros medios, como el periódico Sierra Maestra, donde durante un lustro fui redactor jefe de la página cultural: un aprendizaje retador, hermoso, a veces áspero; pero definitivo. Lo que te obliga a crecer, siempre lo agradeces y no hablo solo de la profesión.

«En el Congreso de la UPEC de 1999, el entonces director de Juventud Rebelde, Rolando Polanco, me invitó a colaborar. Era una oportunidad y me la tomé tan en serio que, 20 años después, sigo enviando crónicas y proponiendo temas. Juventud Rebelde, es decir, los que lo sueñan, siempre me ha acogido de la mejor manera. Recuerdo en mi época de estudiante en la Universidad de Oriente, cómo perseguía el periódico para leer, entre otros, a Soledad Cruz. Yo me decía… si alguna vez pudiera escribir allí».

—¿Por qué periodismo cultural? ¿Qué lo distingue?

—Tal vez todo se confabuló para que se diera, todos los caminos me condujeron, diría que hasta me empujaron hacia el periodismo cultural. Recuerdo un día en que Monserrat Crespo, entonces asesora de la radio santiaguera, me sugirió Radio Siboney como mi destino, por su carácter de emisora especializada en temas culturales. Y allá me fui a ver a su directora, Ana Gloria Cámbara, a quien no ceso de agradecer su confianza. Desde mediados del año 2000, es mi pequeño laboratorio, como me gusta decir.  

«Periodismo Cultural es Criterio. Es un develamiento, un desafío, un pase a otros mundos. Es la creación frente a la creación, una subjetividad frente a la otra. Es el reto de ir de la contemplación al papel, de la atmósfera al sonido, del gesto a la imagen, de la palabra a la trascendencia. No es poco».

—En su opinión qué carencias tiene la prensa cubana actual hecha desde la cultura y para la cultura? ¿Qué le sobra?

—No cabe todo en un mismo saco, pues, sin dudas, hay voces autorizadas en el universo del periodismo cultural y hay espacios estimulantes; pero es preciso adentrarse más en los procesos culturales, en la memoria, y rendir menos tributo a los eventos.

—¿Qué otras pasiones alimentan al periodista cultural que es hoy?

—La poesía, siempre toco su puerta; que la entorne o que me dé un portazo, ya eso es otra cosa. El libro Tejiendo un país, ganador de una mención en el concurso Regino E. Boti en 2020, ya está disponible en plataformas internacionales. Extraño la familia formada alrededor de mi peña Página Abierta, sobre literatura y arte, que durante siete años he llevado gracias al auspicio del Centro Cultural-Biblioteca Pedro Meurice, y que la pandemia ha interrumpido.

«Las redes han ocupado parte importante de mis últimos tiempos, por la visibilidad que ello permite, por el trabajo a distancia, y sobre todo, porque te permite aprender muchísimo. Hemos creado grupos de Facebook, relacionados con el arte y las diversidades (Otredades) y el deporte (Atletismo Pasión), entre otros. El deporte es otra de mis pasiones, he confesado varias veces que quería ser discóbolo como Luis Mariano Delís. 

«La Jiribilla, publicación del Ministerio de Cultura, nos reservó el espacio para una columna (Repiques) y allí estamos tratando de contar esas historias que nos rondan. Seguimos queriendo justipreciar un género mayor como lo es el documental sonoro, y actualmente dirigimos Así suena la vida(Radio Mambí)que ha radiado más de 70 piezas de alto valor de autores de Santiago, de toda Cuba y de algunos invitados internacionales. El programa generó un foro y un libro, con la ayuda inestimable de dos apasionados de la radio, Juan Carlos Roque García y Katiuska Ramos Moreira.

«Ahora mismo intento impulsar mi canal de YouTube, desde dos variantes. Están, por un lado, las Lecturas en Villa Esperanza, interpretación de poemas desde las ruinas de una vieja casona cargada de historia, en el poblado de Boniato, en las afueras de Santiago de Cuba; y por el otro, las Crónicas in situ, narración visual de crónicas del universo cultural desde los sitios que me la inspiraron o en estrecha relación con los hechos contados. En estas aventuras me asiste un caballero inquieto, el fotógrafo Marvin Rodríguez Torres. La acogida de estos primeros atrevimientos, el ánimo y las recomendaciones han sido en verdad estimulantes». 

—Radialista, investigador, escritor, reportero de prensa escrita, bloguero… ¿cuál, de entre tantos oficios, nunca abandonaría?

—Mi signo no es ciertamente la quietud. Una cosa ha llevado a la otra, sin proponérmelo expresamente. Se agolpan unas a otras, por usar una frase musical; pero todas caben en la misma mochila.

—Al recibir el Premio Nacional de Periodismo Cultural dijo (y demostró), «importan las jerarquías, no las geografías», sin embargo, algunas geografías complejizan el reto de colarse en ciertos estratos. ¿Alguna vez sintió que la dificultad fue mayor por vivir en Santiago de Cuba?

—La cultura cubana, esa que se hace a contrapelo de cualquier carencia y en cualquier parte del Archipiélago, no debería tener que «colarse» en «ciertos estratos». Tendríamos que defender un diseño que mostrara constantemente los inmensos valores de nuestro país, no por hendijas, sino por la puerta ancha; y desterrar de una buena vez el pensamiento que pese a todo sobrevive en algunos espacios mediáticos, en algunos directores o asesores, que confunden la capital del país con el país. Siento que la radio ha articulado de mejor manera esa mirada hacia el interior de Cuba, sí: el interior de sus latidos, el interior de sus valores, el interior de su historia, el interior de su gente.

«Este último año, de duro enfrentamiento a la COVID-19, ha reposicionado el papel del municipio como sustento de la vida sociocultural de la nación. Eso hay que mostrarlo, hay que compartirlo, hay que hacerlo común, más allá del efímero reporte de un noticiario. Es lo que hemos intentado hacer desde Santiago de Cuba ―la tierra donde nació Heredia, donde reposa Martí―, con orgullo; pero sin chovinismos. Desde el oriente a veces cuesta, pero la heredad de cimarronaje de estos lares es insoslayable. Hay mucho marabú espiritual que arrancar todavía, mas es Cuba la que nos sostiene, nos punza, nos importa. Las jerarquías, no las geografías». 

—«Yo creo que pocas veces un premio de periodismo cultural ha causado tanta conmoción y tanta alegría, ha sido una explosión en las redes, un suceso de verdad, el anuncio del premio de Cedeño». ¿Cómo experimentó en lo personal el fenómeno descrito por el Ministro de Cultura, Alpidio Alonso, al referirse a este reconocimiento?

—Justamente es eso: una conmoción. Me han dicho cosas hermosas, y ya se sabe, el hecho de que te quieran es un milagro; no puedes obligar a nadie a hacerlo. Quisiera abrazar a mucha gente, abrazar tantos esfuerzos que conozco, con este premio; al fin y al cabo es un galardón para la cultura, más que mío propio. Solo me queda dar gracias, mi madre me enseñó a no cansarme de darlas: en primer lugar, a una institución tan prestigiosa como la Casa del Caribe y a su director, Orlando Vergés Martínez, por la propuesta. Al jurado de prestigiosos periodistas que creyó en lo que hemos hecho. Al privilegio de poder trabajar por la cultura cubana. Gracias, mil veces, gracias.

 

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