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Centenaria identidad

La Parranda Típica Espirituana, grupo portador y reproductor, defiende un punto exclusivo de la tierra del Yayabo

Autor:

Lisandra Gómez Guerra

SANCTI SPÍRITUS.— «Vengo de Jesús María/cantando un punto sabroso/con un primo melodioso/no le temo a la porfía», dejaba escapar una voz fuerte en una de las esquinas de la estrecha calle que desemboca en el legendario Yayabo. Anunciaba así que eran días del Santiago espirituano, la fiesta popular más antigua de la cuarta villa de Cuba.

«En esa celebración tenían lugar encuentros entre poetas e improvisadores. Muchos de los participantes llegaban desde las zonas rurales y se enfrentaban a los residentes en la urbe —refiere Saylí Alba Álvarez, investigadora espirituana—. Fue cuando tuvo lugar en Cuba lo que se conoce como el movimiento Guajirismo, que intentaba borrar la huella africana».

Justo en uno de los jolgorios de julio de 1922 suben al escenario, unidos en una agrupación, los hermanos Sobrino Guerra (Armando, Marcelino y Pascual), junto a Joseíto Marín, Arístides Gutiérrez, José González y Calixto Ramírez, y a golpe de verso derrocaron a la Parranda de Chicho Ponce, muy popular entonces en esta villa.

Esa vez ganaron el primer premio en punto espirituano, narra la investigadora. Antes ya habían obtenido lauros, pero menos significativos. Se presentaban bajo los nombres de Parranda Tiempos de antaño y Parranda Donde brilla lo cubano. Entre 1922 y 1958 se les conoce indistintamente en el Santiago espirituano como Parranda Típica Espirituana o Parranda de los hermanos Sobrino. Por ello se reconoce como fecha de surgimiento el 19 de julio de 1922.

Germen de la tradición

A semejanza de arqueólogos musicales, esos amantes de las melodías campesinas popularizaron composiciones que desde mucho antes de aquel julio corrían por las calles espirituanas. Una entrevista a Rafael Gómez, Teofilito, conservada como patrimonio en Radio Sancti Spíritus, habla de la existencia de esas tonadas desde la Guerra de 1868.

De ahí que era común escuchar entre los cantadores de esta región central cuartetas de pulla, querella y sin acompañamiento musical.

«El gallo que es fino y canta/ que venga a cantar aquí, / cantará después de mí, / de lo contrario no canta», podía decir uno de los bandos, mientras el contrario respondía: «Vengan fiestas, diversiones, / mujeres y más bebidas, / que los gozos de la vida / tiene a sus terminaciones».

Así floreció el llamado punto esquinero, y donde único se cultiva es en Sancti Spíritus, insiste Alba Álvarez.

 Muchas de esas composiciones forman parte del repertorio de esta Parranda centenaria, y por ello a los hermanos Sobrino se les conoce como padres del punto espirituano; uno que nació en esta ciudad y no en el campo, como otras expresiones del punto cubano.

«La primera característica de este ritmo la brinda el tres —identifica Guillermo González, actual líder del grupo—: Tiene una afinación de las notas musicales mi, si y fa sostenido».

Roberto Concepción, tresero de la agrupación, aprendió de los más experimentados. Dominar a la perfección las seis cuerdas de ese instrumento resulta su mayor aspiración: «No es la afinación natural del sonero. Resulta muy brillante para los registros. Pueden estar dos músicos tocando, que uno sabe enseguida cuál marca el punto espirituano».

Orlando Toledo recuerda con total nitidez el día que el propio Armando Sobrino Guerra le enseñó el secreto del punto espirituano. Días y días de ensayos y de escuchar a los más experimentados le permitieron ponerse frente al micrófono, y más adelante, durante 40 años, asumir la dirección de la Parranda.

«Independientemente de su origen, el punto espirituano tiene unos matices y una forma muy particular de interpretarse que no todas las personas pueden hacerlo. Sus variantes son el punto corrido, el punto cerrado y el punto cerrado en clave. Son distintos por completo, pero son el punto espirituano, sacado desde sus orígenes más remotos. Te aseguro que hay que nacer en Sancti Spíritus o tener un oído muy especial para interpretarlo», asevera.

Sostén del ayer en hoy

Responsable de portar y reproducir ese patrimonio inmaterial, la Parranda Típica Espirituana recibió en los años 60 del pasado siglo otro reconocimiento desde la institucionalidad: «Comenzaron a cobrar un salario como músicos. Inician sus presentaciones en museos, escuelas y peñas campesinas, ya con una función de rememoración, de estudio de lo que fue el punto espirituano», narra Saylí Alba.

Los hermanos Toledo (Orlando y Julio) asumen la dirección y marcan un momento importante en la historia de la agrupación, a partir de la disciplina de rescatar todo lo que les antecedía, gracias a las grabaciones conservadas.

Distingue a esta agrupación que sus integrantes envejecen entre marímbola, tres, guitarra, güiro, claves, triángulo y bongó. Incluso, los que llegaron en los años 90 se resisten a aceptar opciones de trabajo más tentadoras.

«Cuando esos jóvenes se sumaron, mostraron aspiraciones de componer y no se les prohibió, porque los Sobrino crearon, y nosotros creamos también. Pero sin abandonar la métrica y las composiciones que marcaron el inicio de la Parranda. De ahí que en una presentación se escuchen melodías de más de un siglo junto con las nuevas», aclara Orlando Toledo, jubilado de la agrupación.

El binomio tradición y modernidad que sonoriza el repertorio de la centenaria agrupación la mantiene como reflejo de su contexto: «Hay que cuidarla y apoyarla más. Casi nunca nos programan en las instituciones, y eso impide que las más jóvenes generaciones nos reconozcan. De perderse nuestras raíces, perdemos nuestra cultura», insiste Nicomedes García, una de las voces del grupo.

Aferrados a que eso no suceda, y que por muchos años más la Parranda Típica Espirituana prestigie los escenarios, sus integrantes no abandonan los ensayos ni un solo miércoles en la Casa de la Trova Miguel Companioni, de Sancti Spíritus, y procuran seducir cuanto espacio los invite para honrar al punto nacido en el corazón de Jesús María, gracias a los hermanos Sobrino, y mantenido por otras generaciones como los Toledo, todos enamorados de nuestra más fiel música campesina.

Y es que, como sintetiza su actual director, decir Parranda Típica Espirituana es decir amor, amistad, fidelidad y hermandad.

*Para este trabajo se consultó el libro El gallo que es fino y canta, de Saylí Alba Álvarez.

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