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Segundas sensaciones

 Rebasada la primera etapa de muerte súbita del torneo

Autor:

Enio Echezábal Acosta

El ocho es una cifra muy polivalente. Además de representar químicamente el número atómico del oxígeno, para los chinos es un símbolo de buena suerte. Si le preguntáramos a un griego antiguo, nos diría que significa la unión de las dos serpientes del caduceo, o lo que es lo mismo, la representación universal del equilibrio. Pero resulta que si gira noventa grados, el ocho queda despojado de su valor mortal y contable, para convertirse en la señal del infinito. Precisamente a estas alturas de la Copa del Mundo, esta última acepción viene a ser la más adecuada.

Rebasada la primera etapa de muerte súbita del torneo, y con las emociones más agitadas que un coctel veraniego, en este punto el disfrute resulta como mínimo, imposible de medir. A partir de ahora toca apretarse el cinturón, porque la montaña rusa va cuesta arriba.

Muchas son las historias que se quedarán en nuestro «disco duro» luego de ser testigos de los pasados octavos de final. Hemos visto cómo algunos disfrutan de los fuegos artificiales que vienen con la victoria, mientras los «caídos» se refugian en el llanto, y con la mirada fija al cielo intentan consolarse luego de haber fracasado en su viaje hacia el trofeo.

Cómo olvidar las caras de los franceses, que exultantes celebraron su contundente victoria frente a Argentina. Con Mbappé como gran héroe, esta versión de Les Bleus logró finalmente deslumbrar en una edición que hasta ahora solo los había visto mostrar algunos destellos de su fantasía. Del otro lado, aunque la albiceleste cayó de forma más honorable de lo que muchos esperaban, puede haber sido también el adiós final de Lionel Messi a sus sueños de emular a aquellas generaciones de «Kempes» y «Diegos».

Otro grande que definitivamente dio por concluidas sus aventuras en citas del orbe fue el español Andrés Iniesta, un jugador de esos que marcan una época. Al Don Andrés no lo podremos olvidar jamás, no solo por sus derroches de talento, sino por su deportividad e inmenso sacrificio. Ícono de una generación, el genio de Fuentealbilla y los suyos quedaron en el camino frente a una Rusia llena de sueños, en donde se combinan las piernas frescas de Golovin y Cheryshev con las curtidas rodillas de Akinfeev, Zhirkov y Samedov.

Algo parecido sucedió en el choque entre ingleses y colombianos. Allí fue también la tanda del espacio para definir el destino de dos conjuntos maravillosos, marcados por ese espíritu indómito que raras veces se repite sobre las canchas mundialistas. De un lado, Kane siguió demostrando que más allá del contexto local, puede ser figura con los Tres Leones. Por la parte cafetera, Mina, Quintero y Davinson Sánchez colocaron más de un reflector sobre sí mismos, tras completar actuaciones notables.

Igual que en la famosa serie japonesa conocida en hispanoamérica como Super Campeones, los Samuráis Azules sorprendieron al mundo con su juego asociativo y la magia de nuevas figuras como Inui y Osako. No obstante, no les bastó para superar a un plantel belga que, susto aparte, logró probar que sus aspiraciones en tierra rusa son mucho más que serias.

Brasil, Croacia y Uruguay fueron los otros que completaron el octágono rumbo a la final de Moscú. Los de Tite vencieron a una tropa azteca que por enésima vez se queda en esta etapa, y de paso ajustaron un poco más su mecánica de cara a próximas batallas.

Si por un lado la verdeamarelha se presenta como el gran favorito, tras las despedidas de germanos e ibéricos, los celestes también llegan pisando fuerte, como siempre incombustibles en ataque y titánicos en defensa. Por último los del uniforme a cuadros se presentan como los favoritos de muchos que confían en la sorpresa de un nuevo campeón.

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