Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Un Mundialito antes del Mundial

Emociones, jugadas electrizantes, escudos… Eso y más fue un torneo de fútbol disputado en Bayamo, que puede servir de ejemplo a otros territorios

Autor:

Osviel Castro Medel

BAYAMO, Granma.— La lucha es durísima en el centro del campo. Un jugador se tuerce el tobillo, pero conserva la pelota en medio del mar de piernas que le cierran el paso. Luego sufre una entrada dura, pero mantiene el balón pegado a los pies. Finalmente, a tres cuartos de cancha, suelta un pase mágico que deja a su compañero solo frente a un defensa y al portero.

El otro chuta y la pelota se incrusta en la red con un sonido seco. Entonces sobreviene el delirio: la cancha vibra, tiembla, los brazos se levantan sin orden ni concierto, y desde el público alguien grita un nombre que tal vez nadie va a recordar mañana.

La escena se vivió en un «Mundialito», que tuvo lugar en Bayamo, donde el fútbol se ha convertido en algo más que una pasión. Ocurrió en la cancha del combinado deportivo Jesús Menéndez, durante la final de la sexta Copa Inter Barrios.

Allí no hubo un reflector de los que iluminan los estadios de lujo, pero sí había un deseo colectivo de defender la camiseta como si se jugara el torneo más grande del universo.

Más de tres meses de goles

La Sexta Copa Interbarrios de fútbol, en Bayamo, se jugó con mucha intensidad. Fotos: Ibrahín Sánchez

El certamen arrancó en febrero y fue creciendo solo, sin generar aspavientos. Más de 400 jugadores, repartidos en 19 equipos, se disputaron la Copa durante más de tres meses, en partidos que a veces se decidían por un gol de aquellos que dejan la huella en la memoria.

Cada conjunto tuvo su escudo y los árbitros siempre lucieron impecablemente uniformados, aspectos que le dieron nivel a la lid. Además, un sitio digital siguió cada jornada, con estadísticas, calendario, noticias y más.

Uno de los que propició el éxito de la Copa fue Yoandri Jorge Vázquez, exfutbolista de Los Incasables de Granma, después técnico, y en esta Copa, organizador, árbitro y hombre-orquesta.

«No solo buscamos competir. Estas competencias ayudan a que muchos jóvenes se reinserten a la sociedad y hagan el bien. Bayamo siempre fue plaza fuerte, pero había decaído. Ahora estamos rescatando ese nivel de antes», dice Jorge a Juventud Rebelde.

La final fue muy intensa. Larguero Bayamo y Luz del Mundo se enfrentaron, con congas animando todo el tiempo a futbolistas de uno y otro bando. En ese partido conclusivo brilló por los ganadores Ruslan Batista, un jugador de 43 años, nacido en Media Luna (devenido bayamés) y muy conocido por la afición futbolística de toda Cuba.

Ruslan Batista dispara y logra uno de los goles de la final. 

Él es nada menos que el quinto máximo goleador histórico del balompié cubano, con 116 anotaciones en campeonatos nacionales. Vistió muchas veces el uniforme de las cuatro letras y ha dejado una historia de más de 20 años en las canchas.

«He disfrutado esta experiencia y el triunfo», expresa mientras le entregan el trofeo de MVP de la final. «Se lo dedico a mi familia y especialmente a mi hija», comenta.

En los primeros torneos, Ruslan oficiaba como árbitro y ayudaba en la organización; pero los jugadores de Larguero lo convencieron para que fuera su delantero estelar. Y terminó perforando redes, cargado en los hombros de sus compañeros.

Ahora los campeones y el resto de los jugadores de los barrios bayameses se tomarán un descanso activo. Pero luego de la Copa Mundial —que inicia este jueves en México, Estados Unidos y Canadá—, volverán al terreno como si se jugaran la vida en cada jugada. Ellos saben que el fútbol de barrio no le pide permiso a nadie para crecer y emocionar.

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