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Una cita balompédica bajo estrés térmico

Tanto como los patrocinios millonarios, las audiencias continentales y las hazañas deportivas han acaparado titulares las altas temperaturas y las condiciones climáticas a las que están expuestos los participantes de la Copa Mundial de Fútbol 2026

Autor:

Amado René Del Pino Estenoz

Cuando la Federación de Internacional Fútbol Asociación (FIFA) designó una decena de ciudades estadounidenses como anfitrionas de los 64 de los 104 partidos mundialistas en 2026, sin dudas el máximo ente balompédico quería reeditar lo que representó el Mundial Estados Unidos 1994 en términos de explosión del marketing de los productos deportivos, de la venta de tickets en los estadios y de las ganancias asociadas a los derechos televisivos.

Lo que no tuvo en cuenta la FIFA a la hora de designar la sede mundialista son las altas temperaturas a las que se someterían tanto los futbolistas como los aficionados presentes en las instalaciones deportivas, durante los horarios de mayor exigencia térmica, para no desaprovechar la audiencia televisiva, fundamentalmente la europea. Presentada a los ojos de la opinión pública planetaria como una «organización sin fines de lucro», la FIFA no ha escatimado esfuerzos para volver cada vez más rentable su evento vedette cuatrienal, aun a costa de vulnerar la integridad física de los practicantes del balompié.

Según evidencias aportadas por la iniciativa World Weather Attribution, durante los partidos celebrados en el Mundial de 2026 los niveles de estrés térmico asociados a las altas temperaturas y la humedad, duplicarán a aquellos que se disputaron en la edición de la Copa del Mundo de 1994. Esta exposición nociva a los rigores de la etapa estival en el hemisferio norte, ha sido una tendencia acentuada en las últimas décadas, difícil de disociar al cambio climático acelerado por el desarrollo industrial, demográfico y automotor de la especie humana que, paradójicamente, los clima-escépticos tratan de desestimar, como es tendencia en la actual Administración estadounidense.

Tanto la World Weather Attribution, funcionarios internacionales de renombre, entre ellos el secretario ejecutivo de la Convención de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, Simon Stiell, han esgrimido sus alertas para prevenir los riesgos de permanecer en las instalaciones mundialistas, basadas en el índice Wet Bulb Globe Temperature (WBGT). Según los parámetros considerados por el WBGT que incluyen la temperatura, la humedad, la exposición a los rayos solares y la dirección del viento, en determinados contextos con registros superiores a los 28 grados Celsius, puede ser perjudicial la práctica de cualquier disciplina deportiva.

El peligro latente que, durante la Copa del Mundo 2026, se llegaran a producir en Norteamérica tanto bruscos movimientos atmosféricos como cambios de temperaturas en las masas de aire, llegó a oídos del máximo ente futbolístico a través de FIFPRO, el sindicato mundial de practicantes del balompié. Además de las 72 horas reglamentarias de descanso después de la disputa de un partido, FIFPRO reconoció la pertinencia durante el torneo mundialista de ciertos cambios implementados en el mundo del fútbol como las pausas de hidratación durante los partidos, y el empleo de hasta cinco sustituciones por parte de los directores técnicos.

Eso sí, la FIFA permaneció impertérrita con relación a los cambios de horarios de los partidos, con el presunto argumento de que la cita mundial se disputaría en instalaciones climatizadas y con techos retráctiles; lo que se ajustaba de manera parcial a la realidad planetaria,ya que solamente de la decena de sedes mundialistas, los estadios de Los Angeles, Dallas, Houston, Kansas City y Miami disponían de esa tecnología. También los organizadores de la Copa del Mundo previeron una pausa de media hora ante las amenazas de tormenta en un radio de 13 kilómetros, eventos ya registrados en el Mundial de Clubes de la FIFA 2025 que se disputó el pasado verano en suelo estadounidense.

Significativamente, cuatro de las sedes mundialistas —Los Angeles, San Francisco, Seattle y Vancouver— se encuentran en la costa oeste de Norteamérica, región altamente golpeada por los mega incendios estivales. La ciencia climatológica ha demostrado que los efectos del fuego pueden propagarse a cientos de kilómetros del epicentro de las llamas e, incluso, pueden tener efectos duraderos en la calidad del aire de las referidas ciudades. No menos alarmante es el peligro potencial en determinados estados del Medio Oeste como Texas, que están expuestos a la mayor parte del año a lluvias torrenciales e inundaciones, otra de las evidencias ineludibles de la letalidad del cambio climático para la supervivencia humana.

En efecto, para las venideras semanas los Servicios Meteorológicos Estadounidenses (SNW) prevén un incremento de las temperaturas entre 40 y 46 grados Celsius, lo que corresponde a la fecha de celebración del aniversario 250mo. de la independencia estadounidense y la fase eliminatoria del Mundial de Fútbol que se extenderá hasta el 18 de julio. De acuerdo con la previsión de SNW, al menos 142 millones de personas estarán expuestas a las alertas de canícula, incluyendo en las grandes urbes norteamericanas como Nueva York y Washington.

Sin lugar a dudas, más allá de los registros goleadores de Leonel Messi o del desempeño de estrellas internacionales como Haland, Mbappé y Cristiano Ronaldo, el Mundial 2026 nos legará «récords» no precisamente halagüeños para la familia balompédica y la comunidad planetaria.

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