Lionel Messi firmó un mundial 2026 absolutamente fabuloso a sus 40 años de edad. Autor: ESPN Publicado: 24/07/2026 | 06:31 pm
Era su último baile, su última danza, su último concierto. Y para cerrarlo por todo lo alto decidió escribir la canción más hermosa del mundo para un solista.
Podía haber sido un flamenco español, o una samba del gigante sudamericano, o una ranchera azteca. Pudo haber sido una pieza de rock and roll britanico o una versión acústica de la marsellesa. Pero no. Un pequeño gigante, cerca de volverse un señor de las cuatro décadas, se encargó de que fuera un tango.
Un tango que empezó a escribirse con tres toques sutiles ante los ojos de zorros argelinos. Tres compases, tres empujes, tres ráfagas de ritmo, tres golazos para comenzar a componer una obra de récord. Tres acordes que servían para igualar el récord más anhelado por cualquier jugador que haya disputado un mundial de fútbol: el récord de ser el máximo goleador de la historia de las Copas del Mundo. Era sólo el presagio de una obra de crecimiento heroico.
La segunda estrofa de la composición tomó toques de epicidad, poesía y romanticismo. Austria era la víctima. Y el día, marcado con asterisco en el calendario, el mismo en el que Diego Armando Maradona, 40 años atrás, había devuelto las Malvinas a casa con 2 goles para la historia. Ahora, otra vez en Norteamérica, otra vez bajo el mediodía, otro dios de pantalones cortos traía la gloria, la victoria, los tres puntos y la certeza de que con una pulga en la cancha ningún canino está a salvo.
La tercera estrofa llegaba combinada entre compases de debutantes, provocando un melisma de sensaciones que comenzó a infartar corazones albicelestes. De la exhibición ante Jordania a la épica contra Cabo Verde, poniendo también su colaboración en el cuento de hadas más bonito que ojos humanos amantes del fútbol hayan visto. Goles y asistencias adornaban el pentagrama, y hacían que la canción más hermosa del mundo llegara poco a poco a su estribillo.
Cuando el autor empezaba a tararear el estribillo llegaron las curvas de la preocupación, las curvas de las hazañas en la otra orilla. Los faraones querían imponer su ritmo oriental, pero en un arranque por tanguerias y orgullo patrio Argentina sacó el extra y en un abrir y cerrar de ojos declaró 3 días de luto en tierras de ríos caudalosos. Y pocos días después, otra vez con sufrimiento, tocarían el piano de la superioridad numérica ante el intento de engaño de un delantero rival.
Y en eso llegamos al clímax, al momento culminante de la obra maestra. Delante otra vez los ingleses, con su te y su prepotencia, sus Beatles, Oasis y Rolling Stones. Y por 60 minutos el autor de la obra que hoy nos atañe buscó y buscó en éxitos del pasado, en números uno de la lista de Billboard, en premios Grammy y otros demonios para, al final, darse cuenta de que la mejor armonía estaba en el meñique de su pie izquierdo, el último dedo de ese pie considerado por muchos como la octava maravilla del mundo moderno. Aunque, por si fuera poco, en su derecho también tenía esta vez un toque de magia oscura lista para enloquecer a un país. Dos asistencias, dos acordes más a una melodía que rozaba la perfección.
El cierre fue cargado de nostalgia, de melancolía, de pesadumbre y lágrimas por lo que pudo ser y no fue. En su último verso no pudo sonar el tango porque la guitarra flamenca contagió el espectro sonoro. Pero ya la cancion estaba escrita, y ya el éxito del verano estaba sonando en todas las emisoras. Lo había vuelto a hacer. Ante los ojos incrédulos, ante los detractores y haters, Lionel Messi había acabado de escribir, cantar y bailar el mejor último tango que hayamos visto en nuestras vidas.
Las calles no lo olvidarán. Las televisiones repondrán una y otra vez sus grandes composiciones. Los amantes del buen gusto se lo contarán a sus hijos, a sus nietos, a los que crezcan con otras pulgas y otros bichos persiguiendo récords. Recordarán sus discos de oro, sus discos de platino, sus éxitos no comerciales. Recordarán sus looks y sus highlits. Y recordarán que, en el verano de 2026, un casi cuarentón rosarino bailó en tierra de barras y estrellas el mejor último tango.
