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Idailí-Ana Carla: las chicas que ilusionan a Cuba

En busca de la perfección que requiere la natación artística, van las cubanas Idailí Díaz Amador y Ana Carla González Morales, dos jóvenes exponentes de este deporte que harán soñar a un país en la modalidad de dueto femenino en la capital quisqueyana hoy, en la rutina técnica, y mañana, 7 de agosto, en la rutina libre

Autor:

Ariel Niévares Luis

Si de algo requiere la natación artística es de comunicación bajo el agua, talento, sincronización, habilidad y pasión. En busca de esa perfección van Idailí Díaz Amador y Ana Carla González Morales, dos jóvenes exponentes de este deporte que harán soñar a un país en la modalidad de dueto femenino en la capital quisqueyana hoy, en la rutina técnica, y mañana, 7 de agosto, en la rutina libre.

Estas muchachas se conocían hace más de tres meses, sin embargo, nunca habían trabajado como dueto en la piscina. A Idailí, matancera desde la cuna, y Ana Carla, oriunda de Ciego de Ávila, solo las separan dos años de edad y ahora conforman una pareja inseparable dentro y fuera del agua. Aunque, Idailí, de 18 años, asume el liderazgo con naturalidad, consciente del rol y la responsabilidad que emana, pero con la sensatez de quien llevara una eternidad en el deporte.

¿Y la presión de ser la más experimentada de las dos?, pregunto a Idailí al respecto.

«Te diría que la siento a veces, pero he aprendido a controlarla porque si me pongo en esa situación, ¿de qué forma puedo ayudarla a ella que apenas comienza en este mundo? Estoy bastante tranquila», me dice con su tono de voz pausado y madurez en sus palabras.

La matancera Idailí Díaz Amador tuvo una experiencia competitiva en el dueto femenino en los Juegos Panamericanos Júnior de Asunción 2025. Foto: Ariel Niévares Luis

Santo Domingo constituye su primer reto internacional como pareja, y eso, de por sí, reviste un valor aún más especial en semejante escenario competitivo. No obstante, ambas lo enfrentan con entusiasmo y compromiso, y la matancera tiene bien claro qué le recomienda a quien se ha convertido en una hermana menor:

«Que disfrute al máximo la competencia, que la viva y la sienta. Que no se preocupe por los nervios porque a todos nos ataca su poquito, y que aquí estoy para lo que necesite en cualquier momento», afirma con seguridad, mientras, a su lado, Ana Carla, un poco más tímida, asiente con una sonrisa cómplice y de agradecimiento, y casi al instante, regresan al agua para la práctica de las transiciones.

Concentración, aprendizaje, entrega y trabajo son las palabras que definen sus entrenamientos. Terminan su rutina en la piscina y se sientan en la orilla. Escuchan atentas cada una de las correcciones de su entrenadora Kenia Fons Cabrera. Luego, observan minuciosamente la presentación de sus compañeros del dúo mixto. Siempre una al lado de la otra. Inseparables. Revisan las fotos que les tomaron haciendo las transiciones. Se hablan bajito y se alertan de algo.

«Conocí a Ida en el equipo nacional y fue con la primera persona que hablé cuando llegué. Nos llevamos muy bien desde el principio. Nunca hemos tenido ningún problema. Ella es muy sincera, y si necesita decirte algo, lo hace. Es una buena persona», cuenta Ana Carla, quien se suelta a conversar cómodamente cuando se trata de su compañera.

Solo con interactuar con ellas en confianza, se nota la química y complicidad en su relación dentro y fuera de la alberca, una conexión crucial para su disciplina deportiva. Idailí también reconoce que su relación es bastante buena y sana, aunque el trabajo como dúo comenzó en torno a los Juegos Centroamericanos y del Caribe, hace aproximadamente tres meses. Pero las dos, sin ponerse de acuerdo, coinciden en la decisión sobre cuál es la mayor fortaleza del dueto femenino: la comunicación.

«Nos entendemos perfectamente. Todo el tiempo estamos juntas. En el equipo somos una familia. No se mira a nadie por encima del hombro. El día que me equivoco, ella me lo dice, y si es al revés, igual. Así fluye nuestra relación», explica la jovencita matancera de Pueblo Nuevo como un elemento fundamental para el éxito.

Primeros pasos del trayecto

Estas dos prometedoras atletas que hoy une la pasión por la natación artística y el sueño de conquistar grandes escenarios como pareja femenina del combinado nacional cubano, tuvieron caminos y motivaciones bien distintas en sus comienzos en este deporte tan apasionante.

Desde que cursaba el primer grado en una escuela primaria de Ciego de Ávila, Ana Carla casi vivía en una piscina. Recuerda y relata que practicaba natación en ese entonces, pero la captaron para la prueba de nado sincronizado (hoy conocido como natación artística), superó las pruebas y no lo dejó más: «Es un deporte muy bonito y lleva baile. Eso me enganchó», asegura a sus 16 años.

La historia de Idailí posee tintes de superación personal y no se cuenta sin la existencia de su madre. «Fue bastante complicado porque era una niña que le tenía terror al agua», confiesa quien hoy pasa parte de su día a día en ella y encuentra en una piscina su lugar de realización y de máximo placer.

Aquella niña de apenas nueve años desafió sus propios miedos en Pueblo Nuevo: «Entré en quinto grado. Fui la última que aprendí a nadar de la matrícula de ese curso, dos meses antes de la competencia», resalta. Pero si algo tuvo claro desde el primer momento fueron sus motivos para continuar: «El artistaje (le sale del alma a la primera, a la vez que suelta una carcajada), y, sobre todo, imitar a mi mamá. Ella practicó el deporte y el hecho de saber que haría lo mismo, me hizo seguir».

-¿Y cómo rompiste ese miedo al agua? 

-Primero, gracias a mi mamá, que me dio el apoyo y la seguridad. Después a las entrenadoras, que tuvieron la paciencia, y fueron, poquito a poco, en un proceso más lento conmigo. Me fui sintiendo más tranquila hasta que llegó el momento que lo superé. Luego le cogí la vuelta (sonríe) y he logrado todo lo que me he propuesto.

Santo Domingo: un capítulo para enmarcar

A lo largo de los años, las provincias de Matanzas y Ciego de Ávila han dado a Cuba centenares de glorias deportivas, pero también son las tierras de Ana Carla e Idailí, aquellas chicas que bailancon técnica, sincronización y gracia en una piscina, con la enorme responsabilidad de representar a Cuba y a sus terruños natales en estos Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo 2026.

Tanto Ana Carla como Idailí explican que la preparación se volvió muy complicada por los prolongados apagones, que no solo dificultaron el adecuado descanso que requiere el deporte de alto rendimiento, sino las condiciones de los entrenamientos de una disciplina que necesita de un equipo de música para la práctica de las rutinas o la sincronización de los elementos y movimientos con la melodía.

La sincronización constituye un elemento fundamental de la natación artística. Foto: Ariel Niévares Luis

Sin embargo, los obstáculos que constituyen esas carencias nunca fueron barreras que les impidieran soñar en grande. Ellas son conscientes de que Santo Domingo es un punto de partida para su trayectoria como dueto femenino. Así lo asegura Ana Carla: «Llevo tres años en el equipo nacional. Llego con el propósito de mejorar en la técnica y la concentración, y fortalecer el trabajo en dúo. La profe y mis compañeros siempre han estado para mí y me dicen que disfrute».

Idailí, quien disputó esta modalidad en los Juegos Panamericanos Júnior de Asunción 2025 y debutará en citas centrocaribeñas, espera hacer un buen papel en la competencia. Su experiencia en la capital paraguaya ha traído sus frutos: «Me ha aportado mucho para aprender a darme más ánimo, entregar el máximo y sobreponerme a estas condiciones tan complicadas para un atleta de alto rendimiento».

Pero sus carreras deportivas apenas dan sus primeras brazadas. Con 16 y 18 años encuentran un mundo por delante y no ponen límites a sus metas en el futuro. Ana Carla desea ser una deportista profesional, conocida y viajar a muchos eventos y lugares, en tanto, Idailí, quiere potenciar su rendimiento al máximo, convertirse en una atleta reconocida internacionalmente y seguir progresando y creciendo con su dúo.

Hoy miles de seguidores cubanos de la natación artística esperan y se ilusionan con un renacimiento de este deporte, y depositan sus expectativas en nombres como los de Idailí Díaz Amador y Ana Carla González Morales; mientras ellas, por ahora, regresan al agua, se transforman en las dueñas de la piscina, dicen adiós a los nervios y dan la bienvenida al arte, el baile y la sincronización.

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