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Más allá de la muerte

Este 13 de agosto se cumplen 66 años del asesinato de los Hermanos Saíz Montes de Oca. La promoción  de su obra y pensamiento entre la juventud sigue siendo una deuda de la Asociación que lleva sus nombres

Autor:

Dorelys Canivell Canal

«En el pueblo de San Juan y Martínez fueron muertos, al repeler una agresión hecha por la fuerza pública, dos sujetos, que resultaron ser vecinos de aquel lugar». Así, con esta fría y escueta nota se reconocía en un parte oficial lo que sería uno de los asesinatos más sangrientos de la tiranía batistiana: el de los hermanos Sergio y Luis Saíz Montes de Oca.

Las fuerzas conspirativas del Movimiento 26 de Julio habían llegado también hasta Vueltabajo. Sus ideas calaron hondo en el pensamiento de dos jóvenes educados bajo preceptos martianos y cuya formación les permitió, a su corta edad, dejar un legado sociopolítico que trasciende las fronteras de su tiempo para arraigarse en este.

«No se puede constreñir el pensamiento de ambos a los documentos de carácter político. Toda su obra literaria está permeada de profundas reflexiones y motivaciones sociales», asegura el profesor e investigador, Maestro de Juventudes Luis Alberto Figueroa Pagés, en su libro Sobre la vida que surge.

La casa, ubicada en el centro del pueblo, desde hacía mucho era centro de reuniones. Luis y Sergio mantenían una vida muy activa, preocupados siempre por los males de la sociedad, por el futuro de Cuba y su papel en él.

Repartían propaganda, participaban en marchas. Iban hasta La Habana y regresaban. Era una lucha abierta y en el pueblo se sabía.

La noche del 13 de agosto de 1957 Luis dijo a su madre, Esther Montes de Oca, que un día iba a estar orgullosa de ellos. ¡Como si no lo estuviera ya!

«Hoy es el cumpleaños de Fidel y lo vamos a celebrar con bastante ruido», dijeron a la madre. «Después me enteré de que iban a poner un petardo en un lugar del pueblo que, sin producir daños personales, hiciera el ruido que querían», diría ella en su testimonio.

Sergio está frente a la taquilla del Cine Martha. Un esbirro quiere registrarlo sin otras explicaciones y él se niega. En el forcejeo lo lleva hasta la acera. Luis, que está cerca, corre hasta allí reclamando que lo suelte y sobre él lanza un disparo de muerte directo al corazón. «¡Asesino, has matado a mi hermano! ¡Hazlo conmigo también!», gritaba Sergio. Y otro disparo atravesó sus pulmones.

La multitud desesperada corría por las calles sanjuaneras. Eran queridos los muchachos allí. «¡Mataron a los hijos del juez!», se escuchaba decir.

Luis, el padre, en vano había salido del hogar tras ellos. En medio del caos llega Esther a la Casa de Socorro. La vida de sus hijos había sido truncada. «Su único delito —diría Luis Saíz Delgado (padre), en carta dirigida al director del Vocero Occidental— era el de ser jóvenes y estudiantes, y actuar de acuerdo con las doctrinas martianas de hablar y pensar sin hipocresía».

Hijos de su tiempo

La Casa Museo Hermanos Saíz conserva entre las camas personales de los hermanos un busto de José Martí. Allí lo tenían en vida. De su literatura se nutrieron desde la infancia, en lecturas que los padres supieron encauzar.

Cuestiones como la raza, la independencia, y el derecho a la educación fueron constantes en sus debates y análisis. También influyó el Apóstol en los artistas que fueron.

Dueños de una poesía exquisita y de textos en prosa con fines políticos y sociales de muy buena factura, Sergio y Luis entroncan una generación que no puede desligarse, tampoco, de las luchas de Fidel y los asaltantes al Moncada.

Habían ayudado a divulgar La Historia me absolverá, documento cuyos temas coinciden en proyectos de reformas y de Constitución que escribiera Sergio y que incluyen, por ejemplo, los preceptos de la Política Agraria y la Política Educacional.

Para Luis Alberto Figueroa Pagés también es evidente la coincidencia de pensamiento con Fidel: «Luis escribe ¿Por qué luchamos...?, considerado el testamento político de los Hermanos Saíz (aunque aparece firmado solo por Luis, se asegura que en su elaboración intervinieron ambos, a partir de testimonios de quienes lo conocieron durante su confección), tiene un basamento muy bien fundamentado en el atestado de Fidel La Historia me absolverá», precisa el investigador.

«Luis se refirió al mundo en el que estaba viviendo, gracias a sus condiciones de pensador. Era un hombre de pensamiento muy profundo. Y lo hizo sustentado en las acciones de Fidel, en lo que había hecho hasta ese momento. Incluso su aspiración era llegar a la Sierra».

Asevera el profesor que en el texto se encuentran otros asuntos, más allá de lo que pudo decir el líder de la Revolución en su alegato: «Fidel siempre defendió a Cuba; su objetivo era sacar al país de aquella dictadura sanguinaria, y Luis pensó a Cuba después del triunfo, incluso por sectores.

«Fidel pensó en la libertad de Cuba y Luis en que había que llevarla hacia un mundo más libre. Incluso, imaginó la República Socialista, habló de Socialismo».

«La Revolución, por su contenido martiano y socialista, es enemiga de toda clase de yugo a los valores éticos del individuo y condena cualquier tipo de régimen político donde no se respete el derecho a pensar con libertad. Por eso, no puede aceptar ningún tipo de imperialismo, palabra que desde los más remotos tiempos es sinónimo de opresión de hombres por hombres (...)», aparece plasmado en el testamento político de los Hermanos Saíz.

En correspondencia con ello, señala el investigador que hay, indiscutiblemente, una concordancia en sus ideas, y es necesario leer y estudiar ambos textos, que tienen unos cuatro años de diferencia en su elaboración, para entenderlo.

Pero estos jóvenes pinareños no solo tienen puntos de convergencia con Fidel y Martí. Son una suerte de síntesis del pensamiento de otros grandes del ideario libertario de Cuba, como Mella, Villena, José Antonio Echevarría y tantísimos jóvenes de esa época fecunda.

El amor a flor de piel

No se puede hablar de Luis y Sergio sin aludir a sus textos desde el punto de vista literario. Incluso, los de contenido político están escritos de forma correcta, elegante.

Yasel Toledo Garnache, periodista, escritor y vicepresidente nacional de la Asociación Hermanos Saíz, apunta sobre su obra: «La poesía de aquellos muchachos, apasionados del arte y la cultura en general, tiene innegables valores literarios. Hay en sus versos amor, romance, incluidos algunos tal vez para muchachas que los hacían suspirar».

Destaca que los cuentos de Luis muestran su capacidad narrativa y la preocupación constante por los problemas de su época. Alcanzan, además, una madurez literaria, con mayor voluntad de atrevimiento y experimentación en cuanto a las formas, según precisa Eldys Baratute en el prólogo de Los antepasados.

Luis y Sergio eran jóvenes de su tiempo y de todos los tiempos. Supieron, sin proponérselo, trascender los límites que impone la muerte y quedarse allí, en el umbral infinito del recuerdo y la memoria.

 

Fuente: Libros Juventudes, Cuerpos que yacen dormidos y Sobre la vida que surge, de Luis Alberto Figueroa Pagés.

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