Fidel y Kcho bromearon en la academia de artes plásticas de Manzanillo. Autor: Tomada de Cubarte Publicado: 14/04/2026 | 10:37 pm
Fueron tres días agitados, imposibles de describir en estos párrafos. Vimos a Fidel de cerca, sin moldes, humano.
Lo vimos la tarde del jueves 28 de marzo en la academia de artes plásticas de Manzanillo caminando entre los muchachos, que lo observaban con detenimiento. Estaba contento, no solo por la manera de sonreír, sino también por las bromas que usó con Alexis Leyva (Kacho).
En un momento, el artista lo conminó a hacer un dibujo y él, disfrutando, trazó una figura. Era rudimentaria, casi infantil, tenue. Luego supimos que aquella «obra» reflejaba o intentaba reflejar al propio Kacho.
Bromearon distendidamente hasta que comenzó el acto de apertura de la institución, nombrada Carlos Enríquez. Nacía así el programa de escuelas de artes plásticas en todo el país.
Vimos en esa felicidad no disimulada, en sus gestos -lejanos de discursos y solemnidades-, que aquel hombre también sabía estar así, suelto, a la mano, sin la pesada carga de la historia sobre los hombros.
Después, en la noche, Fidel quedó más que sorprendido. Estaba en la plaza Celia Sánchez Manduley, pronunciando el discurso de inauguración del programa del Curso de Superación Integral para Jóvenes, cuando reparó en el silencio total de la multitud. Seguramente se impresionó por la disciplina que habían mantenido los muchachos y dijo que al ver escenas como aquella llegaba a la conclusión de que algunos sueños de antaño se estaban realizando.
Al día siguiente Fidel estuvo en El Puntico, un lugar rural, a unos ocho kilómetros de Campechuela, donde inauguró otro programa: el de salas de televisión en zonas no electrificadas. Entonces, al salir y compartir con algunos de los asistentes, nos llamó la atención su manera de hablar, pausada, en voz baja. A veces teníamos que aguzar el oído al máximo para poder escucharlo. También observamos su estatura, que sobrepasaba las de casi todos los presentes.
Por la tarde-noche se fue a Saturnino, una comunidad del municipio de Pilón para inaugurar el programa de la enseñanza de la computación en las escuelas primarias.
Uno de los hechos divertidos de la jornada fue el de dos pequeños que, en la escuela primaria Enma Rosa Chuy, discutían abiertamente frente a la computadora porque ambos querían jugar con la máquina.
El Comandante en Jefe, entonces, les dijo que llegaran a un acuerdo, que compartieran a partes iguales el tiempo frente al equipo. A la sazón, los niños dejaron la riña verbal.

Hasta las lejanas aulas del centro Enma Rosa Chuy llegó Fidel para inaugurar el programa de la enseñanza de computación en escuelas primarias. Foto: Luis Carlos Palacios
En la mañana posterior, la del 30 de marzo, en la Tribuna de Buey Arriba, también se le vio feliz, relajado, aunque su discurso fue solemne y profundo. Dijo, entre otras cosas, que en esos tres días, con los cuatro programas inaugurados, a la Patria le acababan de nacer cuatro gigantescos árboles.
Esa noche, en el aeropuerto de Manzanillo, habló con varios periodistas de la provincia, que lo habíamos estado esperando casi desde el mediodía. Se le notaba el cansancio en el rostro, pero respondió cada pregunta con amabilidad. Recuerdo perfectamente que Pedro Vera, de la emisora local Radio Granma, era de los que más hablaba, lo que hizo expresar al líder histórico de la Revolución: «El grandazo canoso sí que pregunta».
Al final alguien le solicitó que todos los periodistas posáramos junto a él para algunas fotos y accedió gustoso. Ese gesto marcó la despedida. Habíamos visto durante tres días a un Fidel terrenal, habíamos visto los detalles, lo que no sale en titulares, lo pequeño. Y eso, quizá, fue también parte de lo grande.
