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Nacidos bajo el mismo signo, mi mamá y Raúl

Desde enero de 1987 me desempeñaba como corresponsal de Prensa Latina en Perú. Había venido de vacaciones y el lunes siguiente regresaría a Lima. Al rato Raúl se acercó a dónde me encontraba, junto a mi mujer, mi hijo —que ya tenía 17 años— y mi mamá, que había venido de Camagüey para compartir con nosotros mis últimos días en La Habana

Autor:

Leonel Nodal

 

Nunca reparamos en ese detalle curioso, hasta aquel 25 de julio de 1988, cuando por pura casualidad coincidimos en una modesta celebración familiar, entre amigos. Ya estábamos listos para nuestra cena esperando el 26, una costumbre que adoptamos con genuina alegría, como si fuera otra «Nochebuena».

Después del triunfo de la Revolución, aquella fecha se convirtió en celebración de victoria de los ideales de un puñado de jóvenes que sacrificó sus vidas por la libertad y felicidad de nuestro pueblo.

Alguien pasó la voz: Raúl viene. Tocaron la puerta, que estaba abierta, y allí estaba, sonriente, vestido de civil. Todo de blanco. Cómo uno más. Mientras saludaba a los presentes, caminó hacia la cocina de dónde salía el inconfundible olor a cerdo asado y arroz con frijoles. Levantó la tapa, lo probó y con la cuchara en la mano, preguntó: «¿quién hizo el congrí?» Mi esposa, que estaba a mi lado, levantó la mano… «Está muy bueno, exclamó Raúl. Sírvanme que voy a comer». Una exclamación general de alegría, restableció el ambiente de fiesta familiar.

Pensamos que estaría, a lo sumo, unos minutos. En ese momento no podía imaginar los momentos únicos, inolvidables que vivimos en las siguientes horas en compañía de nuestro querido Raúl. Desde enero de 1987 me desempeñaba como corresponsal de Prensa Latina en Perú. Había venido de vacaciones y el lunes siguiente regresaría a Lima.

Al rato Raúl se acercó a dónde me encontraba, junto a mi mujer, mi hijo —que ya tenía 17 años— y mi mamá, que había venido de Camagüey para compartir con nosotros mis últimos días en La Habana.

Mi madre se emocionó mucho cuando Raúl la saludó, y más aún cuando le dijo «pero usted está muy joven». Y ella, tan campechana como era, le dijo: pues acabo de cumplir 67 años hace un mes, el 3 de junio. «No me diga, exclamó Raúl, ese día nací yo también». Y a seguidas llamó a uno de sus acompañantes, que traía una cámara, y le dijo a mi mamá, «a ver, vamos a hacernos una foto de recuerdo, por el cumpleaños». Y se acomodó a su lado en la misma butaca.

Unos días más tarde nos envió la fotografía, para que la hiciéramos llegar a mi madre. Durante años, hasta su fallecimiento en 2017, la guardó con mucho celo entre sus cosas. Hoy cumpliría 105 años.

Con el paso del tiempo supe, y pude comprobar, por lo menos una similitud dictada por su signo común: esa atención personal a todos los de su familia, el desvelo por los enfermos y necesitados de cuidados. Así era mi madre. Así lo describen quienes lo conocen y han trabajado a sus órdenes. Nuestro Raúl, rebelde, firme, atento, decidido, inclaudicable, leal, campechano y modesto… ¡como lo bautizó su madre!

¡Muchas Felicidades, Raúl!

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