Fidel Autor: Ares Publicado: 12/08/2026 | 11:21 am
La primera línea del concepto de Revolución que el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz legó para las generaciones de rebeldes cubanos, no es una casual ubicación de ideas, o un orden sobre la base de una redacción épica o grandilocuente: decir que Revolución es tener sentido del momento histórico es el llamado a valorar con la mayor precisión posible cada momento y, desde una perspectiva revolucionaria y humanista, tomar las mejores decisiones para los pueblos. Como buen martiano, marxista y leninista, Fidel sabe apreciar, interpretar las circunstancias con sus factores objetivos y subjetivos, sin perder el horizonte que significa conquistar toda la justicia.
Y es que la vida de Fidel estuvo marcada por diversas coyunturas históricas, y solo una persona que pudiera hacer una evaluación justa del momento histórico podía tomar las mejores decisiones para llevar adelante sus ideas. Fue así cuando ya desde el 16 de agosto de 1952, en su artículo Recuento crítico del PPC, publicado en el periódico clandestino El Acusador, bajo el seudónimo de Alejandro, rápidamente identifica que el momento es revolucionario y no político. Y desde entonces se da a la tarea de la organización de aquel naciente Movimiento para una acción armada, pues la dictadura de Fulgencio Batista implantada con el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, no sería derrotada nunca por la vía de las elecciones. Los hechos demostraron que tuvo razón.
El mismo sentido del momento histórico que tuvo cuando el día 5 de junio de 1958, en plena ofensiva de verano de la tiranía sobre el Primer Frente José Martí en la Sierra Maestra, le escribe a Celia Sánchez Manduley que se daba cuenta de que su destino verdadero sería luchar contra «los americanos», refiriéndose no al pueblo, sino al imperialismo que enviaba bombas al ejército de Batista para aniquilar a los rebeldes y a la población campesina. Fidel ya tenía idea del peligro de Estados Unidos sobre Cuba.
Por eso, el día que vio los cohetes que tiraron en la casa del campesino colaborador de los rebeldes Mario Sariol comprendió que aquella sería una guerra mucho más larga, que el enfrentamiento con el imperialismo y sus ansias de poseer a Cuba sería un hecho
mientras la Mayor de las Antillas defendiera a toda costa su soberanía.
Los hechos, una vez más, demostraron que tenía razón; como mismo lo demostraron luego del 8 de enero de 1959, cuando en Columbia (hoy Ciudad Libertad) les habló a los habaneros y a toda Cuba tras entrar victoriosos a la capital, y dijo: «No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil».
Cuando sobre el mundo pendía el peligro de la guerra nuclear, en octubre de 1962, Fidel puso a la nación en pie de guerra —y fuimos felices en la trinchera porque era por la Patria— y defendió cinco puntos medulares que lo hicieron brillar altísimo, como le escribiera el Che en su carta de despedida. Era la valoración de lo que representaba para Cuba defender su derecho a salvaguardarse, y a poner en ese preciso momento sobre la mesa los temas que laceraban nuestra soberanía, son resultado del análisis de las circunstancias.
La década del 70, que abría con el reto de tener una zafra de diez millones, sin precedentes en nuestra historia, no dejó el sabor dulce que se esperaba, pues no se llegó a cumplir la meta; sin embargo, fue una zafra grande, impulsada por la dirección de la Revolución y con todo el pueblo que se movilizó junto a sus dirigentes a abanicar sus mochas en el corte de caña. Fue una década en la cual, en medio de complejidades culturales, acercamiento mayor al campo socialista, el proceso de institucionalización de la Revolución y el Congreso del Partido Comunista de Cuba, Fidel también apreció la complejidad del contexto y sorteó, como buen timonel, los fríos «nortes» que sobre «la llave del Golfo» se ensañaban.
En los años 80 supo impulsar un proceso de rectificación de errores y tendencias negativas en nuestro país, y en 1989 supo apreciar la situación que se vivía en Europa del Este, al punto de preparar al país para lo que nadie pensó que ocurriese: la caída del campo socialista y la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Cuando comenzó el período especial, en medio de muchas dificultades económicas, Fidel estuvo más cerca del pueblo que nunca, porque sabía que era en esos momentos cuando se decidía todo.
Entonces, se le veía apenas sin dormir, inmerso en Cuba y con las botas gastadísimas caminando todo el país. Por eso, el 5 de agosto de 1994 supo que su lugar era allí, con la gente que estaba en las calles, en disturbios por la difícil situación económica debido al recrudecimiento del bloqueo, la caída del campo socialista y la constante provocación del enemigo. Sin embargo, contrario al nombre que el enemigo acuña a esos sucesos dado el sitio donde ocurrieron, para nosotros los revolucionarios aquello fue un fidelazo, por la forma en que el Comandante en Jefe demostró su liderazgo y la fuerza de estar siempre del lado del pueblo.
No es posible entender el concepto de Revolución —pronunciado comenzando el siglo XXI— sin la integración de cada una de las ideas que plantea, porque junto a ese análisis acertado de las circunstancias, Fidel pudo llevar la Revolución adelante gracias a que hizo los cambios necesarios, pero por encima de todo defendiendo la igualdad y la justicia social; impulsando nuestros propios esfuerzos; desafiando fuerzas de todo tipo, y con una serie de cualidades y principios defendidos al precio de cualquier sacrificio.
En el año 2003 planteó en un acto en la Plaza que jamás un pueblo tuvo cosas tan sagradas que defender, ni convicciones tan profundas por las cuales luchar. ¿Pura retórica? No: es sentido del momento histórico.
Por esa fecha también, el 14 de mayo de 2004, en la Tribuna Antimperialista, leyó, ante una masa que inundaba la avenida del Malecón, su Proclama de un adversario al Gobierno de Estados Unidos. La amenaza del mandatario George W. Bush de invadir Cuba era permanente y ese día, como buen gladiador, Fidel encaró al Presidente estadounidense: «Solo lamento que no podría siquiera verle la cara, porque en ese caso usted estaría a miles de kilómetros de distancia, y yo estaré en la primera línea para morir combatiendo en defensa de mi Patria. En nombre del pueblo de Cuba. Fidel Castro Ruz».
Es por ello que su último discurso público, el 19 de abril de 2016, en el 7mo. Congreso del Partido Comunista de Cuba, es un ejemplo de su comprensión del momento histórico de nuestro país, del papel de la militancia comunista de los cubanos y de la fe en el triunfo de la Revolución por complejas que fuesen las circunstancias. «Emprenderemos la marcha y perfeccionaremos lo que debamos perfeccionar, con lealtad meridiana y la fuerza unida, como Martí, Maceo y Gómez, en marcha indetenible», aseguró.
El estudio del pensamiento de Fidel, el joven que sigue dando guerra contra nuestros más pérfidos adversarios de fuera y de dentro, es un reto impostergable para las presentes y futuras generaciones. Si queremos ser genuinos continuadores de la rebeldía histórica de este pueblo y de la Generación del Centenario de Martí que encabezó Fidel, y de la necesidad de tener al Comandante más presente en nuestro actuar cotidiano, será preciso que tengamos sentido del momento histórico que vivimos hoy; y, como mismo aquellos jóvenes del Moncada salvaron al Apóstol, nosotros también desde nuestro propio Moncada, mantengamos vivo a Fidel en el año de su centenario… y para siempre.
(*) Fragmentos de la introducción del tomo 1 de la Colección Revolución, de la editorial Ocean Sur, que argumenta en diez tomos las ideas esenciales del concepto pronunciado por Fidel.
