Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Una noche para la eternidad con los Rolling Stones

La segunda película de la guionista y directora cubana Patricia Ramos compite en la categoría de largometrajes de ficción de la importante cita cinematográfica latinoamericana

Autor:

Sergio Félix González Murguía

La Habana, 2016. Son los días previos a un acontecimiento que, hoy sabemos, es inolvidable. Rita, como cualquier persona, busca la felicidad, el punto de giro, un cambio que le aporte plenitud. Afronta la crisis de los 40 y emprende la búsqueda de un nuevo amor. Esta es la historia que la guionista y directora cubana, Patricia Ramos, entretejió con otras vivencias en Una noche con los Rolling Stones.

Se trata del segundo filme escrito y dirigido por la cineasta que ahora participa en el concurso de largometrajes de ficción del 44to. Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. La creadora vuelve a presentar su obra en las mismas pantallas que vieron su ópera prima, El techo (2016).

No imaginó Patricia Ramos, mientras rodaba esa primera película, que aquellas jornadas le servirían de inspiración para su siguiente producción cinematográfica. Eran los días de los Rolling, de Rápido y Furioso, la visita de Obama a la Mayor de las Antillas: días singulares y poco habituales, de un movimiento diferente en la cotidianidad. Y ahí estaba esta creadora que se define como una guionista siempre en alerta y atenta a cada detalle que la rodea, porque todo vale para construir historias que merezcan la pena ser contadas.

Ahora estamos en el lobby del cine Yara. Es domingo, al mediodía, y mientras acontece la segunda proyección de Una noche… durante el Festival, Patricia Ramos conversa con Juventud Rebelde —secunda nuestra charla, la banda sonora original de la cinta, compuesta por Juan Antonio Leyva y Magda Rosa Galbán— sobre esos detalles que la hicieron sacar de un acontecimiento único en nuestros días los valores para contar una historia que va de la búsqueda del amor y cuestiones más allá de ese anhelo.

—¿De dónde parte la necesidad de escribir y contar esta historia?

—Uno tiene la necesidad de contar muchas historias. El caso es poder filmarlas. Yo quería hacer una historia de amor y de pronto eso fue mutando. Al final se convierte en la historia de una mujer en su desvarío sentimental, en su incertidumbre. También me gustaba mucho vincular una cosa tan sencilla y cotidiana con un contexto tan especial como fue 2016 en el momento en que los Rolling Stones vienen a Cuba y el resto de acontecimientos de ese año.

«Había un clima en el país que era completamente diferente. Entonces me gustó mucho la idea de trabajar esa combinación de lo común y el evento más grande. Es una historia de amor por uno mismo y de darse cuenta de que cuando uno empieza a quererse un poquito más, quizá las cosas pueden fluir un poco mejor».

—¿Cómo ese momento único termina siendo un hilo conductor para su película?

—Días antes de que empezáramos el rodaje de El Techo pasó lo de The Rolling Stones y, por supuesto, fuimos al concierto. Fui con los músicos de esta película, que también compusieron la banda sonora de mi ópera prima, Juan Antonio Leyva y Magda Rosa Galbán, y para nosotros fue algo emocionante aquello. Me dio ataque de llanto y todo.

«Era una cosa que uno no esperaba y eso se sentía en el ambiente: era vibrante, diferente, alegre y muy especial. En ese momento no imaginé que iba a hacer una película con esa emoción, porque estaba filmando otra, estaba pensando en El Techo, pero la vida da vueltas y uno nutre sus historias de lo que vive, de lo que siente, lo que sienten otros, de lo que uno quiere decir y de esa mezcolanza vamos haciendo algo que necesita ser contado».

—La protagonista, Rita, trabaja en una inmobiliaria y se dedica a visitar casas para su compra y venta. Así nos va mostrando otras realidades, más allá de la suya ¿Cómo fue el proceso de investigación para dar con semejante diversidad?

—Resulta que mucho tiempo antes de escribir el guion quería cambiar de casa y las conversaciones telefónicas con las personas, en ese intento por encontrar una casa, eran, a veces, tan simpáticas como conmovedoras. Como uno es guionista antes que director, va detectando qué merece contarse. Esa idea era para conectar un poco a la protagonista con la realidad y con los diferentes ambientes que coexisten en La Habana. Ella recorre la ciudad a través de las casas y la necesidad de la gente de moverse, de cambiar de vida.

«Cuando lo escribía no pensé en un referente cinematográfico como Se permuta (Juan Carlos Tabío, 1983), por ejemplo, aunque después de ver aquella película, podría decir que es un referente, de algún modo, pero con un tono completamente diferente».

—¿Cómo fue el trabajo con Lola Amores, la actriz principal?

—Lola fue maravillosa. Cuando escribí la película pensé en ella, pero demoré tanto en llegar a filmar que pensé que debía hacer un casting. Me gusta hacer casting para mis películas de ficción. Entonces llamé a Lola y cuando audicionó, lo tuve claro: Lola era Rita.

«Fue un casting muy contundente y me permitió recuperar la certeza, basada en mi intuición inicial. Considero que Lola es una de las más grandes actrices de su generación, poseedora de una sensibilidad y de una tesitura dramática maravillosa que le permite hacer lo que quiera —La mujer salvaje (Alan González, 2023) es un ejemplo de ello— y permite que el trabajo con ella sea muy fácil. Fue un rodaje muy bueno».

—¿Se sufre más produciendo la primera o la segunda película?

—Se sufren todas porque uno tiene la ilusión de contar una historia, pero está en unos contextos siempre difíciles y cada película tiene sus complejidades. El techo fue una película muy chiquita, independiente, pero también tuvo muchas cosas buenas. Si no hubiera hecho esa película, creo que no hubiera podido hacer esta. Todo suma y uno debería poder practicar y filmar un poco más. Puedo tener muchos guiones, pero, lamentablemente, no tengo la certeza de cuándo voy a hacer una próxima película, entonces eso es algo que te va haciendo mella, pero lo único que lo contrarresta es el vicio que da hacer cine.

—¿Qué será lo próximo en su carrera?

—Tengo varias historias, varios guiones ya finalizados. Vamos a ver… Son historias en el mismo tono de Una noche con los Rolling Stones, entre comedia y drama: no lo puedo evitar. Estoy trabajando en una que va de un actor que no es muy conocido, ni famoso, y vive una serie de contratiempos simpáticos y amargos al mismo tiempo.

—De momento, disfrutamos de Una noche con los Rolling Stones ¿Tiene un tema favorito de la banda británica?

—Hay muchos, sería difícil decidirme. La película finaliza con Out of control, una canción que se negoció con la propia banda. Si están en la película es porque tenemos los derechos para ello. Eso fue un proceso largo de negociación y ellos fueron muy generosos porque nos dieron los derechos para poder usar un minuto de la canción. Ellos también nos dieron el permiso para poder utilizar algún fragmento del concierto en La Habana y poder utilizar el nombre del grupo en el título de la película. Estoy muy agradecida a ellos porque fueron muy generosos con nosotros. Ahora, como en aquel concierto, solo queda disfrutar de la película.

 

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