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«El Centro Promotor del Humor ha marcado el camino a seguir»

Magda González Grau, reconocida realizadora y escritora cubana, reflexiona acerca de la importancia del humor en la vida del cubano de todos los tiempos y el papel que ha jugado la fundación de una institución rectora del trabajo de nuestros humoristas

Autor:

Jorge Alberto Piñero (JAPE)

—¿Qué opinión te merece la comedia cubana, desde tiempos remotos, hasta la constitución del Centro Promotor del Humor?

—El humor para mí es un elemento fundamental de la identidad del cubano. Más allá del tema del choteo que, sin duda, Jorge Mañach indagó de una manera profunda, yo diría que el cubano ha tenido siempre al humor como una parte importante de su vida. Hasta en los momentos más críticos, incluso trágicos, el cubano no pierde el sentido del humor; por tanto, constituye una parte esencial de su vida, su historia y su identidad.

«Si hiciéramos un resumen a groso modo desde la etapa colonial, vemos que el humor ha estado presente como protagonista de nuestra sociedad. A partir del teatro bufo, como principal exponente de nuestra identidad, se sucedieron varias etapas con diferentes matices, pero todas de gran fuerza social. Antes del triunfo de la Revolución, había grandes cultores del género. Basta con recordar que Rita Montaner y Alejandro Lugo tenían un programa de radio, Mejor que me calle, de corte humorístico, vinculado al tema político. En la gráfica sucede lo mismo, cuando vemos la obra de Abela y René de la Nuez, que hacían sátira social con un alto nivel artístico. Después del 1ro. de enero de 19159, tenemos una etapa en la que se destacan los libretos de Núñez Rodríguez; obras como Pato Macho y Llévame a la pelota, escritas por el dramaturgo Ignacio Gutiérrez, e importantes obras escritas y dirigidas por Héctor Quintero. Algunas constituían espectáculos musicales, pero, la base dramatúrgica era el humor, o sea, la comedia.

«En los años 80, llega el Conjunto Nacional de Espectáculos, en el que Alejandro García (Virulo), jugó un papel muy importante. Nunca voy a olvidar aquella sátira de La esclava contra el árabe, a partir de dos telenovelas que fueron transmitidas, por diferentes canales, al mismo tiempo, en evidente competencia por la teleaudiencia;  ambas encontraron gran aceptación y debates en la población. No solo este espectáculo, hubo muchas propuestas de muy alta calidad y, sobre todo de un humor inteligente, que, aunque siempre existió, en aquel momento tenía un sedimento diferente, porque quienes hacían humor, mayormente, eran graduados de estudios universitarios. De las universidades, comienzan a surgir grupos como Salamanca, entre otros muchos. Jóvenes que eran letrados, pero con un sentido del humor extraordinario y una forma de hacer que se alejaba de lo chabacano, del astracán, de las cosas más burdas… Empezaron a buscar ese humor que sale del lenguaje, del retruécano, del equívoco… que a mí, personalmente, es el que más me atrae.

«De todo este boom, sale la idea de hacer el Centro Promotor del humor y ese fue el apoyo, desde una institución, a un movimiento artístico que se venía produciendo de manera espontánea. El Centro ha tenido una labor extraordinaria, y creo, firmemente, que eso se ha logrado porque siempre ha estado dirigido por creadores. Comenzando por Osvaldo Doimeadiós, que es un excelente actor y un intelectual, con un pensamiento sedimentado, y un poder reflexivo sobre los fenómenos sociales como puede ser el humor. Él plantó las bases, los cimientos del Centro. Después vino Iván Camejo y ahora está Kike Quiñones… siempre ha sido un creador, un creador inteligente. Esto ha fortalecido al humor cubano y lo ha contrapuesto, ante variantes del humor burdo y chabacano que siempre van a existir, y que ojalá desaparecieran por su propio peso. Desde el Centro Promotor del Humor, se defiende una estrategia, una manera de hacer que yo creo que debe ser el camino a seguir desde el punto de vista cultural».

(Fragmento de la entrevista realizada a Magda González en 2014, para el proyecto de la serie audiovisual Vivir y morir de la risa).

Magda, una de las principales realizadoras del audiovisual cubano contemporáneo

MAGDA GONZÁLEZ GRAU: directora de cine y televisión cubana. Es especialmente conocida por la película ¿Por qué lloran mis amigas? (2017) y por dirigir series de televisión como Calendario (2022-2024). En sus trabajos destaca la mirada sobre la realidad de las mujeres cubanas y los conflictos de adolescentes y jóvenes.

Nació en La Habana en 1956. Su madre, Ángela Grau Imperatori era maestra, escritora, periodista y directora de la revista Cuba en el Ballet. Creadora de patronatos relacionados con el arte, trasladó a su hija Magda sus conocimientos y sensibilidad en la música, el teatro, el cine, la literatura, las artes plásticas y también la contagió de su vocación de enseñar, según ha explicado González Grau en diferentes entrevistas. Fue por ello que dedicó a su madre la serie de televisión Calendario. Su padre, Fabio González Ferragut, era contador público, economista y cinéfilo.

Magda es graduada de Licenciada en Literatura y Lingüística Hispanoamericana por la Facultad de Filología de la Universidad de La Habana. Intentó dedicarse a dar clases de español y literatura, pero no obtuvo plaza como profesora en la facultad. Luego de un curso de doblaje y subtitulaje, empezó a trabajar en Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), en 1980.

A partir de entonces, la vida de Magda González estuvo muy ligada al audiovisual en todas sus expresiones. Con la musicóloga Gloria Torres, viajó a la Isla de la Juventud para una investigación sobre el ritmo Sucu sucu, que dio lugar al documental Querido y viejo amigo (1990), con el que ganó varios premios, entre ellos, su primer premio internacional, en el Festival Tan Tan Vídeo, de Italia. Después de un curso multidisciplinario en el Icaic, que integraba dramaturgia, dirección escénica, montaje, fotografía, sonido, producción e historia del cine, pasó a trabajar en la telenovela El año que viene, con el director Yaky Ortega, primero, como asistente de dirección, y después como directora, adquiriendo la experiencia del rodaje de series.

Posteriormente, se traslada a Colombia, donde trabajó en el canal estatal de televisión durante tres años. Regresa a Cuba y realiza su ópera prima en televisión, el cortometraje La Rueda de la fortuna, basado en el cuento de Onelio Jorge Cardoso; y más tarde, Clase magistral, una obra de teatro, basada en la vida de la soprano María Callas.

Durante algunos años de la primera década del 2000, asume la dirección de la División de dramatizados del Canal Cubavisión, realizando un trabajo loable y en el que, particularmente, rescató los espacios humorísticos de la televisión cubana, manteniendo un estrecho vínculo con los humoristas y el Centro Promotor del Humor. Asume también cargos directivos en la sección de Cine, Radio y Televisión de la Uneac, sin desvincularse de su trabajo como realizadora.

Fue distinguida, en 2017, con el Premio Caracol a la dirección de programas juveniles, por la revista televisiva Una Calle Mil Caminos. Como directora, que también escribe los guiones, se adentra en las problemáticas de adolescentes y jóvenes, temática que lleva a Calendario (2022-2024), junto al guionista Amílcar Salatti. La popularidad y aceptación de esta serie la ha llevado al rodaje de tres temporadas.

En el año 2017 rueda la película ¿Por qué lloran mis amigas?, con guion de la escritora Hannah Imbert Morell. La película es distinguida con un premio Caracol, en noviembre de 2018.

Han sido muchos los proyectos audiovisuales que llevan su indiscutible sello e innumerables los premios y distinciones obtenidos a lo largo de su carrera, que la distingue como una de las principales realizadoras del audiovisual cubano contemporáneo.

Además de su trabajo como directora, Magda González es profesora de la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación (FAMCA), y ha impartido cursos y talleres en Cuba y en el extranjero, en diferentes especialidades del audiovisual.

 

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