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Un camino de Mabay a Pensilvania

Vladimir Vargas Verdecia, el director técnico que, con su triunfo en el campeonato nacional, guió a los  Pequeños Alazanes de Bayamo a la Serie mundial de las Pequeñas Ligas de Béisbol, conversa con Juventud Rebelde

Autor:

Osviel Castro Medel

Williamsport, Estados Unidos—. Tiene un amor por el béisbol imposible de describir en estos párrafos. Se inició como entrenador en Mabay, un poblado a unos 15 kilómetros de Bayamo, al que debía viajar cada día «en lo que apareciera».

«Esa época fue muy bonita, aunque difícil, me pasé diez años por allá», cuenta a Juventud Rebelde Vladimir Vargas Verdecia, el director técnico que, con su triunfo en el campeonato nacional, guió a los  Pequeños Alazanes de Bayamo a la Serie mundial de las Pequeñas Ligas de Béisbol.

«No era fácil entrenar lejos de la casa, pero lo bueno es que les ganábamos a los combinados de Bayamo y eso me llenaba de orgullo», agrega este entrenador de 54 años de edad.

En sus más de tres décadas en los terrenos, Vargas ha sido profesor de Lázaro Blanco, Roel Santos, Carlos Benítez, Alberto Soto, Guillermo Avilés, entre otros que llegaron lejos. Y dice que ver a aquellos niños crecer resulta uno de sus mayores premios.

«Siempre digo que hay que seguir trabajando. Yo me pasé casi 20 años sin dirigir el equipo de Granma de la categoría 11-12, y eso que ganaba la provincial varias veces con Bayamo, pero no me desanimé, mira, aquí estoy», sentencia.

Él fue el mánager campeón nacional de las Pequeñas Ligas en 2020, en la primera edición de este certamen. Pero cuando preparaba a sus pupilos para un torneo en Puerto Rico —clasificatorio para la Serie mundial— se recrudeció la pandemia de la COVID-19 y todo quedó en el sueño de representar a Cuba.

Tres años después Vladimir está en Williamsport, una ciudad del estado de Pensilvania, para intentar dar una sorpresa en el torneo, al que Cuba asiste por primera vez. Sabe que no será fácil porque para este evento, surgido en 1947, las selecciones tienen calidad y se preparan a tope.

«El equipo está bien anímicamente, muy unido y ha entrenado duro, esas son fortalezas. Lamentablemente a última hora no pudo venir Fabián Montero, porque se enfermó. Fue una baja sensible, es un atleta excelente, nuestro segundo lanzador. A él le dedicaremos cada salida al terreno. Queremos ganar, pero si no se puede daremos un buen espectáculo.

«Iniciamos con Japón y si ganamos vamos contra México. Si salimos derrotados en los dos primeros juegos se nos acaba el campeonato y no queremos eso».

Vladimir reconoce que haber llegado a Pensilvania «no es una victoria individual». Los otros integrantes del cuerpo técnico, José Alberto Pérez y Raudel Benítez, además de varios
entrenadores que quedaron en Bayamo y profesionales de medicina deportiva, como Miguel Briñol, Evelio Pérez y Madelín González, han ayudo muchísimo. 

«Por otra parte, varios niños han sido formados por técnicos de los diferentes combinados de Bayamo, incluyendo algunos de la zona rural. Esos entrenadores tienen tremendo mérito. No puedo dejar de mencionar a los padres, sin ellos esto sería una misión imposible, porque aseguran prácticamente todo lo material».

Este hombre curtido por el sol se dibuja como un entrenador exigente, pero no como un ogro. «En estas categorías el que venga con mal carácter fracasa. Los niños son dóciles, pero a la vez rebeldes y el secreto está en conocerlos a fondo. Hay que tener mucha pedagogía y mucha sicología con ellos. Los míos me conocen y saben lo que significa una mirada o un gesto. En ocasiones tenemos que regañarlos fuerte, aunque sin ofenderlos jamás. Necesitamos escucharlos porque brindan ideas y sabemos cómo piensan. Los métodos de “cállate” no funcionan».

«Para mí es fundamental el comportamiento fuera del terreno. Si un pelotero no tiene disciplina social está fracasado. Les insisto a mis alumnos en que no hagan gestos feos en el terreno ni se traten de burlar del rival. De vez en cuando, al calor del juego, alguno se pasa en eso y lo llamo a lo cortico».

«Sí jugué, pero en los “placeres” de muchacho. Me iba para cualquier lugar, en cualquier transporte. No tuve calidad para llegar lejos», responde cuando JR le pregunta si practicó béisbol.

Y remata con los ojos llenos de brillo: «Pero no me arrepiento de haber sido entrenador, de haberme graduado de Licenciatura en Cultura Física. Adoro a mis niños, aunque a veces me vean demasiado serio. Ellos me impulsan en todo, incluyendo esta hermosa experiencia en Pensilvania. De verdad, los amo».

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