Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

«Divinas» narraciones de Pachy

Un conocido cronista deportivo cubano, con más de 45 años en la radio, contó a JR anécdotas desconocidas, algunas divertidas, otras sumamente emocionantes

Autor:

Osviel Castro Medel

BAYAMO, Granma.— En su adolescencia, cuando estudiaba en La Habana, Ángel Espinosa Rivero pasó días gravemente enfermo, al borde del peor desenlace. «Me dio meningitis, los dolores de cabeza eran tan fuertes que yo la chocaba contra la pared. Fue una enfermedad terrible», relata hoy este ser humano nacido el 22 de abril de 1952, dueño de incontables anécdotas.

Por suerte para la narración deportiva cubana, pudo salir ileso de aquella complicada situación, que mantuvo en vilo a sus familiares, y tiempo después entraría al fascinante mundo de describir jugadas, en el que ya lleva 46 años.

Antes, como soldado en el Servicio Militar, participó en contiendas azucareras, incluyendo la famosa zafra de 1970.  «Me querían dejar como dibujante en la unidad, porque se me daba bien el dibujo, pero las mejores amistades partieron a la zafra y quise irme también; cortamos caña desde la zona de Colón hasta Jatibonico. Terminé en 1972», rememora.

Al retornar a Bayamo fue ubicado como soldador en la planta 26 de Julio, una faena que, por gestiones de su padre, pronto cambió por la tornería. Luego se trasladó a la empresa Mario Martínez Arará, en la que trabajó como rectificador de bielas y cigüeñales. Después fue profesor de Educación Laboral hasta que empezó a incursionar de vez en cuando en la narración deportiva, de la que estuvo enamorado desde pequeño.

«Mi gran amigo, Vicky Montero, me decía que todas esas profesiones me daban cultura y bagaje, que me iban a servir para la vida, y así fue. Él me llevó al encuentro de la familia Catasús, que tenía un archivo inmenso de revistas Bohemia y Carteles, entonces empecé a leer a Jess Lozada, Rubén Rodríguez, Ray García, Cuco Conde, a Víctor Montero (el padre de Vicky) y otros grandes del periodismo deportivo», cuenta ahora.

Un buen día Víctor Corrales, quien a la postre sería periodista, le dijo que se preparara para sustituirlo en la narración y así se estrenó en la Serie Nacional, en 1978. Desde entonces ha tejido una larga historia, en la que no faltan episodios graciosos o inolvidables.

Muchos, dentro y fuera del país, lo asocian inmediatamente a Terencio Montero Pacheco, porque junto a él nacieron muchas leyendas, pero también ha narrado al lado de Víctor Corrales, Rafael Lapinel, Joaquín Borrero, Yunel Hernández y Roberto Carlos Rodríguez.

Pachy niega casi todos los cuentos que le adjudican junto a Terencio, como «Échale agua, que está muy fuerte», «Lo poncharon, como poncharon a Terencito en Matemática», «Recoge el litro de leche que se me quedó fuera del refrigerador» y otros. «Sí es verdad que él me dijo en una narración: “Síguela, Pachy, que se me perdió”. No fue un disparate, fue para describir la dimensión de un enorme jonrón. Terencio era muy medido, muy profesional, tenía una vasta cultura, empírica por demás, y no se prestaba para muchas de las cosas que le han inventado y lo hicieron famoso».

Va subiendo como la espuma, como la espuma que a usted le gusta y a mí también

De Boby Salamanca, maestro de la metáfora y el símil, aprendió mucho. «Para mí, después del bayamés Felo Ramírez, quien está en el Salón de la Fama de Cooperstown, no ha habido otro como él. A mí me encantaba por todos los recursos que usaba. Fue el mejor de Cuba, sin discusión. Tuve el privilegio de compartir y de tomar tragos con él. Le debo lo de ‘Pachy’ porque me dijo que eso de Ángel Espinosa no era artístico y así me quedé».

También tiene en lugares cimeros a Eddy Martín, Héctor Rodríguez y Julio César Bayard. Y, por supuesto, al profesor, académico y lingüista bayamés Víctor Montero (1920-2011), quien le corregía a menudo los errores.

«Cuando me equivoco es como si me dieran una puñalada. Nadie es infalible en esta profesión, a veces te engañan las neuronas», comenta.

Amante de usar epítetos para nombrar a los peloteros, reconoce con una sonrisa que en cierta ocasión tuvo problemas con el exreceptor Yunior Sanz, a quien apodó El Tractor de San Ramón, mote que no gustó al deportista. «En realidad, lo hice para tratar de ilustrar su fuerza, porque traía carreras, quizá él se dejó manipular por otros», expresa y suelta una carcajada.

Esa manera de nombrar a los demás ha pegado tanto que hasta los padres de los niños participantes en las Pequeñas Ligas le preguntan: ¿Y cómo me vas a bautizar a mi hijo?

Por cierto, muchos llaman a este cronista El Divino, un apelativo que surgió hace más de 30 años, pues cada vez que entraba a la emisora CMKX Radio Bayamo, lo hacía hablando de La Divina Comedia, escrita por Dante Alighieri. Entonces solía decirles «divinos» a sus compañeros de trabajo y eso originó que le pusieran tal epíteto.

¡Qué bárbaro, amigos. Los alazanes, con vergüenza y corazón, son campeones nacionales!

Pachy repite que ha vivido muchos momentos imborrables desde la cabina de transmisión, como los cuatro títulos de Granma en series nacionales (2017, 2018, 2021 y 2022), los 14 jits consecutivos de Ibrahín Fuentes (enero de 1989), los cuatro jonrones  en un juego de Leonel Moa en el estadio Mártires de Barbados (10 de diciembre de 1989), el único cero jit, cero carreras propinado a tres manos en la historia de nuestros clásicos (18 de febrero de 1979), cuyos autores fueron granmenses, o el no hit no run lanzado por Ernesto Guevara Ramos versus Industriales (8 de diciembre de 1992).

«Los campeonatos de Granma los llevo en el corazón, para mí han sido fabulosos. Yo quería ver un título y tuve la dicha de narrar cuatro. En el segundo yo creo que me subió la presión, porque aquel séptimo juego contra Las Tunas fue muy tenso, aunque los narradores debemos controlar las emociones», sentencia este hombre, que terminó graduándose como Licenciado en Español y Literatura.

¿Adónde vas, niño?

Siempre ocurrente, Pachy dice que «las cosas le salen espontáneamente» y de vez en cuando se alimenta de las expresiones de la calle o de las sugerencias de otros. Su frase: «¿Adónde vas, niño?», dicha para un bateador que se poncha, se ha propagado en numerosos aficionados a lo largo del país.

Al margen de sus sonrisas constantes, siente tristeza por no haber viajado al exterior —ni siquiera cuando ganaron los Alazanes— para narrar para toda Cuba. «Eso me entristece; sin embargo, no me quita el sueño, porque cuántos miles y miles jamás han salido; si eso fue lo que me tocó... lo asumo».

Ángel Espinosa es padre de cinco hijos (tres hembras y dos varones), amigo de la cerveza, la broma y de la conversación sobre el deporte. Por esto último, no resulta extraño verlo en la célebre peña Los Caminantes, a la que llegó como uno de sus primeros miembros.

A sus 72 años expone que mientras tenga visión y conocimientos, seguirá en la narración deportiva. «Caminar es lo que más me golpea, pero yo como Galileo Galilei: solo sé que se mueve. Y mientras me mueva, estoy viviendo (sonríe). Mucha gente me dice: “No te retires”, uno se retira cuando le toca. Mientras pueda, voy a seguir; esto es lo me que gusta».

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.