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La casi gran noche italiana

En una noche de contrastes y emociones el Atalanta remonta al Borussia Dormuntd para clasificar a la siguiente ronda de la UEFA Champions League, mientras la Juventus gana, pero no le alcanza para avanzar

Autor:

Ruben Darío García Caballero

Italia, un país con tanta historia con el balón en los pies como deudas en los tiempos recientes aun soltaba lágrimas por lo ocurrido el martes. Un Inter de Milán que por años había sido bandera de su liga local cayó ante una cenicienta noruega. Era el segundo itálico caído en combate, tras el bochornoso paso del Napoli. Poco a poco el calcio se quedaba sin representantes, pero los que quedaban con vida, poca, pero vida, estaban dispuestos a mantener el orgullo de todo un país.

Bérgamo no vivía una noche tan mágica desde la primavera del 2020, cuando la alegría de una goleada contra el Valencia se vio empañada por lo que vino después. La multitudinaria afición del pequeño club acompañó a su equipo más allá de sus fronteras, y a volver a casa no solo llegó incubando sueños, sino también un virus que cambiaría la vida para siempre. Fue el famoso «Partido cero», que aceleró el contagio de COVID-19 en Italia y España, y obligó a poner la vida en pausa durante un tiempo. La alegría fue eclipsada por la tristeza de la muerte, y una deuda quedaba  en el tintero, hasta un día

Un nefasto primer tiempo en el partido de ida parecía sentenciar al Atalanta. Dos goles del Borussia Dormuntd parecían sentenciar a los italianos, y condenarlos a otro fracaso para el futbol italiano. Solo les quedaba aferrarse al milagro de la remontada. Y en una noche mágica, de esas que ocurren demasiado poco, pero cargan consigo emociones como si se dieran todos los días, los negriazules devolvieron la alegría que un día un virus de nombre largo le robó.

Dos goles en 45 minutos revivieron la esperanza de la remontada. Y 12 minutos después otro tanto hacía realidad el sueño. Media hora separaba a una modesta ciudad del sueño de octavos de final. Pero cuando estaba cerca de hacerse realidad un casi adolescente Karim Adeyemi decidió darle algo de emoción al juego, y con un zurdazo de oro empatar las acciones. El tiempo extra sobrevolaba el cielo del  New Balance Arena, pero Bensebaini y su pie indiscreto tenían otro plan entre manos. Un pie alto en el área terminó en amenaza de juego peligroso, y con él una doble amarilla, una expulsión y un penal en la última jugada, para poner al Atalanta en los octavos de final, o estirar un poco más el letargo de Bérgamo. Samardzic desde el punto penal no falló, y con un misil a la escuadra decretó la fiesta, la locura y una celebración merecida en una ciudad que llevaba años a la espera. La diosa sacaba la cara por un país entero, aunque a la noche italiana aun le quedaban muchas emociones.

En la ciudad de Turín, en el propio país de la bota, una Juventus con el orgullo herido quería obrar el milagro. Una escandalosa goleada del Galatasaray turco ponía la eliminatoria cuesta arriba para la vechia signora. Parecía una misión imposible, pero viéndose en el espejo de su paisano de larga cabellera el sueño de la remontada no era tan imposible. Y cuando Locatelli rompió la red desde el punto penal las escenas de Bérgamo empezaban a invadir mentes juventinas. Escenas que parecían desaparecer con la expulsión de Lloyd Kelly empezando el segundo tiempo, pero que volvían a escena cuando en el setenta, con el sueño de la remontada, Gatti marcó el 2-0 y puso a todos a soñar despiertos. A un gol de la hazaña, de forzar la prórroga, de vivir una noche plácida par el futbol italiano.

Y en eso llegó Mckennie, y como si del sueño americano se tratase marcó en la recta final para forzar la prórroga. Delirio en el Allianz Stadium. Fiesta nacional en Italia. De la frustración al alivio. Parecía ser la noche ideal, pero al guión aun le faltaba un último giro de trama. Tiempo extra. Un equipo inspirado, y uno hundido. Pero lo mejor de estar en el frío sótano es que solo se puede salir de ahí flotando hacia arriba. Y así el tocado y hundido Galatasaray revivió de sus cenizas gracias a dos hombres franquicia. Primero Osimhen, y luego Yilmaz enterraron el sueño de la Juventus, que tanto nadó para finalmente morir en la orilla. Un final cuanto menos cruel para un plantel que nunca dejó de creer.

El fútbol italiano pasó en poco más de tres horas de quedarse sin representantes en la máxima competición de clubes europea a vivir el éxtasis de las remontadas, hasta sufrir con la frustración de las decepciones en el último minuto. El Atalanta queda como el último soldado de la Serie A, al tiempo que recordará por siempre la que pudo ser y no fue la gran noche del futbol italiano en la UEFA Champions League.

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