Lamine Yamal se prepara para firmar uno de los mejores goles de la jornada. Autor: Al Jazeera Publicado: 08/03/2026 | 02:37 pm
El terreno olía a pólvora, a empate, a juego que se atasca en la garganta. De esos juegos que no hay manera de invertir los resultados, porque las cosas van a terminar ocurriendo así. El Athletic de Bilbao, el proyecto ganador que no llegó a nada, parecía atragantarse en la garganta culé. Y en eso apareció un niño gigante, como un mago que cada día llega con un nuevo truco, para pintar un óleo sobre lienzo y asegurar tres nuevos puntos blaugranas.
San Mamés, vestido de morado por el 8-M, era una olla a presión desde antes del primer minuto. Apenas habían transcurrido veinte segundos cuando un despeje de Cancelo se estrelló en su propio larguero, como un primer aviso de que la noche iba a ser un calvario para el líder . El Athletic, herido por su reciente eliminación copera, mordía con la furia del león herido. Pero la mala fortuna se cebó con los locales cuando Unai Gómez, en un mal apoyo, dijo adiós entre lágrimas con una lesión de rodilla que heló la Catedral . El partido, entonces, se convirtió en un choque donde el Barça tenía el balón pero los vascos tenían el cuchillo entre los dientes, esperando el contragolpe como lobos en la niebla.
La primera mitad fue un espejismo de ocasiones. Selton tuvo el 1-0 en un mano a mano con Joan García, pero le faltó la determinación del asesino . En la otra orilla, Unai Simón respondía con los reflejos de un felino, mientras Ferran Torres, con un taconazo de esos que piden óleo, estuvo a punto de firmar el gol de la jornada justo antes del descanso . Era un partido de poder a poder. Y en el medio, un adolescente de piernas flacas observaba, aguardaba, como el lobo joven que estudia a la manada antes de dar el zarpazo.
En la reanudación, Hansi Flick movió ficha y metió a Pedri, el arquitecto, para poner orden en el caos . Pero el Athletic no se arrugaba. Sancet probó a Joan García en dos ocasiones, y la grada rugía mientras Cubarsí veía la amarilla por un derribo a Iñaki Williams que era tarjeta naranja. El Barça estaba contra las cuerdas. Flick, entonces, lanzó el resto de su artillería: Lewandowski, Raphinha y Fermín al ruedo . Y cuando el partido parecía abocado a un final de infarto, apareció la magia.
Fue en el minuto 68, cuando Pedri, con la visión de un águila, filtró un balón a la derecha del área. Allí, Lamine Yamal, el niño que no se arruga, controló, se acomodó y, con la izquierda de un artista, soltó un zurdazo que se coló por la escuadra como un suspiro . Imposible para Unai Simón. Golazo. Poesía en movimiento. El enésimo poema de un chaval que cada semana firma una obra de arte. San Mamés, que rugía, enmudeció por un instante, como si la Catedral se quedara sin voz ante tanta belleza. Ya son cuatro puntos de ventaja al frente de La Liga . El Athletic, que lo había dado todo, se quedó con la miel en los labios, pero con el honor intacto por haber mantenido al margen al flamante líder
